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El Óscar en claroscuro

La gala de los premios de la Academia ha estado precedida por acusaciones de "racismo" y "homofobia". Aún así, esta noche se coronará lo mejor de la industria fílmica estadounidense.

El Óscar en claroscuro

La gala es hoy en la noche (Cortesía)

CORTESÍA |

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

28 de febrero de 2016 09:58 AM

EL MEJOR HOLLYWOOD

Con una producción anual que supera las 600 películas, cabe pensar que en lo que a los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidosse refiere, no siempre están todos los que son. Los Óscar que se entregan esta noche en el Dolby Theatre de Los Ángeles apenas coronarán lo más visible de una industria que da para todo: lo más comercial, lo más autoral, el cine del mainstream o el del mundo independiente...

No obstante, como cualquier actividad que opera de acuerdo con las reglas del mercado, al Óscar hay que agradecerle algo: su poder para obligar a los estudios de cine a producir mucho más que filmes que satisfagan el gusto de las audiencias globales. Ya desde los meses de octubre y noviembre la oferta de la Meca del Cine cambia, y entonces aparecen obras como las que hoy se disputan la ansiada estatuilla dorada.

Es, sin duda, la mejor temporada del cine norteamericano. El momento en que las películas tratan temas no para la temporada de vacaciones, sino para la reflexión. Nada de escapismo. Este año, las películas que compiten en la octogésima octava edición de los Óscar plantean realidades como el papel de los medios de comunicación en el ocultamiento de las causas de una crisis financiera (La gran apuesta) o en la revelación de cientos de casos de abuso infantil cometidos en Boston por sacerdotes (En primera plana); también abordan asuntos más apegados a la condición humana, como el abandono y la soledad (Misión rescate), la sobrevivencia y la venganza (El renacido), el desapego de las raíces (Brooklyn), la conquista de la libertad (La habitación); o bien, la recreación histórica de los tiempos de la Guerra Fría (El puente de espías), y claro, la visualización de un mundo postapocalíptico (Mad Max: furia en la carretera).

A estas temáticas que hacen de Hollywood un lugar de encuentro para hablar del estado de las cosas, hay que sumar el descubrimiento de nuevos talentos para el cine. Allí están para confirmarlo directores como Lenny Abrahanson, Adam McKay y Tom McCarthy, entre los menos conocidos; actores poco visibles como Brie Larson, Mark Rylance, Rachel McAdams, Alicia Vikander y, por supuesto, los artistas que han hecho posible la existencia del quintero de obras que se disputan la estatuilla a la Mejor Película de Habla No Inglesa, y que sin la vitrina de los Óscar verían reducidas sus probabilidades de ser vistas en todo el mundo.

BANALIDAD Y PREJUICIOS

Nunca hay que perder de vista la naturaleza con la que nacieron los Óscar: estimular una pujante actividad artística-industrial que a finales de los años 20 pasaba por un momento de decaimiento, como todo en los Estados Unidos de la Depresión, y lavarle la cara ante la opinión pública al mundillo de las estrellas y sus excesos. Eso, en esencia, no ha cambiado. Pero este año, las críticas le han llovido a la Academia con más intensidad.

Tan pronto se anunciaron las nominaciones a los Óscar, el pasado 14 de enero, apareció en Twitter el hashtag #OscarsStillSoWhite, que hace alusión a que tanto en la edición de 2015 como en la de este año no figuraron entre los candidatos a la estatuilla ni directores ni actores negros.

Los primeros en abrir fuego fueron Jada Pinkett-Smith, Lupita Nyong'o y Spike Lee, quien hasta habló de boicotear la gala de esta noche. Lo cierto es que a pesar de las acusaciones de racismo en el interior de la Academia, en lo que no han reparado estos artistas es en que el asunto posee raíces mucho más profundas que la mera exclusión en la lista de nominados a los Óscar.

De hecho, cuando Steven Spielberg mostró las penurias de los esclavos negros en cintas como El color púrpura o Amistad, lo hizo desde una visión condescendiente, lastimera, tan prejuiciada como la que mostró de la comunidad aborigen Kevin Costner en Danza con lobos. Hablamos de películas estrenadas hace 30 años.

Como sea, la polémica parece haber amainado luego de que actores como Charlotte Rampling dijera: "Boicotear los Óscar es racismo contra los blancos", o Helen Mirren saliera en defensa de la Academia, cuya actual presidenta, Cheryl Bone Isaacs, prometió cambios para acabar con la falta de diversidad en los galardones.

A las acusaciones de racista dirigidas hacia los premios de la Academia, se sumótambién la de homofóbicos; ello en boca del actor británico Ian McKellen, quien aseguró en una entrevista que "ningún hombre abiertamente gay ha conseguido ganar nunca un Óscar".

Como casi siempre ocurre con los Óscar, en la selección de este año no falta quien eche de menos una nominación para Quentin Tarantino en la categoría de Mejor Guión Original por The hateful eight, o para el dramaturgo Aaron Sorkin, autor del texto de Steve Jobs. Ellos, junto a Charlize Theron (Mad Max: furia en la carretera) y Benicio del Toro (Sicario), lucen como los grandes olvidados de la edición número 88 de los premios de la Academia.

Parafraseando al admirado Billy Wilder: "Nadie es perfecto". Los Óscar tampoco lo son, quizás por las banalidades que rodean su gala y por proyectar los prejuicios de la sociedad que les sirve de marco.

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