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Los pueblos celtas ya lo celebraban

El fascinante origen del Halloween

El Halloween actual nació en Estados Unidos, pero sus orígenes se remontan a ceremonias celebradas por los antiguos celtas varios siglos antes de nuestra era y posteriormente asimiladas por el imperio romano y el cristianismo. 

 El Samhain celta es el más remoto antecesor del Halloween moderno (Cortesía: www.zinemaniacos.com)

  • MICHAEL NISSNICK

31 de octubre de 2016 10:36 AM

Actualizado el 24 de enero de 2017 16:02 PM

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Los antiguos #celtas creían que los #muertos vagaban por el mundo la noche del 31 de #octubre

La palabra #Halloween deriva de la expresión en inglés antiguo para "Víspera de Todos los Santos"

Caracas.-La noche de Halloween, celebrada cada 31 de octubre, es una fiesta laica, lúdica e inofensiva. Sus fantasmas no asustan y sus monstruos no inspiran miedo. Son una excusa para que niños y adultos (sobre todo los primeros) pasen unas horas de diversión y se hagan con una buena cantidad de golosinas.

Pero en sus más remotos orígenes, lo que hoy llamamos Halloween encarnó dos de los mayores miedos de la especie humana: La muerte y el hambre. A continuación hablamos del fascinante y milenario trayecto que convirtió unas antiguas ceremonias agrarias en el “trick or treat” de nuestros días.

Festival celta

Las primeras civilizaciones de la humanidad se movían en función de los cambios estacionales. Por ello, todas contaban con ritos propiciatorios destinados tanto a agradecer las buenas cosechas como a prevenir los males causados por su falta. El riesgo de este último escenario aumentaba a medida que llegaba el invierno: los días se acortaban, las noches se alargaban, la naturaleza y sus ritmos se volvían más lentos y la oscuridad se incrementaba.

Entre los pueblos más expuestos a este tipo de situaciones estaban los celtas, quienes dominaron buena parte de Europa Occidental hace unos dos mil 700 años. Tuvieron una importante presencia en Suiza, Francia, Alemania, el norte de España y sobre todo en Inglaterra, Gales e Irlanda, donde mejor se preservaron sus tradiciones antes de expandirse por el resto del mundo.


Para los celtas, el año se dividía en dos mitades: una luminosa (primavera y verano), en la que se sembraban y cosechaban los frutos de la tierra; y la otra oscura, correspondientes al otoño y al invierno. La noche del 31 de octubre, como preparación para los rigores invernales, los celtas celebraban su año nuevo mediante una ceremonia llamada "Samhain", palabra que significa en gaélico “fin del verano”.

En aquella jornada, se pensaba que las fronteras entre el mundo de los vivos y los muertos se debilitaban, por lo que los espíritus vagaban por la tierra y se acercaban a los humanos. Por ende, un elemento central de los rituales del Samhain era el encendido de grandes hogueras al aire libre y la colocación de pequeñas luces, comida y dulces en las ventanas de las casas para recibir a sus familiares y amigos fallecidos, así como guiarlos en su camino de regreso al reino de la muerte.

Pero no solo espíritus benévolos vagaban esa noche. Como también rondaban espectros demoníacos, los celtas usaban máscaras de aspecto terrorífico para confundirlos.

Quizás fue el escritor estadounidense Ray Bradbury el que mejor resumió la esencia de esta fecha mágica en su novela de 1972 “El Árbol de las Brujas”: “Noche y día. Invierno y verano. Tiempo de sembrar y tiempo de recoger. Vida y muerte. Todo eso sintetizado en una sola noche”.

A finales del siglo I antes de Cristo, buena parte de los territorios celtas fueron conquistados y absorbidos por el imperio romano, quienes por las mismas fechas del Samhain celebraban la fiesta de la diosa de los frutos, Pomona, a la que agradecían por la cosecha recolectada durante el año. Como la religión romana era incluyente y abierta a adoptar nuevos dioses e incluso fusionarlos con los propios, la preservación de legado celta estaba asegurada. 

Santos y cristianismo

A partir del siglo IV de nuestra era, el cristianismo desplazó al culto politeísta romano y se erigió como la principal potencia cultural  de Occidente.

Como estrategia de evangelización, los misioneros no eliminaron del todo los viejos cultos paganos, sino que mantuvieron su estructura al tiempo que les incorporaban elementos cristianos. El papa Gregorio Magno lo tuvo claro en el siglo VI: “No hay que destruir los templos paganos de ese pueblo, sino únicamente los ídolos que hay en los mismos (…) porque si tales templos están bien construidos, perfectamente pueden transformarse de una morada de los demonios en casas del Dios verdadero, de manera que si el mismo pueblo no ve destruidos sus templos, deponga de su corazón el error, reconozca el verdadero Dios y acuda a los lugares habituales según su vieja costumbre”.

Un paso importante al respecto lo dio el papa Bonifacio IV en el año 609 al consagrar el Panteón, un antiguo templo romano dedicado a todos los dioses, al culto de la Virgen y santos de la cristiandad. Este hecho tuvo lugar el 13 de mayo no por casualidad, pues en esa fecha los romanos conmemoraban la lemuralia, cuando los espectros de los muertos en desgracia rondaban por el mundo. Se efectuaban ritos familiares para ahuyentarlos y por esos días se cerraban los templos y no se hacían fiestas o matrimonios.

El 13 de mayo fue, pues, la primera jornada de celebración del Día de Todos Los Santos.

Poco más de un siglo después otro pontífice, Gregorio III, mudó esta festividad a su fecha actual, 1 de noviembre, en parte para cristianizar al Samhain pagano, que aún tenía gran fuerza en el norte de Europa. Posteriormente se añadió el 2 de noviembre para conmemorar a los Fieles Difuntos.

Como resultado de esta medida, a la noche del 31 de octubre se la empezó a llamar “All Hallow's Eve”, que en inglés antiguo significa “Víspera de Todos los Santos”.  Esta expresión se fue acortando hasta quedar en su forma moderna: HALLOWEEN, palabra que ya aparece escrita a mediados del siglo XVIII.

La sonrisa naranja

Con el paso de los siglos, el Halloween se fue alejando de sus orígenes terroríficos y litúrgicos y se transformó progresivamente en la fiesta profana, alegre y ruidosa de nuestros días. Lo mismo ocurrió con sus elementos distintivos, entre ellas la sonriente calabaza naranja, reina absoluta de la Noche de Brujas.

Parte del Samhain celta consistía en encender luces en las puertas de las casas para recibir a los espíritus benévolos y alejar a los malignos. Como estrategia contra estos últimos, se agujereaban pequeños nabos y se colocaban velas en su interior.

Siglos después, durante el proceso de cristianización de los ritos paganos, surgió la leyenda de un rufián llamado Jack, con quien el demonio se encontró en una taberna para llevarse su alma. Jack simuló resignarse a esta suerte, pero cuando llegó la hora de pagar los tragos no tenía dinero, así que pidió al diablo que se convirtiera en moneda. El demonio accedió, pero Jack lo guardó en una bolsa con una cruz dibujada (neutralizando así sus poderes) y no lo soltó hasta sacarle la promesa de no pedir su alma en diez años.

Una década más tarde, el demonio volvió a ver a Jack en un campo y le exigió cumplir el trato de la taberna. El pillo estuvo de acuerdo, pero le pidió antes que subiera a un árbol y le buscara una manzana, pues no quería ingresar al infierno con el estómago vacío. Cuando Satán lo hizo, Jack dibujó una cruz en el tronco para impedir que el señor del inframundo bajara y le sacó una nueva promesa: no volver a pedir su alma nunca más.

Cuando finalmente Jack murió, no se le aceptó en el cielo ni en el infierno, ya que Satán debía cumplir su palabra. Pero el demonio, sintiendo piedad por aquel infeliz, le arrojó una lumbre para que no se perdiera en su camino. Jack tomó ese trozo ardiente, lo puso en un nabo perforado y lo utilizó para guiarse por las oscuras zonas intermedias entre la vida y la muerte. Pronto se le conoció como “Jack of the lantern”, o “Jack el de la linterna”.


A mediados del siglo XIX, los inmigrantes irlandeses que llegaron a Estados Unidos trajeron sus costumbres y tradiciones de Halloween, entre ellas la de rellenar nabos con velas. Pero pronto los estadounidenses dejarían de lado a este pequeño fruto en beneficio de otro mucho más grande y atractivo, cuya recolección coincidía con la Noche de Brujas: la calabaza, que a partir de allí pasó a tener el nombre que ostenta hasta hoy en lengua inglesa: “Jack- O'-lantern”.

“Trick or treat”

El Halloween moderno es ante todo una fiesta de niños, para quienes la mayor de las diversiones es lucir sus mejores disfraces mientras van de casa en casa en demanda de caramelos al grito de guerra de “trick or treat”, que aunque suele traducirse como “truco o trato”, su significado más exacto sería “dulce o travesura”.


Aunque tanto la costumbre como la expresión en su forma actual no llegan al siglo de vida, sus más remotos orígenes pueden rastrearse un buen numero de centurias en el pasado. Como se explicó más arriba, los antiguos celtas se disfrazaban y dejaban ofrendas de alimentos en sus ventanas para evitar que los malos espíritus les causaran desgracias durante el Samhain.

En la Edad Media, la iglesia instó a orar de forma especial por las almas del purgatorio durante el Día de los Fieles Difuntos el 2 de noviembre, fecha cercana a nuestra Noche de Brujas. En esa ocasión, niños y mendigos recorrían las casas e iglesias y ofrecían efectuar dicha plegaria a cambio del “soul cake” o “pastel de almas”, un bollo dulce decorado con pasas en forma de cruz.

Una fiesta inglesa celebrada desde el siglo XVII también le dio un gran impulso a esa costumbre. En 1605 un católico inglés llamado Guy Fawkes, decidido a terminar la persecución que sus correligionarios sufrían entonces en Inglaterra, planeó volar el parlamento londinense con 800 kilos de pólvora. Pero fue descubierto el 5 de noviembre, arrestado y ejecutado. Hoy Fawkes es conocido ante todo por inspirar al personaje principal de la novela gráfica adaptada al cine “V de Venganza”.

 Desde entonces, cada 5 de noviembre se conmemora la “Noche de las Hogueras” o “Noche de Guy Fawkes”, en la que se hacen travesuras, se encienden grandes fogatas y se queman muñecos con la efigie de Fawkes. Durante muchos años, los celebrantes solían usar disfraces y hostigar a los hogares católicos para exigirles comida y cerveza a cambio de no destruir sus casas. Como esta fiesta también ocurre en un día muy próximo a Halloween, no es extraño que le contagiara buena parte de su energía y rituales.

Todas estas influencias paganas y cristianas le dieron forma al Halloween actual en Estados Unidos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Y gracias a películas como “Halloween” (1978) de John Carpenter, se fue popularizando en todo el mundo.

Ahora, pon a prueba lo aprendido con el siguiente quiz:

¡Feliz Samhain y feliz Halloween para todos!

Twitter: @mnissnick

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