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Antonio de la Torre actúa en tres películas del Festival Español

"Ni el bien ni el mal son compartimientos estancos"

Sus papeles de "Tarde para la ira" y "Que Dios nos perdone", entre otros filmes, lo han convertido en una figura destacada en el auge actual del thriller en el cine de ese país.

  • PABLO GAMBA

29 de octubre de 2017 04:00 AM

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"Ni el bien ni el mal son compartimientos estancos"

Antonio de la Torre actúa en tres de las películas del Festival de Cine Español. Está en Felices 140, con Maribel Verdú, pero sobre todo se destaca en dos thrillers de atmósfera opresiva: Tarde para la ira y Que Dios nos perdone.

En el primero interpreta a José, un hombre que mantuvo tibio durante demasiado tiempo el plato de la venganza; en el segundo a Velarde, un policía con problemas para hablar que investiga, junto con su violento colega Alfaro, los crímenes de un asesino en serie y violador de ancianas, en una Madrid donde los “indignados” protestan y se espera la visita del papa Benedicto XVI.

Ha sido una figura relevante en el auge actual del thriller español, por sus papeles también en Invasor (2012), Grupo 7 (2012) y La isla mínima (2014). Era conocido antes en Venezuela por Azuloscurocasinegro (2006), que le valió el Goya al Mejor Actor de Reparto, y Balada triste de trompeta (2010), por la que recibió la tercera de sus siete nominaciones al galardón de la Academia Española de Cine, la más reciente por Tarde para la ira.

Se ha destacado trabajando para los directores de esos dos filmes –Daniel Sánchez Arévalo y Álex de la Iglesia, respectivamente–, así como con Manuel Martín Cuenca, para quien hizo Caníbal (2013). Ha actuado, además, para Pedro Almodóvar, en Volver (2006) y en Los amantes pasajeros (2013).

Aunque ha trabajado intensamente –110 créditos en Internet Movie Data Base desde 1990– comenzó a vivir de la actuación casi a los 40 años de edad, luego de haber sido periodista deportivo televisión. Viene de una familia humilde que padeció la dictadura de Franco, y no es de los que olvidan ese pasado. Antonio de la Torre es un locuaz simpatizante de la izquierda, aunque aclaró: “Una de las cosas que me ilusiona de ser actor es que me permite ver la vida de manera poliédrica. Ni el bien ni el mal son compartimientos estancos.”

Que haya sido contactado por un diario de Venezuela le despertó entusiasmo en la entrevista. “Tenemos el corazón con ustedes”, dijo, y agregó: “Soy una persona socialista, y todo intento de socialismo en el mundo me interesa.”

"Lo que un actor debe intentar ser es creíble; el género está en el guion y en la mano del director"

–Hábleme un poco de su personaje en Tarde para la ira.

–La complejidad de ese personaje es hacer a alguien que está muy obsesionado con la venganza, que se pudiera entender todo el dolor que tenía dentro pero sin perder la perspectiva que de alguna manera ha enloquecido. Me resultaba complejo, desde un punto de vista ideológico, porque no creo que por la violencia pueda solucionarse ningún problema del ser humano. Pero me parece muy apasionante encarnar personajes que en principio pudieran resultar antipáticos, y tratar de buscarles la humanidad.

–¿Cómo fue la preparación del personaje de Que Dios nos perdone?

–El personaje alumbra una opción en la que no me quería extender demasiado por ser riguroso: pudiera ser un Asperger, alguien casi con un problema de autismo. No quisimos meternos ahí por respeto a la edad y a la complicación de esa patología. Pero claramente es un ser, socialmente, con mucha dificultad. Sí nos pusimos muy rigurosos, o lo intentamos, con el tema de la disfemia. Isidoro Ruiz, portavoz de la Fundación Española de la Tartamudez, se vino a convivir conmigo dos meses. También estuvo en el rodaje y, toma por toma, íbamos repasando las pausas en las que el personaje se atascaba, para que fuese lo más creíble posible. El mejor piropo que recuerdo como actor fue por Azuloscurocasinegro. Una persona me dijo: “He ido a ver esa película con un juez de vigilancia penitenciaria y me dijo que era exactamente igual que cuando toma declaración.” Siempre intento ese imposible: que desaparezca el actor. Trato de hacer una persona, no un personaje.

–Esos personajes de películas como Tarde para la ira y Que Dios nos perdone, ¿los busca dentro de usted?

–Trato de investigar todos los factores que tengan que ver con el personaje y puedan enriquecerlo. Pero al final es como dice Manuel Martín Cuenca: hacer un personaje es cómo sería Antonio de la Torre si fuera… Me parece una buena definición, porque de últimas estás tú. Es tu voz, tu cuerpo, tu alma, una parte de tu ideología donde tienes que tratar de buscar.

"La omnipotencia es mala en todo aspecto de la vida, tanto en la interpretación como en la política"

–Tanto Tarde para la ira como Que Dios nos persone son películas de actuación en pareja. ¿Cómo es la construcción del personaje a dos?

–A veces actuar es como el amor: si hay química es maravilloso y, si no, puede ser tormentoso. La química, si te dijera cómo lograrla, sería mentir.

–Veo que ser periodista le ha ayudado a ser actor, por lo que a la investigación respecta. ¿Puede ayudar la actuación a ser un buen periodista?

–El periodista y el actor cuentan un relato, solo que el periodista lo hace en tercera persona y el actor lo hace en primera persona.

–Pareciera haber un florecimiento del thriller español. ¿A qué lo atribuye?

–Tengo la sensación de que se ha dibujado un panorama en España donde la producción depende mucho de las televisiones. Ellas marcan un poco la pauta, y es comprensible que busquen algo comercial, con formatos que procuren la rentabilidad, como el thriller, que permite plantear ciertas realidades y personajes y al mismo tiempo es entretenimiento. Aunque también es comprensible que en cada país el cine sea un asunto de Estado, y ahí deben caber blockbusters y películas pequeñas, que sirvan como reflexión artística.

–¿Cuál es el reto que representa hacer un personaje de thriller?

–Yo intento no plantearme que es un personaje de thriller. Pienso que un actor, si es demasiado consciente de que está haciendo tal o cual género, pierde. Siempre digo: “Tú pisa el plátano y cáete; ya veremos si eso es una comedia o termina siendo un drama.” Lo que un actor debe intentar ser es creíble; el género está en el guion y en la mano del director. Pero a veces el actor quiere saber demasiado.

–¿Y eso es malo?

–Sí, la omnipotencia es mala en todo aspecto de la vida, tanto en la interpretación como en la política.

Tarde para la ira y Que Dios nos perdone son películas de atmósferas oscuras. ¿Cree que de alguna manera eso sea expresión de la situación en España?

–No sé si en España, pero desde luego sí, en muchos aspectos, en Europa. Por un lado nos venden un club de elitistas, de gente que vive muy bien, pero por otro hay una tasa de pobreza muy alta y de gente que se queda fuera del sistema. También que en las sociedades opulentas se descuida mucho la formación sentimental. Yo me crié en una sociedad que padeció la pobreza y recuerdo mucho la solidaridad. Había casas de puertas abiertas. No sé si a veces la pobreza saca lo mejor del ser humano, lastimosamente.

–Las dos películas son también ejemplos actuales de cine negro. Eso lleva a una pregunta: ¿existe una España negra que encuentra expresión en el film noir?

–A medida en que viajo me pregunto si será España negra o es que el ser humano es negro. Obviamente puedo hablar de España porque es el único país y la única cultura que más o menos conozco. Pero a veces veo los conflictos de aquí y me suenan tanto a los conflictos de otros lugares, que ya no sé.

–Gracias por estas palabras tan “esperanzadoras”.

–He tenido un niño, lo cual quiere decir que de alguna manera hay lugar para la esperanza. Siempre hay algo que nos hace seguir caminando, como la utopía.

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