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Una tradición rica y ancestral

Orígenes y costumbres del Año Nuevo

El Año Nuevo tal como lo conocemos hoy se originó en la antigüedad y las formas de celebrarlo varían en todo el mundo. 

  • MICHAEL NISSNICK

31 de diciembre de 2017 06:00 AM

Actualizado el 08 de enero de 2018 09:13 AM

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Los romanos fueron los primeros en celebrar el #añonuevo el 1 de enero.

El papa Gregorio XIII estableció el actual #calendario en 1582. 

Michael Nissnick

Caracas.-Solemos pensar que el año nuevo siempre ha empezado el primero de enero. No obstante, la actual fecha de inicio del calendario se institucionalizó definitivamente tras miles de años de experimentos, tanteos, errores y aciertos astronómicos.

A la espera del 2018, conozcamos mejor esta fascinante historia. Y de paso echemos un vistazo a varias curiosidades sobre las celebraciones de fin de año en todo el mundo.

La antigua Roma y el calendario

Un viejo dicho afirma que todos los caminos conducen a Roma.  Esta frase es muy cierta cuando hablamos de los dos grandes calendarios que han medido el tiempo en Occidente y buena parte del mundo durante los últimos dos milenios.

El primero de ellos se llama “calendario juliano” en honor a su creador, Julio César, militar y dictador romano. Para mediados del siglo I antes de Cristo, el calendario romano era un auténtico caos debido las sus muchas inexactitudes y constantes ajustes, lo que hacía muy complicada su aplicación y comprensión.  


Con la ayuda del astrónomo Sosígenes de Alejandría, César efectuó una reforma radical del calendario en el año 46 antes de Cristo. Inspirándose en los egipcios, el dictador estableció un calendario solar de 365 días repartidos a lo largo de los doce meses que conocemos hoy, a los que se sumaba un día extra cada cuatro años a finales de febrero, origen del actual año bisiesto.  

Asimismo, estableció el 1 de enero como inicio del nuevo año en lugar del tradicional primero de marzo. Y en un arranque de conmovedora modestia, rebautizó el mes de su nacimiento, “quintil”, con su propio nombre, que aún lleva hasta hoy: “julio”.


El calendario juliano resultó ser muy eficiente y  exacto durante mucho tiempo. Pero todavía tenía fallas importantes que solo se hicieron notar tras varios siglos. El número de días del calendario superaba a los del año solar en un cuarto de día, lo que llevó a un desfase anual de once minutos y 14 segundos que para finales del siglo XVI ya se traducían en diez días, por lo que las fiestas centrales del catolicismo como la cuaresma y la Semana Santa se vieron desplazadas de sus fechas habituales. El máximo dirigente de la Iglesia decidió entonces intervenir para enderezar el entuerto.  

El papa y el calendario

El Vaticano es un lugar repleto de turistas. Pero entre las secciones cerradas a los visitantes destaca la segunda estructura más alta de este pequeño estado tras la basílica de San Pedro. Mide setenta y tres metros, se ubica cerca de la Capilla Sixtina y se la conoce como “la Torre de los Vientos”.

En su interior hay una pequeña sala bellamente decorada con frescos renacentistas. En la pared sur un agujero ubicado a cinco metros de altura deja entrar la luz solar. En el suelo está dibujado un meridiano. Aquí entró a comienzos de 1582 el papa Gregorio XIII para tomar la decisión que determinaría hasta hoy nuestra forma de medir los meses y los años.


Ya para entonces se sospechaba que el calendario juliano estaba equivocado, pues el equinoccio de primavera, en vez de ocurrir el 21 de marzo (día en el que también se celebraba el año nuevo en esa época) había tenido lugar diez días antes. ¿La razón? los once minutos y pico anuales acumulados a lo largo de más de mil doscientos cincuenta años pasaban factura.


El experimento de la Torre de los Vientos corroboró la sospecha: si el calendario de César hubiera sido preciso, el rayo solar que entra a través de la pared al mediodía habría caído dentro de los límites del meridiano trazado en el suelo. En su lugar, cayó sesenta centímetros más afuera.


Gregorio XIII optó entonces por suprimir diez días del mes de octubre de ese año. He aquí la razón por la que Teresa de Ávila, la gran santa y mística española, falleció el 4 de octubre y fue enterrada al día siguiente…once de octubre de 1582.


Asimismo, el pontífice retomó  a los antiguos romanos y estableció definitivamente el 1 de enero como inicio del nuevo año. También mantuvo los bisiestos cada cuatro años y, para prevenir nuevos desajustes, decidió que de aquellos años que iniciaran un siglo solo fueran bisiestos los divisibles entre cuatrocientos. Por ende, han sido bisiestos los años 1600 y 2000, pero no los años 1700, 1800 y 1900.

Por último, el papa adoptó el nacimiento de Jesús como referencia para el cómputo histórico. De esta decisión provienen nuestros actuales “antes de Cristo” y “después de Cristo”.   

Los países no católicos tardaron siglos en adoptar el calendario gregoriano. Rusia lo hizo en 1918, Grecia en 1923 y China en 1949. Inglaterra y los actuales Estados Unidos no lo hicieron hasta 1752, de lo que deriva otra curiosidad: se suele afirmar que los grandes escritores Miguel de Cervantes y William Shakespeare fallecieron el mismo día, 23 de abril de 1616. Pero esto no es del todo cierto, ya que España utilizaba el calendario del papa, pero Inglaterra aún se regía por el de Julio César. Por ende, si bien Cervantes fue enterrado el 23 de abril, Shakespeare en realidad falleció unos días más tarde, el 3 de mayo.

Costumbres, lugares y tradiciones

La actual fiesta de año nuevo contempla infinidad de costumbres y rituales según cada cultura, entre ellas las famosas “doce uvas”. No es una tradición muy antigua, pues tiene poco más de un siglo. Una de las explicaciones más populares sobre su origen apunta a una estrategia comercial de varios viticultores alicantinos para vender el excedente de uva cosechada durante el año.   


Cada ciudad tiene su manera de recibir el nuevo almanaque. Algunas de estas celebraciones tienen repercusión mundial gracias a su difusión masiva en los medios de comunicación. Quizás el más famoso sea la del Times Square de Nueva York, donde millones de espectadores asisten a la caída de una bola luminosa durante el minuto inmediatamente anterior a la medianoche. Al estallar el nuevo año, una lluvia de papelillos cae sobre la multitud.

Esta costumbre la originó en 1907 Adolph Ochs, entonces director del diario The New York Times. En sus comienzos la bola era de metal y madera y tenía 100 bombillos tradicionales. Desde entonces ha tenido varios cambios. El modelo actual mide 3,70 metros y cuenta con más de dos mil triángulos de cristal instalados en 672 módulos LED.

Otro evento de Nochevieja mediático, sobre todo en países de habla hispana, es la celebración en la Puerta del Sol de Madrid frente a la Torre de la Real Casa de Correos, cuyo reloj fue donado por José Rodríguez Losada en 1866. Empezó a ser televisada en 1966.


El año nuevo se celebra en casi todo el mundo. Pero, ¿en qué lugares llega primero y en cuáles llega de último? La respuesta a ambas preguntas se encuentra en la inmensidad del Océano Pacífico. La isla de Kirimati (también conocida como “Isla Navidad”), ubicada en el archipiélago-república de Kiribati y con una población de poco más de 5 mil 500 habitantes, tiene el primer huso horario del planeta, por lo que tuvo el honor de inaugurar antes que nadie el nuevo almanaque hasta 2007, cuando se le unieron las islas de Samoa y Tokelau gracias a reformas horarias adelantadas por sus respectivos gobiernos.


Asimismo, otra Samoa, en este caso la Samoa Americana, tiene el último huso horario de la tierra, por lo que se encarga de cerrar las celebraciones iniciadas por sus compañeras oceánicas.  

Estén donde estén, feliz 2018 a todos.

Twitter: @mhnissnick

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