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Fue interpretado por primera vez en 1801

"Popule Meus": la banda sonora de la Semana Santa venezolana

A comienzos del siglo XIX el compositor caraqueños José Ángel Lamas estrenó su pieza “Popule Meus”, que hasta hoy se mantiene como el principal referente musical de la Semana Santa venezolana. 

 El Niño Jesús con ángeles músicos. Obra del pintor colonial mexicano Juan Correa. (Cortesía: artecolonialvenezuela.blogspot.com)

  • MICHAEL NISSNICK

12 de abril de 2017 06:00 AM

Actualizado el 21 de abril de 2017 16:26 PM

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José Ángel Lamas compuso el “Popule Meus” a la edad de 26 años.

Una leyenda afirma que el “Popule Meus” se interpreta en el Vaticano durante la #SemanaSanta

La pasión y muerte de Cristo han inspirado desde hace siglos a los grandes compositores de la historia: misas, motetes, pasiones, oratorios y un larguísimo etcétera destacan entre las piezas que las más altas cimas musicales de todos los tiempos han dedicado a la Semana Santa.

La primera gran generación musical venezolana de la época colonial, agrupada en la llamada “Escuela de Chacao” a finales del siglo XVIII, dedicó sus mejores partituras a las fechas que celebramos estos días. Entre ellas sobresale la composición titulada “Popule Meus”, de José Ángel Lamas, considerada la más alta cima de la música colonial criolla. En las siguientes líneas conoceremos su historia.

La Escuela de Chacao

En los últimos años del siglo XVIII, tuvo lugar en Caracas uno de los más importantes movimientos culturales de la historia de Venezuela y Latinoamérica gracias a la iniciativa de un clérigo ilustrado, el padre Sojo.


Pedro Palacios y Sojo (1739-1799), tío abuelo materno de Simón Bolívar, era sacerdote de la orden nerista.  A lo largo de su vida manifestó una gran curiosidad intelectual. Unió esfuerzos con el hacendado Bartolomé Blandín (propietario de los terrenos del actual Country Club) y el padre José Antonio Mohedano para introducir el cultivo del café en el valle de Caracas. Sus esfuerzos se vieron coronados a finales de 1786, cuando celebraron por todo lo alto el consumo de la primera taza de café en la capital venezolana.      

Pero el principal aporte del padre Sojo fue su labor de patronazgo musical. No en vano su orden religiosa se caracterizó desde sus comienzos por el cultivo de este arte. A mediados de la década de 1780, en la hacienda que tenía en La Floresta (hoy una famosa urbanización del municipio caraqueño de Chacao), el padre Sojo agrupó a los principales intérpretes y compositores de entonces en lo que se ha venido a llamar “La Escuela de Chacao”, sobre la que afirma el historiador José Antonio Calcaño: “La labor del padre Sojo fue a la vez integradora y formativa. Si no fue el fundador de la música en Caracas, como lo han dicho, fue su mayor propulsor, y al aglutinar aquellos elementos dispersos, y al sistematizar la enseñanza, haciéndola accesible a los jóvenes, realizó la obra más grande del mundo musical en toda la América de entonces. Más de treinta compositores y más de 150 ejecutantes forman el balance final de sus actividades. Por esto ocupa el padre Sojo en nuestra historia musical el alto sitio de un verdadero patriarca del arte”.

Entre los grandes nombres de la escuela del padre Sojo figuran, entre otros, José Manuel Olivares, Cayetano Carreño (hermano de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar), Lino Gallardo, Juan José Landaeta (autor oficial de la música del Himno Nacional venezolano) y el personaje que aquí nos ocupa: José Ángel Lamas.


Un compositor discreto

Nacido en la caraqueña parroquia de Altagracia el 2 de agosto de 1775, José Angel Lamas dedicó su vida a la música con una dedicación absoluta. Su breve existencia transcurrió sin grandes sobresaltos. A juicio de Calcaño, “nos lo imaginamos silencioso, algo retraído, un claro ejemplar de introvertido (…) de carácter tranquilo y algo melancólico”. Durante la mayor parte de su vida trabajó en la Catedral de Caracas, donde fue intérprete de bajón, un antecesor del fagot moderno. Se casó a los 27 años con Josefa María Sumosa y tuvo tres hijos.  

Se conservan unas cuarenta y dos partituras de José Ángel Lamas, todas de carácter religioso, lo que lo convierte en el más prolífico de los músicos coloniales venezolanos. La más conocida es el “Popule Meus” para coro y solista, que Lamas culminó a la edad de 26 años e interpretó por primera vez en la Catedral de Caracas el Viernes Santo de 1801.

 Partitura y leyendas

El “Popule Meus” como composición musical se remonta a la Edad Media. Se engloba dentro de los llamados “Improperios”, una serie de cantos antifonales de preguntas y respuestas compuestos de citas de la Biblia en griego y en latín en las que Dios (o Cristo) se queja de la “ingratitud” del pueblo judío. Suele interpretarse en el oficio de Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz.


La partitura de Lamas, de ocho minutos de duración, se centra en el comienzo del “Improperio”, titulado “Popule Meus” por sus primeros versos, inspirados en el capítulo 6 de Libro de Miqueas, uno de los profetas del Antiguo Testamento. La traducción española del texto latino original sería la siguiente: “Pueblo mío, ¿qué te hecho? ¿en qué te he entristecido? ¡respóndeme!” / “Porque te saqué de la tierra de Egipto, preparaste una cruz para tu salvador”.

Desde su primera ejecución, la pieza logró una popularidad tal que hasta hoy se sigue interpretando a lo largo de la Semana Santa venezolana. Como se conoce tan poco acerca de la vida de Lamas, surgieron algunas leyendas sobre la composición del “Popule Meus”. Una de ellas, enfáticamente desmentida por el historiador José Antonio Calcaño Calcaño, asegura que el maestro la interpretó estando ebrio e incluso improvisó buena parte de su partitura con un violín.

Otra historia, quizás la más conocida, asevera que el “Popule Meus” se toca todos los Viernes Santos en la Capilla Sixtina del Vaticano. No obstante, a comienzos de la década de 1930 el entonces embajador venezolano ante la Santa Sede, Esteban Gil Fortoul, constató que la obra de Lamas nunca ha figurado en los archivos musicales del Vaticano.

Los últimos días del maestro

José Ángel Lamas se mantuvo ajeno a las turbulencias políticas de sus últimos años. La música siempre fue su única prioridad. Esto quizás explica el hecho de que, a diferencia de muchos de sus compañeros de profesión, su nombre no sonara entre los participantes de los hechos del 19 de abril de 1810 y el posterior desarrollo de la guerra de independencia. Ni siquiera el temible caudillo realista José Tomás Boves, que entró en Caracas en julio de 1814 y sometió a la ciudad a una orgía de sangre y muerte, se dignó meterse con el maestro.


Boves murió de un lanzazo durante la batalla de Urica, el 5 de diciembre de 1814. Lamas falleció apenas cinco días más tarde, a la edad de 39 años.  Una leyenda asegura que el compositor alcanzó a interpretar el “Réquiem” de Mozart en los funerales del jefe realista. Pero de nuevo la historia desmitifica a la ficción, ya que las exequias de Boves tuvieron lugar en febrero de 1815, dos meses después de la muerte del autor del “Popule Meus”.   

Lamas murió en la pobreza, por lo que hicieron falta limosnas para pagar su funeral. Fue sepultado en la Ermita de San Pablo el Ermitaño, ubicada a pocas cuadras de su humilde vivienda y donde también estaba alojada una imagen colonial de Cristo con la cruz a cuestas conocida como “Nazareno de San Pablo”.


 Décadas más tarde, en 1876, el presidente Antonio Guzmán Blanco demolió la Ermita para edificar un fastuoso teatro al que dio su nombre, pero que hoy es conocido como Teatro Municipal. Al Nazareno hubo que construirle un nuevo santuario, la actual iglesia de Santa Teresa y Santa Ana, donde permanece hasta nuestros días. Pero tanto la tumba como los huesos de José Ángel Lamas se perdieron, quizás para siempre.


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