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El apocalipsis nórdico llega a los cines

"Thor: Ragnarok": El mito tras la película

Se exhibe en las pantallas venezolanas la nueva película de Marvel, cuya trama se inspira en la visión escandinava del fin del mundo.  

 El Ragnarok. (Cortesía: samflegal.wordpress.com)

  • MICHAEL NISSNICK

11 de noviembre de 2017 06:00 AM

Actualizado el 11 de noviembre de 2017 11:18 AM

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#Ragnarok significa “Destino de los dioses”.

Tras el #Ragnarok, la tierra y la humanidad se regenerarán. 

Caracas.-Desde el pasado viernes 3 de noviembre se proyecta en los cines venezolanos “Thor: Ragnarok”, tercera entrega de las aventuras del popular héroe de Marvel basado en el dios nórdico del trueno e interpretado por el australiano Chris Hemsworth.

La cinta dirigida por el neozelandés Taika Waititi toma como inspiración el equivalente escandinavo al apocalipsis cristiano. Pero la batalla final de los dioses que narran las fuentes míticas supera con creces a cualquier escena de acción repleta de efectos especiales.  En los siguientes párrafos conoceremos al Ragnarok más allá de la pantalla.

Dioses y reinos

Los antiguos escandinavos concebían el cosmos como un gigantesco árbol llamado Yggdrasil, en cuyas ramas y raíces  se distribuían nueve reinos habitados por infinidad de seres mortales y divinos. Entre ellos destacan Midgard (la tierra de los hombres, un disco rodeado de un gran océano), Helheim (el inframundo), Muspelheim (reino de los gigantes de fuego) o Jotunheim (reino de los gigantes de hielo). Asgard era la morada de las divinidades. El nombre deriva de “aesir”, término nórdico antiguo para “dioses”.   


Doce eran los principales dioses del panteón escandinavo. El mayor de ellos era Odín, de quien se cuenta que creó el mundo a partir del cuerpo de su abuelo, el gigante primigenio Ymir, y que  moldeó a la primera pareja humana con troncos de fresno y de olmo. De su nombre germánico (“Wotan”) deriva “wednesday”, término inglés para “miércoles”.  Anthony Hopkins lo encarna en la pantalla.


Odín vigilaba constantemente a los seres humanos y los juzgaba según sus acciones. Desde su trono Hlidskjalf tenía el mundo entero a la vista. Sobre sus hombros se posaban dos cuervos llamados Huginn (“Pensamiento”) y Munnin (“Memoria”), quienes cada día recorrían el mundo y de noche susurraban en los oídos de Odín cuanto habían visto y oído. A los pies del dios yacían dos feroces lobos: Gere y Freke (“Glotón” y “Voraz”).


Pero el rey de los dioses no se mantenía alejado de su creación. Odín también solía recorrer el mundo vestido como un vagabundo, con un ancho sombrero y una larga capa, y se camuflaba entre los hombres para recompensarlos o castigarlos según el trato que le dieran. Esta imagen del dios errabundo inspiró al escritor J.R.R. Tolkien para crear al mago Gandalf, uno de los personajes más populares de la trilogía “El Señor de los Anillos”.  


Odín también pudo influir en la navidad moderna. En 1822, el profesor universitario Clement Moore publicó en un periódico de Nueva York su poema “una visita de San Nicolás”, en el que Santa Claus surcó por primera vez los cielos en un trineo tirado por ocho renos.  Moore era un experto en mitología y sabía que el máximo dios nórdico calbalgaba por los aires a lomos de un caballo de ocho patas llamado Sleipnir (“Resbaladizo”), por lo que el historiador Desmond Morris considera que Moore quizás se inspiró en este corcel mítico para concebir el número de renos del adorable abuelo navideño.


Odín instruyó a los hombres en las más diversas artes y oficios. Él mismo era un incansable buscador de conocimientos, aunque tuvo que arriesgar mucho para conseguirlos. Sacrificó un ojo para beber del Manantial de la Sabiduría y aceptó permanecer colgado del árbol Yggdrasil durante nueve días con sus noches, sin comer ni beber, perforado por una lanza y azotado por el viento, para adquirir el secreto de las runas, el antiguo alfabeto escandinavo.

Odín privilegiaba a los guerreros caídos en combate. Sus hijas, hermosas diosas rubias llamadas “valkirias”, seleccionan a aquellos que luchaban con más ferocidad en las batallas y los llevaban tras su muerte a un lugar llamado “Valhalla” (“Morada de los guerreros muertos”), descrito así por Jorge Luis Borges:  “una casa de oro; espadas y no lámparas la iluminan; tiene quinientas puertas y por cada puerta saldrán, el último día, ochocientos hombres; van a dar ahí los guerreros que murieron en la batalla; cada mañana se arman, combaten, se dan muerte y renacen; luego se embriagan de aguamiel y comen la carne de un jabalí inmortal (…) no hay otro paraíso guerrero, no hay otro paraíso cuya delicia esté en el combate. Muchas veces lo han invocado para demostrar el temple viril de las viejas tribus germánicas”. 


Odín tuvo varios hijos. El más famoso y poderoso era (qué duda cabe) Thor: alto, pelirrojo y corpulento, dios del trueno y la primavera, protector de Asgard y Midgard y patrono de los contratos y los matrimonios. Vivía en Bilskirner, una enorme residencia con 540 salas y se desplazaba por el cielo en un carro tirado por dos cabras llamadas Tanngnjost (“que rechina los dientes”) y Tanngrisner (“Dientes resplandecientes”). De su nombre deriva “thursday”, la palabra inglesa para el jueves.


La principal arma de Thor era Mjolner (“El que aplasta”), un poderoso martillo que siempre regresaba a su dueño sin importar que tan lejos lo arrojara. Su poder era tal que Thor necesitaba un guante de hierro para sujetarlo y un cinturón que triplicaba sus fuerzas para levantarlo. El martillo de Thor fue un talismán muy popular entre los antiguos nórdicos, quienes lo grababan en sus estelas, lo colgaban de sus cuellos como amuleto y lo usaban para desafiar la creciente influencia del cristianismo a comienzos de la Edad Media.

Thor vivió numerosas aventuras, de las que no siempre salió bien parado. Una vez debió disfrazarse de mujer para recuperar su martillo luego de que éste fuera robado por sus enemigos. En otra ocasión, un rey gigante lo desafió a que bebiera todo el líquido de un cuerno, levantara un enorme gato y luchara con una anciana. Thor fracasó en todas las tentativas y su rival le reveló el truco: el cuerno estaba conectado con el mar, el gato era en realidad la serpiente de Midgard, tan grande como el mundo, y la anciana no era otra que mismísima Vejez, contra la que toda resistencia es inútil.


Otro hijo de Odín es Heimdal, quien, armado con la espada Hofud y el cuerno Gjallarhorn, vigila el arcoiris Bifrost (“camino que tiembla”), principal puente entre Asgard y Midgard, la tierra de los hombres. En las películas de Marvel lo interpreta Idris Elba.


Cualquier repaso del panteón escandinavo quedaría incompleto sin mencionar al malo del grupo: Loki, el dios bromista, travieso y traicionero, encarnación de los aspectos más oscuros de la naturaleza y la condición humana. Tom Hiddleston lo encarna en el cine.


El matrimonio de Loki con la hechicera Angerbode engendró tres monstruosos vástagos: el gigantesco lobo Fenrir, a quien el dios Tyr (del que se deriva el nombre inglés de martes, “tuesday”) solo logró inmovilizar mediante una cadena hecha de “el ruido que hace el paso de un gato, la barba de una mujer, las raíces de las montañas, los nervios del oso, la respiración del pescado y la saliva de los pájaros”. En “Thor: Ragnarok”, Fenrir lucha con el mismísimo Hulk.

Otro hijo es la serpiente Jormungander (“Gran Bastón”), tan grande que rodea con su cuerpo el mundo entero, por lo que también se la conoce como la Serpiente de Midgard.


Y por último figura Hela, a quien los dioses de Asgard conceden el dominio de Helheim, el oscuro reino del inframundo donde acuden todos aquellos que no perecen en batalla. La morada de Hela se llamaba Elvidner (“Miseria”) y la apariencia de la diosa era intimidante, pues la mitad de su cuerpo era pálida y la otra tenía el color de la piel humana. De su nombre deriva “hell”, el término inglés para “infierno”.  En la película “Thor: Ragnarok” es la hermana de Thor y Loki y la interpreta Cate Blanchett.


La maldad de Loki lo llevó a causar la muerte de Balder, el dios nórdico de la luz. Odín castigó al bromista atadándolo en una caverna y haciendo que una serpiente arrojara veneno sobre su rostro. Pero Loki consiguió escapar y se refugió entre los gigantes y las deidades infernales, precipitando así la llegada del Ragnarok.

Batalla final y nuevo comienzo

“Ragnarok” significa “Destino de los dioses”. Será un enfrentamiento épico-cósmico en el que cada actor sabe de antemano la suerte que le está asignada. Pero la asume con orgullo y alegría.  


El final estará precedido por el Fimbulvetr, un duro invierno que asolará la tierra durante seis años consecutivos sin ningún verano que lo contrarreste. Asimismo, el mal, la guerra y los crímenes se esparcirán por el mundo. Cuando el día decisivo llegue, un gallo de oro cantará para despertar a los dioses, otro gritará para despertar los gigantes y un gallo de óxido avisará a los muertos de Helheim. También el guardián de Bifrost, Heimdal, hará sonar su cuerno Gjallarhorn.   


Los combatientes se encontrarán en el campo de Vigrid. Odín y sus hijos bajarán por el Bifrost en formación militar y listos para la batalla.


El monstruoso lobo Fenrir se liberará de sus ataduras y devorará a Odín. Pero el hijo de éste, Vidar, lo vengará partiendo en dos a la bestia.


Loki acudirá a la batalla en la nave Naglfar, hecha con uñas de muertos. Combatirá contra Heimdal y ambos se matarán mutuamente.

Surtur, el gigante de fuego de Muspell, devastará a los nueve reinos bajo el poder destructor de su espada ardiente y matará a Frey, dios de la fertilidad. Los gigantes intentarán llegar hasta Asgard usando el arcoíris Bifrost, pero éste se romperá. 


Thor se enfrentará con la gigantesca serpiente de Midgard y la matará. Pero luego, afectado por el veneno del reptil, también morirá tras retroceder nueve pasos.


Al final todo será desolación, muerte y destrucción. Dioses, monstruos, hombres, elfos, enanos y gigantes perecerán por igual. “El sol se oscurece, la tierra se anega en el mar, del firmamento caen las claras estrellas”, dice Jorge Luis Borges.

Pero no será el fin absoluto. Llegará un nuevo comienzo. En palabras del libro bíblico del Apocalipsis, vendrá “un cielo nuevo y una tierra nueva”. El Árbol del Mundo Yggdrasil, sobrevivirá a la hecatombe y en sus ramas se refugiará una pareja humana, Lif y Lifthraser (ambos nombres relacionados con el término “vida”),  quienes se alimentarán con el rocío de la mañana y regenerarán a la humanidad.  


También volverá a la vida el dios de la luz, Balder, y sobrevivirán otras divinidades (entre ellos los tres hijos de Thor) quienes recordarán a sus antepasados en los antiguos predios de Asgard. La naturaleza se renovará y el mundo iniciará un nuevo ciclo que también tendrá un Juicio Final. Pero todavía falta mucho para que éste llegue.

Twitter: @mhnissnick

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