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El terror de Valaquia

Vlad Tepes: el verdadero Drácula

Un sanguinario gobernante rumano del siglo XV, famoso por empalar vivas a sus víctimas, fue una influencia decisiva en la creación del moderno conde Drácula. 

 Vlad el Empalador. (Cortesía: sachahillhalloween.weebly.com)

  • MICHAEL NISSNICK

30 de octubre de 2017 06:00 AM

Actualizado el 31 de octubre de 2017 08:51 AM

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El nombre #Drácula significa “Hijo del Diablo” en rumano. 

#VladTepes empaló a entre 40 y 100 mil personas durante su reinado. 

Caracas.-La llegada del Halloween vuelve a poner de moda a uno de los grandes íconos de nuestro tiempo: el conde Drácula.La historia del aristocrático vampiro transilvano creado por el escritor irlandés Bram Stoker en 1897 ha sido llevada infinidad de veces a la pantalla. A estas alturas pocos son los que no lo conocen siquiera de oídas.


Pero no pasa lo mismo con el personaje histórico tras el mito, ya que Stoker se inspiró parcialmente en un personaje real del siglo XV para crear a su célebre vampiro. No bebía sangre, no era conde ni tenía largos colmillos, pero su crueldad reduce a la categoría de principiante a cualquier no-muerto real o imaginario. La Noche de Brujas es la ocasión perfecta para conocer a Vlad Tepes, el verdadero Drácula.

Valaquia

Vlad nació hacia 1431 en Sighisoara, una pequeña ciudad de la actual Rumania, si bien el país que hoy conocemos con ese nombre no existía como tal en aquellos días finales de la Edad Media.

En su lugar había varios pequeños estados semiindependientes en medio de dos poderosos imperios: el reino cristiano de Hungría al norte y el imperio turco al este, ambos en permanente disputa por el control de esos territorios. Uno de ellos era Valaquia, cuyo voivoda (príncipe gobernante) era el padre de nuestro personaje: Vlad II, también conocido por el sobrenombre de "Dracul".

El Hijo del Dragón

"Dracul" significa "Dragón" en latín. Vlad II era caballero de la Orden del Dragón, una milicia laica de caballeros cristianos creada en 1408 por el rey Segismundo de Hungría con la misión de proteger al monarca y defender la fe cristiana contra herejes e infieles. Su símbolo era un dragón con la cola enroscada en el cuello y la cruz de san Jorge en el lomo. Es decir, Satán vencido por el poder de la Iglesia.


Su famoso hijo heredaría el título con la terminación "ulea", que significa "hijo de". De este modo se le conoció como "Draculea", "Hijo del Dragón". Pero en rumano "Dracul" se traduce como "diablo", por lo que, a la luz de su mala fama en vida y después, la asociación de Vlad con lo demoníaco estaba a la vuelta de la esquina.

Rehén de los turcos

Siendo apenas un niño de 11 años, Vlad fue pieza clave en el complejo juego político de su época. Para evitar una invasión turca, su padre lo envió como rehén a la corte del sultán en Estambul junto con su hermano menor Radu.

Allí se curtió en el arte de gobernar y, según algunos historiadores, pudo sufrir abusos por parte de sus carceleros, lo que quizás influyó en la sádica personalidad que desplegaría en el futuro. Tiempo después la nobleza valaca, conocida como "boyardos", asesinó a palos a su padre y cegó y enterró vivo a su hermano mayor, Mircea. Los turcos decidieron entonces liberar a Vlad, ya de 17 años, y apoyarlo en sus pretensiones al trono de Valaquia.

Llegada al poder

En 1448 Vlad tomó el poder en Valaquia, pero fue depuesto apenas dos meses después. Durante los siguientes ocho años, nuestro personaje preparó su regreso mediante la concertación de alianzas. Sus esfuerzos finalmente dieron fruto: en 1456 ejecutó a su rival y subió al trono valaco como Vlad III. 


Pero en un entorno tan volátil como aquel, en el que los voivodas no duraban mucho en sus cargos y por lo general morían de forma violenta, el nuevo gobernante debía imponer su autoridad mediante el terror y la mano dura. Y para ello echó mano de un modo de ejecución que, si bien no era nuevo, en sus manos alcanzó niveles inéditos de refinamiento y crueldad.

El Empalador

Empalar es básicamente ensartar a una persona en una estaca de madera a través del recto hasta que la punta salía por el cuello, la boca o la espalda. La víctima podía tardar minutos en morir si el palo atravesaba órganos vitales. Pero Vlad se aseguraba de que no perforara las vísceras, lo que prolongaba la agonía por hasta tres días de indecibles sufrimientos. El voivoda no discriminó a la hora de aplicar el suplicio: desde boyardos rivales y comerciantes sajones perjudicados por sus políticas proteccionistas hasta ladrones, mendigos, monjes, extranjeros, prostitutas y adúlteras, pasando por ancianos e incluso niños.


No se sabe exactamente a cuántas personas ejecutó el "Hijo del Dragón" de ésta u otras maneras durante sus seis años de reinado. Las cifras varían entre 40 y 100 mil dependiendo de las fuentes. Incluso algunas aseguran que bebía la sangre de sus víctimas, pero esto no está comprobado. En todo caso, tanta crueldad le valió el apodo por el que es conocido hasta hoy: "Tepes" que en rumano significa "Empalador". El terror que inspiraba en la población era tal que se cuenta que puso una copa de oro en la plaza central de Tirgoviste, la capital valaca, y que nadie se atrevió a robarla durante la era de Vlad por miedo a sufrir su justicia.

Guerra biológica

Aunque había llegado al poder con el apoyo turco, el Empalador no tardó en volverse contra éstos y negarse a pagar tributo. Es conocida la anécdota según la cual dos embajadores del sultán rehusaron quitarse sus turbantes delante de Vlad durante una audiencia, por lo que éste, furioso, hizo que se los clavaran en la cabeza.


Las hostilidades estallaron cuando el sultán turco Mehmet II invadió Valaquia en 1561 al frente de un poderoso ejército. Ante la evidente superioridad numérica de su oponente, Vlad optó por tácticas de guerra de guerrillas (tierra arrasada, ataques rápidos y focalizados) y rudimentos de guerra biológica, como envenenamiento de pozos y envío de afectados de enfermedades infecciosas al campamento enemigo para causar contagios. Pero lo peor estaba por venir. Obligado a abandonar la capital, Tirgoviste, Vlad se aseguró de "plantar" en las afueras de la ciudad un auténtico bosque de más de 20 mil empalados. El espectáculo fue tan dantesco que el soberano turco, impactado, decidió retirarse, no sin antes exclamar: "no podemos luchar contra un fantasma, no podemos luchar contra el hijo del demonio".


Caída y prisión

Pero los invasores terminaron apoderándose de Valaquia. Vlad buscó entonces refugio en la corte del rey húngaro Matías Corvino, quien, haciéndose eco de acusaciones falsas de colaboracionismo con los turcos, ordenó el arresto y prisión de Vlad en 1462. El valaco vivió encarcelado en un castillo durante los siguientes doce años, en los que no olvidó sus viejas prácticas. Se cuenta que empalaba insectos, ratones y pájaros que le proporcionaban sus carceleros y los exhibía en la ventana de su celda. Asimismo, aprendió el oficio de encuadernador de libros.

Muerte

La suerte le sonrió a nuestro personaje una vez más en 1474, cuando el monarca húngaro, decidido a poner orden en la turbulenta Valaquia, hizo liberar al Empalador y lo apoyó militarmente para su regreso al poder, lo que consiguió en 1476. Pero este tercer reinado fue tan breve como el primero, ya que Vlad Tepes murió en diciembre de ese año durante un enfrentamiento con los turcos cerca de Bucarest, actual capital de Rumania. Tenía 45 años de edad.


Las circunstancias de su muerte siguen siendo objeto de debate. Las versiones van desde confusión durante el fragor del combate hasta asesinato por parte de nobles valacos temerosos de la vuelta de Vlad al trono. Lo que sí parece seguro es que el cadáver fue decapitado y la cabeza enviada al sultán turco como prueba de que el odiado "voivoda del palo", como lo llamaban, había muerto al fin.

Entierro y más allá

No menos controversia causa el lugar de descanso final del Empalador. Tradicionalmente se ha ubicado la tumba de Vlad Tepes en la isla-monasterio de Snagov (al norte de Bucarest), lugar que el voivoda patrocinó durante su reinado. El sepulcro está ubicado frente al altar mayor de la iglesia, de manera que el sacerdote podía pararse sobre él durante la misa y así aliviar el peso de sus pecados.


 Pero cuando la sepultura se abrió en la década de 1930 no se encontró el cadáver, sino huesos de animales. De manera que el destino último de los restos del "Hijo del Dragón" sigue siendo un misterio, aunque una teoría reciente apunta a la iglesia italiana de Santa María la Nova de Nápoles, pues una hija de Vlad contrajo matrimonio con un noble de dicha ciudad.

En la pantalla

A diferencia de la abultada filmografía (más de doscientos títulos) de su alter ego literario, las aproximaciones cinematográficas al Drácula histórico son escasas. El director Francis Ford Coppola se refiere a Vlad Tepes en los primeros minutos de su barroca adaptación de la novela de Bram Stoker rodada en 1992 y con Gary Oldman en el papel protagonista.  

En 2014 se estrenó la irregular "Drácula, la historia jamás contada".

Pero quizás la mejor cinta sobre el gobernante valaco hasta la fecha es "Vlad Tepes", filmada en Rumania en 1979 durante la dictadura comunista de Nicolae Ceaucescu, quien proclamó al Empalador “héroe nacional” por su guerra contra los turcos (visión que se mantiene en dicho país hasta hoy), por lo que en la película se suaviza el sadismo del personaje y se justifica en función de la razón de Estado.

Twitter: @mhnissnick

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