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Rober Calzadilla: "'El Amparo' es una película contra una manera de pensar"

El viernes se estrena uno de los tres filmes venezolanos que recorren festivales internacionales desde 2016. Trata de la masacre que ocurrió en la localidad apureña en 1988.

  • PABLO GAMBA

08 de octubre de 2017 04:00 AM

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Rober Calzadilla: "'El Amparo es una película contra una manera de pensar"

El viernes llega a la cartelera El Amparo, una película dirigida por Rober Calzadilla y escrita por Karin Valecillos. Es una de las tres que ha puesto el cine venezolano en el circuito de festivales internacionales desde 2016, junto con La familia y La Soledad. 

Se estrenó en Horizontes Latinos, en el Festival de San Sebastián, y ganó el Premio del Público en Biarritz. Fue el filme de apertura del Festival de Cine Latinoamericano del Instituto Cinematográfico Estadounidense (AFI). En el Festival del Cine Venezolano de Mérida obtuvo seis galardones, entre ellos el de mejor película, y es la candidata de Venezuela al Premio Goya, en el renglón de filme iberoamericano. 

La historia se desarrolla en 1988. El Amparo relata la masacre de 14 pescadores perpetrada por un comando militar y policial en la localidad del título, en el estado Apure. Las víctimas fueron acusadas de ser guerrilleros, pero hubo dos sobrevivientes que lograron contar la verdad.

El guion está basado en una pieza teatral de Valecillos, en la que Calzadilla interpretó a uno de los personajes principales: Pinilla. Viene del teatro, y el trabajo con los actores es lo más sobresaliente de su ópera prima como director. Eso incluyó una inmersión en la localidad apureña de El Yagual, para lograr que se disolvieran entre la gente del pueblo con la que trabajaron en el filme.

Giovanny García y Vicente Quintero, actores de El Amparo, compartieron con Alexander Leterni el Premio al Mejor Actor Principal en Mérida. Vicente Peña fue galardonado como actor de reparto. También se destaca en el elenco Samantha Castillo.

"Hay gente que cree que hice una película contra un gobierno. Eso es lo que menos me interesa; no merecen tanto, tampoco."

–¿Cuál es su conexión personal con la masacre de El Amparo?

–Yo soy de Maturín, y tenía 13 años. Para mí eso era el universo hasta ese momento. Esos dos rostros que vi en la televisión, tratando de decirle al mundo su verdad, se me hacían muy cercanos. Eran como mis tíos, mis primos, mis vecinos, por el color de piel, por la fisonomía. Cuando veía el pueblo de El Amparo, era prácticamente como el barrio en el que yo vivía. Es probable que nunca hubiera visto tipos así, como yo, en la televisión. A partir de ese momento me di cuenta de que formaba parte de algo más grande pero olvidado, lo mismo que esa gente.

–¿Qué cree que puede aportar una película para evitar que ocurran cosas como la masacre de El Amparo?

–A mí lo que me interesa es crear el espacio para que la gente pueda pensar por sí misma. Quiero dejar las preguntas allí, para que se vayan con ellas en la cabeza. No sé si lo logré. 

–Hay gente que cree que hice una película contra un gobierno. Eso es lo que menos me interesa; no merecen tanto, tampoco. Creo que El Amparo es una película contra una manera de pensar, de asumir nuestra realidad de un modo irresponsable. A lo mejor soy muy optimista, pero creo que el cine puede empujar hacia una postura liberada de tantos clichés, de esa cajita cómoda que son las ideologías en general. La vida es más compleja y más rica.

–¿Cómo ve filmes venezolanos como El Amparo o La familia, en relación con la larga tradición de cine político y social venezolano?

–La persona, en sí misma, ya es un hecho político. Que no sea partidista es otra cosa. El argentino Jorge Prelorán iba y grababa a una persona en su ambiente, y eran películas más políticas que las que hacían sus colegas del cine activista. Sin subrayar nada, uno comenzaba a ver: “¿Este tipo tiene que hacer ese trecho para buscar agua, en pleno siglo XX?” En ese sentido, El Amparo es una película totalmente política. 

"Lo que estoy viendo ahora es que, cuanto más austeridad, la gente está más metida en su historia y en sus personajes." 

–La referencia que trae a colación es latinoamericana. ¿Se ve más en relación con ese cine?

–Referencias del cine venezolano tengo varias. A nosotros, en la Escuela de Artes, nos sacó un poco del hoyo Ugo Ulive. Cuando lo descubrimos, la vida comenzó a tener sentido.  Luego está cierto cine militante, por ejemplo, el de Jesús Enrique Guédez, que tiene una cosa poética. Hay películas que a nadie le gustan, y yo las veo y me muero de la risa, aunque no las haría, por supuesto. 

–El cine latinoamericano fue el que nos dijo: “Pueden hacer cine”. Hablo por mí, y creo estar haciéndolo por mi productor, Rubén Sierra. Nos hicimos amigos porque habíamos visto Whisky y 25 Watts, y conocíamos a Bresson. A partir de ahí generamos un circuito de cine latinoamericano. Hacíamos reuniones en el Celarg, en las que proyectábamos y comentábamos películas: Raúl Perrone, Martín Rejtman, Lisandro Alonso, Lucrecia Martel; los mexicanos también, Las marimbas del infierno… Para nosotros era impensable hacer películas, hasta que llegaron estas. 

–¿Cómo es la relación entre teatro y cine para usted?

–Creo que lo que traigo principalmente es mi obsesión con el actor. Yo hacía teatro, y un día por accidente me dieron un golpe muy duro en el codo. Lo que siguió pasando el resto de la obra me marcó: todo era de verdad. Por ahí comenzaron las obsesiones, y cuando hicimos 29.10.88, que es la obra en la que se basa El Amparo, me acerqué al director y le dije: “¿Me das permiso para no actuar nada?” Tampoco quise parecerme a Pinilla, nada que recordara físicamente a él. El teatro tiene esa cosa de la exploración con el actor que yo me la llevo al cine. Por eso me gustan los procesos más o menos largos.

–¿Qué está cambiando en la manera de actuar en el cine venezolano, en relación con otras épocas?

–En el cine de los setenta la actuación respondía a ese momento; igual en los ochenta, en los noventa… También son diferentes generaciones de actores. Creo que los de ahora también han tenido contacto con el cine del que te estaba hablando. A todos mis amigos actores siempre les doy películas, y a muchos se les ha despertado la curiosidad. Son muy inquietos, siempre están buscando. Aunque a lo mejor estoy pecando, hablando de mi círculo.

–¿Cómo ve la situación actual del cine venezolano?

–Ahora toca ser creativos sobre qué es lo que vamos a hacer y cómo. También es interesante porque, cuando hay engolosinamiento, y lo digo por algunas personas, no por todas, la película se va para otro lado. Lo que estoy viendo ahora es que, cuanto más austeridad, la gente está más metida en su historia y en sus personajes. 

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