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Funcionaba con gran precisión

Didong Yi: el primer sismógrafo de la historia

Hace casi dos milenios , un sabio chino concibió un invento extraordinario para detectar temblores. Hoy se lo considera como el primer sismógrafo del que se tiene registro.  

 Zhang Heng y su sismógrafo. (Cortesìa: alchetron.com)

  • MICHAEL NISSNICK

21 de octubre de 2017 06:00 AM

Actualizado el 23 de octubre de 2017 14:13 PM

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El primer #sismógrafo de la historia medía dos metros de altura.

El primer #sismógrafo podía detectar #terremotos ocurridos a 500 kilómetros de distancia.

Caracas.-El reciente terremoto de México encendió las alarmas mundiales acerca del poder devastador de los movimientos que periódicamente sacuden la tierra y a menudo causan devastación y muerte.

La obsesión de detectar, medir y predecir los sismos ha sido una constante desde la antigüedad. Fue precisamente hace dos mil años, en China, donde un genio científico concibió el primer artefacto de la historia que con propiedad puede calificarse de “sismógrafo”.  En las próximas líneas conoceremos con detalle a este prodigio técnico: el “Didong Yi”.

El genio de la corte

A comienzos de la era cristiana, China estaba gobernada por la dinastía Han, quienes mantuvieron el poder durante cuatro siglos (206 antes de Cristo-220 después de Cristo) y promovieron la expansión comercial y territorial del país asiático, la adopción del confucianismo como filosofía estatal, el perfeccionamiento de los mapas y el desarrollo de grandes invenciones como la brújula, la ballesta, la pólvora y el papel.  


En medio de este panorama vivió Zhang Heng, a quien sin ninguna exageración puede dársele el mismo calificativo de “genio universal” aplicado a maestros de la talla de Leonardo da Vinci. Todo lo que sabemos de él proviene de fuentes escritas cuatro siglos después de su muerte.  Nació en el año 78 después de Cristo en la actual provincia de Henan, fue Astrónomo Jefe en la corte imperial Han y destacó en numerosas disciplinas: fue mecánico, inventor, ingeniero e incluso poeta. Y no precisamente de los malos. Basta con buscar en Google su poema “Canción de las cuatro tristezas” para disfrutar de su exquisita vena lírica.   


Las fuentes biográficas atribuyen a Zhang diversas invenciones pioneras.  Por ejemplo, tomó la esfera armilar, un antiguo invento griego para determinar la posición de los astros en el cielo, y fabricó una versión movida por un mecanismo hidráulico. La esfera daba una vuelta completa por día, y de este modo nuestro personaje pudo catalogar más de dos mil quinientas estrellas y 124 constelaciones. Sus logros en materia astronómica no terminan aquí, pues participó en la construcción de uno de los observatorios más antiguos del mundo e hizo acertadas observaciones sobre la naturaleza de los eclipses, la luz lunar y otros fenómenos celestes. No en vano un cráter lunar y un asteroide llevan su nombre hoy.


Zhang Heng también diseño un carro que funcionaba mediante un sistema de engranajes. En su parte alta tenía dos figuras de madera mecánicas que hacían sonar un tambor o una campana luego de que el vehículo completaba una determinada distancia. 


A este invento se lo considera un remoto precursor del moderno odómetro, ese indicador que marca las distancias recorridas en nuestros vehículos.

Sapos y dragones

Pero el invento que hizo célebre a Zhang Heng fue el que concibió para dar respuesta a un fenómeno muy común en China: los terremotos, cuya causa por lo general se atribuía al movimiento de algún pez o reptil gigante. 


Zhang creía que era posible detectar los terremotos sin importar la distancia desde la que se produjeran, lo que facilitaría el trabajo de los equipos de rescate. Para ello, en 132 después de Cristo perfeccionó un dispositivo al que llamó “Houfeng Didong Yi”, esto es, “instrumento para interrogar al viento sobre el temblor terrestre” (Zhang también pensaba que los sismos eran causados por los vientos). Consistía en un jarrón de cobre de dos metros de altura y dos y medio de diámetro. En sus paredes se hallaban adosados ocho dragones (se discute si de cuerpo entero o solo las cabezas) apuntando a otras tantas direcciones: norte, sur, este, oeste, noreste, noroeste, sureste y suroeste.  Cada dragón portaba una “perla” de metal en su mandíbula.


Los dragones estaban conectados mediante varillas de transmisión a un péndulo central ubicado dentro del jarrón. Cuando se producía un temblor, el dragón situado en la dirección desde la que ocurría el fenómeno abría sus mandíbulas y dejaba caer la perla en la boca de un sapo metálico que aguardaba a sus pies.


El invento se instaló en el palacio imperial en Luoyang, entonces capital del país (actual Nanyang), pero no se pudo probar su utilidad hasta varios años después. El 1 de mayo del 138, el dragón ubicado al oeste abrió su mandíbula y la esfera que cayó en el correspondiente sapo causó tal estrépito, según las fuentes, que despertó a todo el personal de palacio. Los funcionarios imperiales, sin embargo, no sintieron temblor alguno. Pero pocos días después llegó un mensajero de la provincia de Longxi, a 500 kilómetros de distancia, para anunciar un terremoto ocurrido al mismo tiempo que el Didong Yi entraba en acción. Así quedó demostrada su efectividad. Cabe destacar, sin embargo, que este sismógrafo pionero era capaz de detectar la dirección del temblor, pero no su intensidad, como hacen las escalas actuales.


El Didong Yi original no ha llegado hasta nuestros días. El único conocedor de su funcionamiento era el propio Zhang Heng, quien falleció en el  139 sin llegar a explicarlo. El invento cayó en desuso y finalmente se despositó en la tumba de Zhang. Cuando dicha sepultura fue destruida por conquistadores mongoles, el primer sismógrafo de la historia desapareció para siempre. Pero el epitafio de su creador se ha conservado: “Sus cálculos matemáticos agotaron los enigmas del cielo y la tierra”.


Tras la muerte de Zhang Heng, pasarían más de mil setecientos años antes de que el físico inglés James David Forbes inventara el primer sismógrafo occidental en 1844.


De este modo nació la sismología moderna. A partir del siglo XX se desarrollarían distintas escalas para medir la intensidad de los terremotos, como las de Mercalli, Richter y la de Magnitud de Momento, entre otras. Pero esto ya es otra historia.


Por su parte, durante el último siglo y medio hubo varios intentos de reconstruir el Didong Yi (como los del japonés Akitsune Imamura y el chino Wang Zhenduo) sobre la base de las antiguas descripciones, aunque no tuvieron demasiado éxito. El 13 de junio de 2005, un equipo de siete especialistas encabezado por la Academia China de Ciencias Naturales proclamó haber fabricado la réplica más exacta del invento de Zhang Heng hasta el momento.


Twitter: @mhnissnick

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