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Contar historias, buscar lo bello, sobrevivir: Babenco a sus 70 años

"Mi amigo hindú", su último largometraje, lanzado en septiembre de 2015, retrata el calvario de más de una década que vivió el realizador, que enfermó cuando tenía 38 años, al que le diagnosticaron un linfoma a los 40 y pasó por un transplante de médula ósea a los 49.

Contar historias, buscar lo bello, sobrevivir: Babenco a sus 70 años

Babenco se refugió en el leitmotiv de su existencia: contar historias y buscar la belleza, para librar una guerra contra la enfermedad (Cortesía)

CORTESÍA |

05 de febrero de 2016 10:47 AM

Río de Janeiro.- "Aquellos que todavía tienen un sueño a realizar, tienen más posibilidades de sobrevivir". La frase, que cierra la última película de Héctor Babenco, es como un símbolo de la existencia del cineasta, que celebra 70 años regresando a la pantalla grande para contar, con belleza, una parte de la historia de su vida.

"Mi amigo hindú", su último largometraje, lanzado en septiembre de 2015, retrata el calvario de más de una década que vivió el realizador, que enfermó cuando tenía 38 años, al que le diagnosticaron un linfoma a los 40 y pasó por un transplante de médula ósea a los 49.

En la ficción, su alter ego, encarnado por Willem Dafoe, conoce a un niño hindú que también se debate entre la vida y la muerte y ambos recurren a historias fantásticas para sobrellevar la situación.

En la vida real, Babenco se refugió en el leitmotiv de su existencia -"contar historias" y "buscar la belleza", según reveló-, para librar una "guerra contra la enfermedad".

Fue en medio de esa lucha que filmó dos de sus largometrajes: "Brincando nos campos do Senhor" (Jugando en los Campos del Señor, 1991), antes del transplante, y "Corazón Iluminado" (1996), un año después.

Antes había dirigido obras reconocidas por la crítica y la taquilla, como "El beso de la mujer araña" (1985), que fue nominada para cuatro premios Oscar; "Pixote, la ley del más débil" (1981) y "Ironweed" (Tallo de Hierro, 1987), con nada menos que Meryl Streep y Jack Nicholson como protagonistas.

De la larga enfermedad, y gracias a su médico de cabecera, nació otra de sus obras más memorables, la primera que rodó cuando estuvo seguro de que sobreviviría: "Carandiru" (2003).

La historia se basa en un hecho real: el motín ocurrido en 1992 en el extinto penal de Carandiru, en Sao Paulo, en el que 111 presos fueron masacrados a mansalva a manos de la policía.

El médico que acompañó a Babenco en su lucha contra el cáncer realizaba trabajos voluntarios en el penal, buscando concientizar a los presos para que se cuidaran del virus HIV.

Fueron las historias contadas por ese médico -y escritas en camas de hospital- las que dieron origen a uno de los retratos más crudos de las cárceles brasileñas.

Su última realización antes de "Mi amigo hindú" data de hace nueve años. "El pasado" (2007) remite a su país natal, Argentina, del que se fue cuando tenía 17 años y en el que, según afirmó en más de una oportunidad, no piensa volver a vivir.

La película repasa esos años "de descubrimientos" en el país en el que nació el 7 de febrero de 1946 y vivió hasta viajar a Europa. A los 20 llegó a Brasil, donde vive desde entonces.

Descendiente de una familia judío-polaca, el cineasta se considera "un híbrido anarquista", tal vez por causa, o quizá como consecuencia, de la mezcla de pueblos y culturas que carga en la sangre y lleva grabadas en las retinas.

"Tal vez mi inadaptación dentro de la sociedad -y no puedo culpar a la sociedad por esto-, es por el hecho de no ser ni una cosa ni otra, no ser argentino ni brasileño. (...) Y tampoco judío", expresó el artista el año pasado, en vísperas de abrir el festival de cine de Sao Paulo con su último filme.

Además de no tener una identidad geográfica definida, tampoco se sabe si el "gitano", como se lo conoce en Brasil, continuará buscando belleza para contar más historias.

En lo que pareció un anuncio intempestivo, el año pasado dijo a medios brasileños: "No filmo más en Brasil", con lo que dio a entender que seguiría rodando, aunque fuera en otro lado. En otro momento reciente contó: "Me gustaría morir dirigiendo una escena".

¿Qué hará el hombre que supo vérselas cara a cara con la muerte, retrató la crudeza y la dulzura de la vida con conmovedora sensibilidad y que el domingo cumple siete décadas de vida? Nadie puede saberlo. Y tampoco es demasiado importante, al menos para él.

"No importa cuántas películas uno hace. Lo que realmente importa es haber hecho algunas imágenes en una película que queden para siempre", dijo una vez, citando al director Francis Ford Coppola.

Y completó, ya con sus palabras: "No veo la muerte como una ausencia definitiva de alguien. Las cosas buenas que uno dejó, quedan. La muerte no hace girar la rueda del mundo".

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