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Un unipersonal muestra a la mujer de una cárcel a otra

"Estupor y temblores" se llama el monólogo de Layla Metssitane (Francia)

Un unipersonal muestra a la mujer de una cárcel a otra

La obra se presentó el fin de semana con el apoyo de la Alianza Francesa y la Embajada de Francia (Cortesía)

03 de abril de 2012 12:07 PM

De un velo a otro. Layla Metssitane, actriz de origen marroquí, está en escena con su niqab, una indumentaria de color negro que sólo deja al descubierto los ojos de la mujer.

Del negro al blanco. Ante los ojos del público va coloreando su rostro como el de las geishas japonesas, aunque no hablará de estas, sino de mujeres condenadas a vivir en la muerte, o muertas en vida, que es lo mismo.

De una condena a otra. La protagonista, una belga de 22 años, cuenta su experiencia en una empresa japonesa fuertemente jerarquizada, como la sociedad misma. Allí odiará a Fubuki, su reprimida jefa, de quien luego sentirá compasión, al descubrirla más vejada que ella por parte de un jefe más déspota que su subordinada, avalado además por el sistema.

Estupor y temblores lleva por título el monólogo basado en el libro homónimo de Amélie Nothomb, una belga que revive parte de su experiencia en una empresa nipona.

El libro, que obtuvo el Gran Premio de la Academia Francesa, fue llevado también al cine por Alain Corneau en 2003. La adaptación a las tablas la hizo Layla Metssitane, quien trabajó en conjunto con la autora.

Metssitane ha dicho: "Al leer la novela, entendía a Fubuki, a los japoneses y a la empresa, podía ver los 'errores' culturales. Había un puente cultural entre Japón y Marruecos. Tenemos códigos comunes de sociedad. Y en otros aspectos, estaba del lado de Amélie y admiraba su determinación. Mi adaptación está sobre todo orientada hacia la relación entre esas dos mujeres de culturas distintas y de la relación hombre-mujer en el mundo empresarial".

El unipersonal inicia con una dura caracterización de la mujer en la sociedad japonesa: no es permitido el amor, ni la felicidad, ni el placer... La vida se limita a ser la sombra de lo verdaderamente fundamental en la sociedad japonesa: el hombre.

Luego vendrá el trabajo, otra de las variables fundamentales en la cultura nipona. Allí relata un episodio de locura. ¿Es Dios? No. ¿Es el diablo? Tampoco. El presidente es Dios ¿Y por qué la empresa es un infierno? Quizás porque el presidente es Dios y el vicepresidente es el diablo. Estas son algunas de las preguntas que se plantea la actriz, antes de verificar que su jefa está en peores condiciones que ella.

La protagonista asiste a la degradación de Fubuki, quien es poseída por su grasiento jefe. Ante un arranque de solidaridad femenina, la primera encontrará el rechazo de la víctima y además un peor ensañamiento.

Si bien es crítica con la cultura nipona, la obra apenas saluda lo que significa el velo entre los musulmanes.

Twitter: @argomezc

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