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Claudia Tommasino Suárez

"Tenemos un desconocimiento abismal del pasado arqueológico"

Arqueóloga venezolana radicada en Londres, Claudia Tommasino Suárez se ha especializado en el estudio de restos óseos. Al debutar en la Antropología estuvo involucrada en la declaración de los Diablos Danzantes como Patrimonio de la Humanidad, convencida de que la cultura popular “es lo único que nos acerca a conocernos a nosotros mismos”

  • ANDRÉS CORREA GUATARASMA

09 de agosto de 2017 10:38 AM

Actualizado el 09 de agosto de 2017 11:28 AM

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“La gente sabe muy poco qué es la Antropología y qué rol puede llegar a jugar en este mundo tan convulsionado, donde la tolerancia hacia el otro y la interculturalidad es lo único que nos pueden salvar del odio”

“La Arqueología no se guía por grandes descubrimientos como la Historia. Lo que me enamora es el poder de la cotidianidad del pasado”

Nueva York.-  Desempolvar sus raíces indígenas en el estado Lara, rescatar un barco de Henrique VIII y excavar un puerto romano a orillas del Támesis junto a la Torre de Londres, “un sueño para cualquiera que ame la Arqueología”. Así, la carrera profesional de Claudia Tommasino Suárez (Caracas, 1981) ha estado llena de profundidades, literalmente.

“De la arqueología lo que me enamora es el poder de la cotidianidad del pasado”, resume desde Londres, donde ejerce la Osteoarqueología, disciplina que estudia los restos óseos humanos y animales procedentes de contextos arqueológicos, su maestría tras egresar como Antropóloga de la UCV en 2004, mención Cum Laude.

“Desde pequeña me llamó mucho la atención la Arqueología, una sub-disciplina de la Antropología. Una vez comencé la carrera, me enamoré de la Antropología. No sólo por las materias como tal, sino porque me abrió un mundo. Estudiar en la UCV ya te permite conocer gente de todas partes de Venezuela, diferentes estratos sociales y además con un pensamiento crítico que nunca había conocido. Todo ese abanico de gente nueva, de ideas nuevas, me reveló la belleza de la Antropología para entenderme a mí como venezolana de familia italiana y dónde encajaba en la sociedad; entender la importancia de conocer a los otros para entenderte a ti mismo. Suena muy trillado, pero así tal cual me sucedió”.

-¿Por qué no es una carrera tan popular a nivel mundial?
-Creo que hay muchos factores, sobretodo en Venezuela: por un lado los gestores públicos no se han enfocado en visiones antropológicas que busquen soluciones enraizadas en conocer al “otro”. Los antropólogos son vistos como los que buscan conocer lo exótico, cuando el “otro” está siempre justo al lado nuestro. El otro punto esencial de la Antropología, la cultura, es vista como algo poco lucrativo, sobretodo la cultura popular, cuando en realidad su comprensión es lo único que nos acerca a conocernos a nosotros mismos.

Como estudiante y luego recién graduada realizó excavaciones remotas en Sicarigua, estado Lara, y en Margarita, analizando los restos humanos extraídos de la Iglesia Santa Ana. Trabajó en el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) y en el Centro de la Diversidad Cultural,

“Conocí a gente muy valiosa y tuve la oportunidad de trabajar en proyectos de gran importancia: la declaración de los Diablos Danzantes del Corpus Christi como Patrimonio de la Humanidad y muchos otros proyectos que, desafortunadamente, nunca fueron implementados, pero que me permitieron conocer a fondo mi país. Pero sin duda, personalmente lo que más me llena de orgullo es mi tesis de grado, en la cual estudié dos asentamientos indígenas del estado Lara que me permitieron acercarme a mis raíces jirajaras" (tribu descendiente de los Caribe asentada en el noroeste venezolano).

 “En Venezuela tenemos un desconocimiento abismal de nuestro pasado arqueológico. La situación actual de sitios como Taima-Taima o el Centro histórico de Coro, por mencionar algunos, demuestra la ignorancia y la falta de gestión responsable de los gobiernos anteriores y presente. Ante todo esto, la gente en Venezuela y el mundo entero sabe muy poco qué es la Antropología y qué rol puede llegar a jugar en este mundo tan convulsionado, donde la tolerancia hacia el otro y la interculturalidad es lo único que nos pueden salvar del odio”.

En 2006 emigró a Irlanda para especializarse en la Universidad de Southampton, y luego City University de Londres. Su labor actual es en el sector privado, como entrenadora de campo para quienes se inician en la llamada “Antropología comercial”, muy común en Europa.

“Compañías con o sin fines de lucro se encargan de la excavación arqueológica y del análisis, en las grandes ciudades de países donde los restos arqueológicos deben ser, por ley, analizados y preservados. En este sentido, Reino Unido e Irlanda obligan a las constructoras a que costeen las excavaciones de los restos que estén presentes en el terreno que quieren intervenir. En Venezuela tal figura no está contemplada ya que el IPC es el órgano rector y encargado de llevar a cabo cualquier estudio arqueológico, y muchas veces sub-contratan arqueólogos para que lleven a cabo las excavaciones bajo su supervisión”.

También ha sido parte de la red internacional U40 de jóvenes comprometidos con la Convención 2005 de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, “que ha logrado promover la importancia de este instrumento para la preservación y el impulso del acervo cultural mundial”. Y ha colaborado en talleres “que enseñan a niños refugiados el proceso de la escritura de obras de teatro para lidiar con situaciones traumáticas. Un trabajo muy enriquecedor, con Border Crossings”.

-¿Cuál es el hallazgo arqueológico mundial que más le ha impactado?
-Lo que más me gusta de la Arqueología es que no se guía por grandes descubrimientos como la Historia. Lo que me enamora es el poder de la cotidianidad del pasado. En mis últimos años lo que más me ha impactado es el Mary Rose, el barco de Henrique VIII que se hundió y fue extraído y conservado. Tuve la oportunidad de trabajar de cerca con los objetos cotidianos que se usaban en el barco: no hay nada que te lleve más al pasado que ver el zapato de un niño que estaba a bordo; los dados con los que la tripulación jugaba para pasar el tiempo; los dedales con los que cosían sus camisas. Es la máquina del tiempo más increíble que he visto. Nada me ha conectado más con los pobladores del siglo XVI como esa experiencia.

“Y es increíble: lo primero que me preguntan al saber que soy venezolana es cómo llegué aquí y por qué me interesa la arqueología inglesa. Mi respuesta siempre es que aunque desearía estar en Venezuela, excavando mi pasado, todo pasado humano es también mío”.

acorrea@eluniversal.com

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