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Los cuentos de mi tierra

Un paseo por la bella isla Bonaire

  • Erika Paz

22 de octubre de 2017 05:01 AM

PARA COMPARTIR

La amabilidad de su gente caracteriza a este hermoso lugar.

Su cultura es muy alegre y llamativa para cualquier turista. 

Rincón es un pueblito que pareciera perdido en la llanura de Bonaire, pero es también un lugar que ayudará al turista a comprender el pasado de su gente. Ranchos de color ocre, caminos de tierra y mucho cactus son parte del paisaje que se puede ver en este punto del municipio holandés. El paseo que se realiza por sus espacios forma parte del recorrido que se hace en el Washington - Slagbai National Park  y se promociona como el asentamiento más antiguo de las Antillas. 

A RINCÓN HAY QUE CAMINARLO

Caminando dice María Koes que se conoce su comunidad. Ella es profesora jubilada, por lo que aquello de enseñar le viene como anillo al dedo. Desde hace veinte años se propuso  tratar de sacar al turista de sus hoteles e invitarlo a conocer algo más que el buceo a través de la historia de su pueblo. Ella organiza recorridos por las calles del caserío. Paseos que comienzan a pie por algunas de sus veredas, viendo casas. Así María habla de la arquitectura porque asegura esta cuenta del mestizaje que compone a su gente. "Fíjate que la mayoría de estas casas tienen chimeneas. Eso lo trajeron los holandeses" me dice. Explica de siete tipos de hogares y aprovecha para señalar los loros que hacen sus nidos en los árboles de quenepa que abundan en Rincón. 
María me cuenta sobre las diferencias culturales que los fueron unificando y sobre la vida de Rincón antes y ahora. "La zona que estamos caminando es lo que llamamos Plaza Comercio, allí hay un banco. Eso que tienes allá es el sector de los pocos conucos que nos quedan", cuenta esta mujer de tez  morena moviendo con sus manos la falda ancha de cuadros verdes y blancos que viste. Lo combina con una camisa también de cuadros y un sombrero amarillo que contrasta. Indica que este es el traje típico de su tierra. 

Aprovecha María el recorrido por los patios de las casas  para indicar que en época de lluvia aquí siembran maíz, sandía y melón "el gobierno está tratando de rescatar esta tradición de cosecha, porque ha pensado qué pasaría si los barcos no pudieran llegar, todo lo que consumimos viene de afuera, dependemos totalmente de otros". Culmina su tour en la casa que custodia Virginia, una vivienda antigua que asumieron como museo donde se exhiben muebles, instrumentos musicales y utensilios de cocina que, aseguran ellas, cuentan del pasado de su pueblo.  La casa tiene más de cien años y busca promover la cultura de Rincón y su historia. 

A RINCÓN HAY QUE PROBARLO

Para comer un buen plato de comida típica solo hay que ir a la casa de Melfina Mestrum-Emus, habitante de Rincón desde que se conoce. Está involucrada en esto de las artes culinarias desde hace trece años. En medio de su patio, bajo la sombra de tres grandes árboles y unos cuantos toldos instaló mesas y sillas, y en una pizarra anotó el menú. "Aquí servimos cabrito, eso es lo más típico de Bonaire". Lo acompaña con arroz, ensalada y plátano frito. La iguana es otra de las especialidades de su carta y uno de esos bocados que el turista no puede dejar de probar en su visita a la isla. Melfina lo prepara en estofado con papas y arroz. Esta es una carne que bien cocida se deshace en la boca. 

Por otra parte, para tomar un buen licor, la vivienda de Erik Gietman es el mejor lugar de Rincón para hacerlo. Su hogar y su centro de  trabajo lo construyó en una propiedad que pertenecía al único cine que había en la isla. Este holandés vino por primera vez a Bonaire en 1991 y confiesa haberse enamorado de todo cuanto lo rodeó, así que tiempo después decidió instalarse aquí con familia y todo. Sus conocimientos de ingeniería le sirvieron para desarrollar una pequeña empresa que se dedica a destilar el kadushi, una planta originaria de la zona. 

Ha creado entonces seis  tipos de licor que dedicó a cada isla de Las Antillas. El de kadushi y limón se lo ofreció a Bonaire, el de áloe y cerezas para Aruba. Tiene uno de guanábana dedicado a Curazao, guayaba a Statia, canela para Saba y finalmente una edición especial hecha con naranja para Holanda. También produce wiski, ron y vodka de la planta que trabaja artesanalmente. Erik confiesa que en este lugar encontró la paz que tanto buscaba, la calma que necesitaban sus años de madurez. 

A Rincón HAY QUE SENTIRLO

Y para eso, nada mejor que visitar el "Magazine Di Rei",  el segundo edificio más antiguo de la isla. Allí una fundación decidió mostrar al visitante una representación de lo que fue la vida en el siglo XVIII en Bonaire. Explican además sobre la vestimenta, tipos de comida y música de la época.  Isain Mercera es el guía de la casa. Él me conduce por la edificación principal explicándome que este edificio era la antigua casa de gobierno donde los esclavos traían sus provisiones. Isain me cuenta que lo que tratan de hacer es mostrar cómo  las tres culturas (holandesa, africana e indígena) se unieron en una para verse reflejadas en su fisonomía, costumbres y sus viviendas "Cas de Hadrey es el nombre que le damos a las viviendas que están conformadas por materiales de las tres nacionalidades que nos poblaron".

El baile es otro de esos elementos unificadores. Boy Janga es el encargado de enseñar sobre los ritmos de su gente. Zimadame es el nombre que le dan a la temporada de cosecha y el momento donde pueden vivir a través del baile. "Muchos de los instrumentos que utilizamos los hacemos con material reciclable. El matrimonial, por ejemplo, es una madera larga a la que le clavamos tapas de latas de conserva. Dos tallos de caña brava nos sirven para emitir sonidos y así, poco a poco va comenzando la fiesta". Desde este terreno se puede ver el pueblo, en un valle encerrado entre pequeñas colinas. Sus habitantes cuentan que fue establecido allí para protegerlo de las amenazas de los piratas. Hoy en día, esas montañas separan a Rincón de la fuente de ingresos de toda una isla  que es el turismo. Pareciera distante y solitario para tener que dedicarle un día de las vacaciones, pero la verdad es que encierra toda la cultura de una tierra que tiene mucho que contar, más allá de las profundidades de su mar. 

Erika Paz

@erikapazr

Fotos: Raymar Velásquez @raymarvelasquez

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