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Tiene más de dos milenios de antigüedad

La Gran Muralla China: historia y leyendas

El estreno en Venezuela de la película “La Gran Muralla”, protagonizada por Matt Damon, es una buena excusa para conocer un poco más acerca de una de las estructuras más grandes construidas por el hombre. 

 Escena de la película La Gran Muralla. (Cortesía: mirror.co.uk)

  • MICHAEL NISSNICK

25 de febrero de 2017 06:00 AM

Actualizado el 22 de marzo de 2017 11:47 AM

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La #película “La Gran Muralla” es la más cara rodada en #China

La #GranMurallaChina mide más de 21 mil kilómetros de longitud

Caracas.-Desde este viernes 24 de febrero se exhibe en Venezuela “La Gran Muralla”, cuyos 150 millones de dólares de presupuesto la convierten en la película más cara rodada en territorio chino.

Dirigida por el veterano Zhang Yimou, esta coproducción chino-estadounidense sigue a dos mercenarios europeos (interpretados por Matt Damon y el chileno Pedro Pascal) que llegan a China durante la Edad Media para obtener pólvora, pero terminan inmersos en una lucha contra terribles monstruos devoradores de carne humana que tiene su epicentro en el monumento que da nombre a la cinta, el más impresionante jamás realizado en la historia del país asiático.  

Aunque no es posible verla desde la luna, como todavía se afirma a veces, la Gran Muralla China sigue siendo uno de los mayores logros de la inventiva humana, y su construcción ha dado pie a numerosas leyendas. En los siguientes párrafos hablaremos de la larga y accidentada historia de esta obra extraordinaria.

El nacimiento de un imperio

A mediados del siglo III antes de Cristo (a.C.), la nación que hoy llamamos China llevaba varias centurias envuelta en una larga lucha entre siete reinos feudales rivales que ya empezaban a mostrar signos de agotamiento. A este período de la historia del país se le conoce con el nombre de “Reinos Combatientes”.


Uno de esos reinos era el de Qin (se pronuncia “Chin”), que gracias en parte a sus defensas naturales no había resultado tan perjudicado por la guerra como sus rivales. En el año 246 a.C. llegó al trono de Qin un joven de apenas trece años de edad llamado Zhao Zheng, quien desde el comienzo se comprometió a unificar el país bajo un único mando, por lo que dedicó los siguientes años a prepararse para esta tarea.

En 230 a.C, el rey de Qin lanzó su adiestrado ejército de un millón de hombre contra los seis reinos rivales. Los fue absorbiendo uno a uno hasta lograr la unificación del país nueve años más tarde. La exaltación de Zhao Zheng, entonces de 38 años, era tan grande que asumió el pomposo título por el que se le conoce en la actualidad: Qin Shi Huang Di, es decir, “Divino Primer Emperador de Qin”. De su nombre derivaría con el tiempo el de una nación entera: CHINA.


Reformismo y megalomanía

Tras la unificación política, Qin Shi Huang se entregó a la tarea de organizar su nuevo imperio. Suprimió el feudalismo, unificó los pesos y medidas, simplificó la lengua y la escritura y estableció una única moneda de curso legal. Asimismo, construyó una red de carreteras superior en extensión a las del imperio romano.

Pero junto a esta faceta de civilizador, el Primer Emperador también exhibió un comportamiento despótico que nada tiene que envidiarle al de los totalitarismos modernos. No en balde sus biógrafos afirmaron que tenía “el corazón de un tigre y de un lobo”. Su megalomanía lo llevó a decretar la abolición de toda la historia anterior a él. Aconsejado por su Primer Ministro Li Si, hizo quemar miles de obras clásicas de la literatura y filosofía chinas de los siglos previos (entre ellas los trabajos del gran filósofo Confucio) y conservar únicamente los libros de materias técnicas como medicina y agricultura. Asimismo, se dice que hizo enterrar vivos a más de cuatrocientos filósofos confucianos rivales. No por casualidad Mao Tse Tung reivindicó su legado milenios más tarde.

Obsesionado con la idea de evitar la muerte, Qin Shi Huang se rodeó en sus últimos años de adivinos y nigromantes que le suministraban potajes hechos con sustancias tóxicas como mercurio para lograr la vida eterna. Pero solo lograron perturbarle la razón y acabar con su existencia en el 210 a.C. tras apenas once años de reinado imperial y con solo cuarenta y nueve de edad. Aunque su dinastía se extinguió poco después, su influencia fue duradera, pues China seguiría siendo gobernada por emperadores durante los siguientes dos milenios, hasta la caída del último de ellos en 1912.

En 1974, unos campesinos chinos que buscaban agua dieron con el impresionante complejo funerario del Primer Emperador, el más grande jamás construido, pues alcanza las dimensiones de Manhattan. Su parte más conocida es la que alberga el famoso ejército de ocho mil guerreros de terracota de tamaño natural (ninguno igual al otro), destinado a custodiar la entrada de la tumba por toda la eternidad.

La cámara mortuoria de Qin Shi Huang, ubicada bajo un túmulo artificial de cuatrocientos metros de altura, aún no ha sido excavada, pero fuentes antiguas afirman que en su interior hay joyas de valor incalculable, ríos y mares de mercurio líquido y ballestas listas para dispararse solas ante cualquier intento de profanación. El valiente que algún día ingrese en ella deberá contar con todas las destrezas de un nuevo Indiana Jones.


La Gran Muralla

Buena parte de la fama actual de Qin Shi Huang Di se debe a su empeño de edificar una enorme muralla de miles de kilómetros que protegiera su imperio de las incursiones de las tribus nómadas del norte, siempre ansiosas de lanzarse sobre las fértiles tierras de cultivo chinas.


La cultura china estuvo asociada a las murallas desde sus comienzos. De hecho, la palabra china para “ciudad” es la misma que para “muralla”. Mucho antes del Primer Emperador, los distintos reinos edificaron sus propias redes de fortificaciones para protegerse de sus rivales o contra amenazas externas. La Gran Muralla edificada por Qin Shi Huang terminó de una u otra forma integrándolas a todas.

Aunque el Primer Emperador inició la construcción de la Gran Muralla en el siglo III antes de Cristo, el proceso se extendió durante milenios, hasta el siglo XVII de nuestra era. Se calcula que durante todo ese tiempo unas 950 mil personas (principa,mente prisioneros y reclutados a la fuerza) trabajaron en su edificación.

Sobre la muralla circulan muchas leyendas que dan fe de la crueldad del Primer Emperador chino. Una de ellas considera a este lugar “el mayor cementerio del mundo” debido a que supuestamente aquellos trabajadores que morían eran sepultados dentro de la muralla y usados como material de construcción. Otra historia refiere que el emperador enterró vivo en ella a un hombre cuyo nombre incluía el símbolo chino de diez mil porque un adivino le había pronosticado al gobernante que la muralla solo sería terminada si se enterraban vivas a diez mil personas en su interior.

Una famosa historia, muy recordada todavía hoy en poemas y canciones, habla de una mujer llamada Meng Jiangnu, cuyo marido fue obligado a trabajar en la muralla. Meng se dedicó por mucho tiempo a buscar a su esposo hasta que le informaron que éste había muerto y se le había enterrado en la estructura. El llanto de la mujer fue de tal intensidad que logró derrumbar un sector entero del muro, dejando al descubierto los huesos de su marido.

Más allá de estas historias, muchas sin duda exageradas (aunque con alguna base real), aún existen algunas creencias erróneas asociadas a esta soberbia estructura.

Por ejemplo, no existe una única Gran Muralla serpenteando de forma uniforme por el paisaje del norte de China. En realidad se trata de una combinación de tramos, ampliaciones y modificaciones realizados por diversos gobernantes y dinastías y con distintos propósitos a lo largo de los siglos.

Tampoco se la puede ver desde la luna. Esta idea apareció por primera vez en el siglo XVIII, mucho antes que el hombre pisara por primera vez nuestro satélite. Lo cierto es que son necesarios aparatos de alta resolución para divisar la muralla en el espacio.

Su aspecto actual no es el mismo que tuvo en sus comienzos. De la muralla original del siglo III antes de Cristo quedan pocos rastros, pues fue fabricada de una forma muy rudimentaria, compactando con agua varias capas de tierra y juncos entre dos paredes de ladrillo y piedra hasta que adquiriera solidez.

La posterior Dinastía Ming (1368-1644) es la responsable de la maciza apariencia con almenas y torres de vigilancia que tiene la muralla en nuestros días, ya que sus gobernantes fabricaron grandes cimientos de granito, edificaron sobre ellos muros de ladrillo de gran altura y grosor, rellenaron la parte central de la estructura con tierra compacta y la cubrieron con ladrillos para formar la calzada. Hoy la muralla tiene en promedio siete metros de altura y cinco de ancho.

Con respecto a su longitud total, ha sido motivo de controversia durante mucho tiempo, pues depende en buena medida de las secciones del muro que se tomen en cuenta o se descarten a la hora de hacer la medición. En 2012, un estudio realizado por investigadores chinos arrojó el increíble total de 21 mil 196 kilómetros. 

Aunque no se puede hablar de un final de la muralla propiamente dicho, a veces se le asigna este rol a la llamada “Cabeza del Viejo Dragón”, un tramo de 23 metros construido en el siglo XVII que se interna en las aguas del Mar Amarillo, al noreste de China.


Por mucho tiempo, la muralla no fue motivo especial de orgullo para los chinos, quienes la consideraban un símbolo de opresión feudal.  Pero las cosas empezaron a cambiar cuando los occidentales empezaron a visitar masivamente la nación asiática en el siglo XIX y manifestaron su admiración por la estructura, lo que llevó a su revalorización.

Hoy la Gran Muralla es el monumento más famoso de China. Aparece en la letra del himno nacional del país, más de trescientos jefes de Estado han caminado en ella y recibe un promedio de 50 mil 533 visitantes diarios, principalmente en la zona de Badaling (al norte de Beijing), la más conocida de las 16 secciones de la muralla abiertas al público.


La Gran Muralla es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987 y en 2007 pasó a formar parte de las “Nuevas Siete Maravillas del Mundo”, junto a monumentos como el Taj Mahal de la India, el Coliseo de Roma o la ciudad de Machu Picchu de Perú. Asimismo, ha inspirado obras literarias como el cuento “La muralla china” (1919), de Franz Kafka, y el ensayo “La muralla y los libros” (1950), de Jorge Luis Borges.

En 1988, los famosos artistas de performance Marina Abramovic y Ulay la escogieron como escenario para terminar su relación amorosa y profesional: cada uno caminó 2 mil 500 kilómetros desde puntos opuestos de la muralla (ella desde el Mar Amarillo, él desde el desierto de Gobi), hasta encontrarse en el centro del monumento, donde se abrazaron... y se dijeron adiós.

Twitter: @mhnissnick

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