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Los cuentos de mi tierra

Guardatinajas entre mujeres en el estado Guárico

  • Erika Paz

06 de noviembre de 2017 12:40 PM

Actualizado el 06 de noviembre de 2017 12:54 PM

PARA COMPARTIR

La manera de continuar un legado para Ana Rodríguez es a través de sus catalinas.

Encontrar a estas mujeres no es fácil, porque ellas están guardadas en sus casas, entre los quehaceres y sus trabajos. 

Todas estas historias se pueden ver en Los Cuentos de mi Tierra, programa que se transmite cada domingo a las 11:00 am por Globovisión

En Guardatinajas hace calor, debe ser por eso que la pintura de sus casas ha perdido el color que alguna vez tuvo y las tejas de los techos parecieran lavadas por el sol que las calcina; quizás sea por ese sopor que no se ve mucha gente por sus calles polvorientas, sólo alrededor de su iglesia, en honor a Santa Bárbara, que casi siempre se encuentra a puertas cerradas y en su  la plaza central, cobijándose bajo sus árboles, contándose las historias del día. Dicen que de Guardatinajas se  sabe porque alguna vez el grande de la televisión venezolana, Renny Ottolina grabó un programa sobre las vivencias del llano en ese suelo, de este lugar se comenta además porque el cantante Dámaso Figueredo hizo de sus rincones coplas que enaltecieron esta tierra de indios guaiquires. También en Guardatinajas hay fuerza femenina, pero de esa no se conoce mucho, porque trabaja callada, pasa desapercibida. Son las mujeres que mueven el pueblo, mantienen sus tradiciones y hacen que la visita a este caserío del Estado Guárico cobre y otras dimensiones.

Porque para conocer esta tierra llanera hay que ir a casa de Ligia Pérez quien con orgullo advierte que está emparentada con Figueredo, y de la que uno se da cuenta a los minutos de hablar con ella que tiene la misma chispa que este incluía en sus canciones. Es que esa picardía sale de esta tierra y forma parte de la personalidad de su gente.

 Desde su casa Ligia atiende una licorería, vende hielo y ofrece plantas, pero su trabajo más preciado es la fabricación de piñatas, que hace con las taparas inmensas que arranca del árbol que tiene en su patio,  les abre un hueco para sacarles la pulpa que tiene adentro y cuando está seco el caparazón lo adorna con papeles de colores, les da forma de frutas, vegetales y animales, le da vida después de que esta ha muerto. Celestina Vegas igual pasa sus días entre colores, pero los de ella no son de papel sino de nylon. Un telar y una gran aguja son su compañía, eso y las gallinas que pasan de un lado a otro mientras teje sus alpargatas.

Cuenta esta valle pascuense que se ha “comido dos maridos” con los que conoció los dos pueblos donde ha vivido, el último la trajo a Guardatinajas hace 30 años para amañarse el resto de su vida. ¿De donde aprendió a hacer usted alpargatas?- se escucha la pregunta- “De mi propia inteligencia” contesta sonriendo. Dice Celestina que desde de los 5 años se apuró a ver como las tejían las mujeres de su familia y así a prendió a pasar entre los hilos las agujas. Este  trabajo y el conuco pusieron los alimentos sobre la mesa para sus hijos mientras crecían, y esa misma sabiduría con que teje la hace comprender que en la medida que ella ponga ese calzado dentro del pie del llanero, sus costumbres  serán preservadas.

La manera de continuar un legado para Ana Rodríguez es a través de sus catalinas, esas que rellena con topocho melado o guayaba en caramelo, depende de lo que se esté dando en la época del año que las haga. Dice que aprendió a preparar postres con su madre, que era la mejor panadera del  campo donde vivían, cuando esta ya no estuvo continuó ella con su trabajo y por eso su esposo le construyó un horno de piedra en el patio de su casa. Con sus hijas enciende las brasas en el horno y lo deja calentar mientras prepara la mezcla con harina, papelón y anís. Hacen discos que rellenan con el dulce, y en bandejas y con la ayuda de una vara los meten en ese pequeño infierno que lo que hace es cocinar ángeles. Así bendice Ana sus preparaciones porque esas se las consagra a Dios, le pide que la siga ayudando a criar muchachos y pagar escuelas, le ruega conseguir el producto para seguir ofreciendo en bolsitas trasparentes parte del sabor de Guardatinajas.

Cómo conocer a Fondo Guardatinajas

Encontrar a estas mujeres no es fácil, porque ellas están guardadas en sus casas, entre los quehaceres y sus trabajos. Conseguirlas fue tarea de otra fémina, que se ha dedicado con su trabajo a enaltecer las labores de la sabana para mostrarlas en sus travesías a los turistas que vengan a visitarlas. Con Sorelia Franco, se hacen estos paseos por la cultura popular y la vida cotidiana de Guardatinajas. Porque para ella conocer al conocer la vida de la gente que habita los pueblos, el destino quedará siempre grabado en la memoria.

Para irse de Travesía con Sorelia pueden reservar para la aventura a través de su correo soreliafranco@gmail.com

Erika Paz (@erikapazr)

Fotos: Raymar Velásquez(@raymarvelasquez)


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