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La arqueología lo avala

Los vikingos en América: cinco siglos antes de Colón

Cristóbal Colón no fue el primer europeo en llegar al Nuevo Mundo. Existe evidencia de expediciones vikingas a Norteamérica efectuadas hacia el año 1000 de nuestra era. 

 Encuentro entre vikingos e indígenas. (Cortesía: spangenhelm.com)

  • MICHAEL NISSNICK

12 de octubre de 2017 06:00 AM

Actualizado el 13 de octubre de 2017 10:57 AM

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Los #vikingos exploraron la costa este del actual #Canadá. 

El primer asentamiento #vikingo en #América se descubrió en la década de 1960. 

Caracas.-Este 12 de octubre se cumple un nuevo aniversario de la primera llegada de Cristóbal Colón a América. A esta jornada se le han dado numerosos nombres (no es necesario recordarlos aquí), pero su importancia histórica es incuestionable, pues supuso el primer encuentro entre dos culturas que hasta entonces no habían tenido contacto alguno.  


¿O no fue así? Aunque el viaje de Colón al Nuevo Mundo fue el “definitivo”, el que puso a nuestro continente en el mapa y la historia mundiales, estuvo lejos de ser el primero, ya que existen relatos de otras muchas travesías que arribaron a América siglos, o incluso milenios, antes que el navegante genovés hiciera su célebre trayecto.  

Por ejemplo, algunos piensan que los fenicios, pueblo semita de navegantes y comerciantes establecido en las actuales Siria y Líbano, pudieron llegar a Sudamérica seis siglos ante de Cristo.

Otros creen que el monje budista Hui Shun navegó en el siglo V después de Cristo hasta los actuales México y Centroamérica. Y hay quien defiende que el almirante chino Zheng He (posible inspiración del personaje de Simbad el Marino), pudo arribar a las Bahamas a comienzos del siglo XV al mando de su gigantesca “Flota del Tesoro”.


Otra posibilidad seductora es la del monje irlandés del siglo VI san Brandan, quien se embarcó con catorce compañeros para buscar el Paraíso Terrenal. Tras navegar siete años a través del Atlántico y vivir numerosas aventuras (entre ellas una misa celebrada sobre una ballena), los religiosos habrían arribado a las costas de Terranova, en Canadá, región sobre la que volveremos más adelante.   

Todas estas historias son fascinantes, pero tienen en contra la falta de evidencias arqueológicas sólidas que las sustenten. No pasa lo mismo con los vikingos, cuya presencia en el Nuevo Mundo hace un milenio está más que comprobada.

Saqueadores, emprendedores y colonizadores

Los vikingos, pueblo de origen escandinavo, gozan hasta hoy de mala fama por su faceta de sanguinarios saqueadores de pueblos, ciudades y monasterios. Países como Inglaterra, Irlanda, Francia y hasta la lejana Turquìa pueden dar fe de sus tropelías. Pero no es menos cierta su labor civilizadora. A ellos se debe la fundación de Dublín, actual capital irlandesa, el poblamiento de la Normandía francesa y el germen de la moderna Rusia. De hecho, se les llamaba “rus” en Europa del este.


Su constante necesidad de nuevas tierras llevó a los vikingos a expandirse en numerosas direcciones, entre ellas en Atlántico Norte. Se establecieron en Islandia en el año 800 y en el 930, los distintos clanes vikingos que hacían vida en dicha isla conformaron el “Althing”, que todavía existe hasta hoy y es considerado el parlamento más antiguo del mundo.  

Como el Althing se encargaba de resolver asuntos judiciales, en el año 980 debieron decidir la suerte del irascible noruego Erik el Rojo, culpable de crímenes fatales en su país natal y en la propia Islandia. La asamblea lo sentenció a tres años de destierro de la isla.  


Erik no se dejó amilanar por este percance. Como había oído historias acerca de territorios inexplorados en el oeste, se embarcó en esa dirección y arribó a una isla que recorrió durante los siguientes tres años y en la que encontró algunos terrenos fértiles, aunque la mayor parte del lugar estaba cubierto de hielo. Como necesitaba hacerlo atractivo para potenciales colonos, Erik le dio el nombre que tiene hasta hoy: “Groenlandia”, es decir, “tierra verde”. Es la isla más grande del mundo y forma parte de la actual Dinamarca como región autónoma.


Erik el Rojo se estableció con su esposa y sus hijos en un lugar llamado Brattahlind, al suroeste de Groenlandia. La existencia de este lugar se ha comprobado arqueológicamente. Logró traer a cerca de cuatrocientos inmigrantes, quienes escogieron a Erik como su jefe.   


Pocos años después, llegó a Groenlandia un joven llamado Bjarni Herjulfsson, quien habló de una serie de tierras nuevas que avistó en el oeste tras perderse durante una tormenta, aunque no llegó a desembarcar en ellas.  Esta historia llamó la atención del hijo mayor de Erik, Leif Erikson, apodado “el Afortunado”. Decidido a explorar esos territorios misteriosos, Leif le compró su barco a Bjarni, reclutó a 35 tripulantes y ofreció a su padre el mando de la expedición.  Erik el Rojo aceptó a regañadientes, pero se rompió la pierna tras caerse de su caballo mientras se dirigía al barco. Convencido de que aquello se trataba de un augurio, optó por quedarse y cedió a su hijo la jefatura de la travesía.  

Viaje y descubrimiento

Hacia el año 1000 de nuestra era, Leif Erikson y sus compañeros iniciaron su viaje desde Groenlandia. Tiempo después avistaron tierra. Las sagas vikingas que narran estos hechos (escritas dos siglos después de la muerte de Leif) describen así este primer territorio: “no había pasto a la vista, el interior estaba cubierto de grandes glaciares, y entre los glaciares y la costa, la tierra semejaba una inmensa laja. El país les pareció estéril y sin valor alguno”. Leif lo llamó Helluland, es decir, “tierra de rocas planas”.


Los viajeros continuaron navegando y llegaron a otro “país”, descrito como “llano y arbolado, con blancas playas de arena por doquier, y la tierra se inclinaba suavemente hacia el mar”. Leif lo llamó Markland, que significa “tierra de bosques”.


Dos días más tarde, la expedición arribó a un nuevo destino. Tras desembarcar, los aventureros  probaron el rocío que humedecía la hierba y lo encontraron “más dulce que la miel”. Exploraron la zona y decidieron construir cabañas para pasar el invierno que se avecinaba. Se sentían maravillados a medida que conocían aquel lugar: clima benigno, abundancia de madera, campos de trigo silvestre, ríos y lagos repletos de “los salmones más grandes que habían visto nunca” y vides con uvas dulces. Leif decidió darle a este territorio un nombre “que recordara las excelencias que su naturaleza ofrecía”: Vinland, que por lo general se traduce como “tierra de viñas”, aunque algunos expertos se decantan por “tierra de prados”.  


En la actualidad se identifica a estos tres lugares como otros tantos puntos de la costa este de Norteamérica. Helluland sería la isla de Baffin, la más grande de Canadá, y Markland la costa canadiense de Labrador.


La ubicación de Vinland ha generado cierta controversia, aunque hay consenso en que la mejor candidata es la isla canadiense de Terranova.  La arqueología ha corroborado esta atribución. A comienzos de la década de 1960, el explorador noruego Helge Ingstadt examinó unas supuestas ruinas indias ubicadas en L'Anse aux Meadows (“La ensenada de las medusas”) en la punta norte de Terranova.  Las excavaciones de Ingstadt sacaron a la luz ocho construcciones con las mismas características arquitectónicas de las viviendas vikingas europeas. También hallaron ochocientos objetos, entre ellos utensilios de cocina y clavos de hierro.  El carbono 14 dató estos hallazgos entre los años 980 y 1020, confirmando así la presencia europea en el Nuevo Mundo cinco siglos antes de que Cristóbal Colón tuviera su momento de gloria aquella mañana del 12 de octubre de 1492.  

Tras el regreso de Leif a Groenlandia, sus familiares continuaron la exploración de los nuevos territorios. El siguiente en viajar a Vinland fue su hermano Thorvald Erikson, quien protagonizó los primeros encuentros con los nativos de la zona e incluso murió en un enfrentamiento con ellos. Las sagas nórdicas los llaman “skraelings” (“gente inferior”) y los describen como “oscuros y muy mal parecidos. El pelo de las cabezas era feo y tenían ojos grandes y anchas mejillas”. Hoy se cree que estos indígenas probablemente pertenecían a la etnia algonquina.


Luego de Thorvald vinieron su hermano Thorsteinn Erikson y su cuñado Thorfin Karlsefini. La esposa de éste último, Gudrid, dio a luz en Vinland a su hijo Snorri Thorfinnsson, considerado el primer europeo nacido en América del que se tiene noticia.


Por desgracia, el asentamiento nórdico en América nunca prosperó. Aunque los vikingos de Groenlandia siguieron acudiendo a Vinland durante los tres siglos siguientes para abastecerse de madera, el enfriamiento del clima y el acoso de las tribus locales llevaron al definitivo abandono del lugar entre finales del siglo XIV y comienzos del XV.


Leif Erikson es un personaje muy querido y respetado a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos se celebra cada 9 de octubre el “Día de Leif Erikson” y en 1930 el pueblo estadounidense regaló a Islandia una estatua del famoso navegante nórdico, que hoy se alza frente a la moderna iglesia luterana de Hallgrimur, el edificio más alto de Reikiavik, la capital islandesa.


El mencionado L'Anse aux Meadows (declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978) fue el único asentamiento vikingo hallado en América hasta 2016, cuando se hizo público el descubrimiento mediante satélites infrarrojos de una posible herrería vikinga en Point Rosee, también en Terranova. Las excavaciones en este nuevo hallazgo continúan hasta hoy.


Twitter: @mhnissnick

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