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Descubierta en las aguas del Lago de Maracaibo

La Chinita: historia y curiosidades

Este 18 de noviembre los zulianos festejan una vez más a la Virgen de la Chinita, una de las advocaciones marianas más queridas de Venezuela. 

 Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. (Cortesía: webcatolicodejavier.org)

  • MICHAEL NISSNICK

18 de noviembre de 2017 06:00 AM

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La tablita de la #Virgendelachinita tiene tres milímetros de espesor.

El aspecto actual de la Basílica de la #Virgendelachinita data de 1935. 

Caracas.-“La grey zuliana /cual rosario popular / de rodillas va a implorar a su patrona”. Estos versos de una famosa gaita venezolana compuesta por “El Monumental” Ricardo Aguirre dan fe de la inmensa devoción que los zulianos profesan a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, mejor conocida como "la Chinita”, cuyo devoción ya acumula más de tres siglos de historia. Conozcamos más de ella en las próximas líneas.

Orígenes colombianos

Nuestra historia comienza en Sutamarchán, una población del actual departamento colombiano de Boyacá, donde en 1562 el encomendero español Antonio de Santana y el fraile dominico Andrés Jadraque comisionaron al artista Alonso de Narváez para que realizara un cuadro de Nuestra Señora del Rosario, popular advocación mariana originada en el siglo XIII e institucionalizada como fiesta católica en el siglo XVI.

Narváez efectuó el encargo en una tela de algodón indígena de un metro de largo por un metro veintiséis de ancho. Como sobraba espacio a ambos lados de la Virgen, el artista incluyó a los patronos de sus clientes: a la izquierda pintó a san Antonio de Padua en homenaje a Antonio de Santana y a la derecha al apóstol san Andrés en alusión a fray Andrés Jadraque.


El encomendero Santana colocó el cuadro en una capilla de Sutamarchán para su veneración. Pero las duras condiciones ambientales del lugar deterioraron y rasgaron la pintura hasta hacerla irreconocible. Con el tiempo, la tela llegó a una ciudad vecina llamada Chiquinquirá, nombre que en lengua chibcha significa “pueblo sacerdotal” y donde una devota sevillana llamada María Ramos, pariente de Antonio de Santana, se encargó de su cuidado.  

El 26 de diciembre de 1586 ocurrió la “renovación” de la pintura, cuando la india Isabel y su pequeño hijo Miguel pasaron por la casa de María Ramos y el niño notó que la tela parecía incendiarse. Para sorpresa de los presentes, el cuadro adquirió nuevamente su color y trazos perdidos y volvió a lucir en todo su esplendor.  Esto se consideró como un milagro y el culto a la imagen empezó a expandirse. La Virgen de Chiquinquirá fue coronada como patrona de Colombia en 1919 y su fiesta se celebra el 9 de julio.  La tela original se exhibe a los fieles en la Basílica colombiana de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

En algún momento a comienzos del siglo XVIII, es posible que un barco español que navegaba cerca de las costas colombianas fuera saqueado por piratas protestantes, quienes quizás no vieron valor alguno en una copia de la Virgen de Chiquinquirá que llevaba la embarcación y la arrojaron al agua. La tablita de madera de 26 centímetros de alto, 25 de ancho y tres milímetros de espesor flotó a la deriva hasta internarse en las aguas del Lago de Maracaibo, en el territorio que más tarde se llamaría Venezuela.

La tablita sobre el lago

Cierto día de 1709, una humilde lavandera y moledora de cacao lavaba su ropa en las aguas del Lago de Maracaibo. Casi nada se sabe de ella. Por lo general se la conoce como María Cárdenas, aunque también existe la posibilidad de que éste fuera el nombre de la mujer para la que trabajaba y en cuya casa vivía.

En todo caso, la historia mil veces narrada refiere que mientras se entregaba a su faena, la lavandera notó la presencia de una tablita flotando sobre el agua, la recogió y la llevó a su vivienda ubicada en el hoy desaparecido barrio de El Saladillo (actual Maracaibo) con el fin de usarla como tapa para su tinaja de agua. Pero desistió de tal propósito cuando notó que en la deteriorada superficie de la madera se notaban los vagos rasgos de una imagen religiosa, por lo que la colgó en la pared de su morada.

A partir de aquí, el relato transcurre de una forma parecida al de la virgen colombiana: El 18 de noviembre de 1709, mientras molía café en su casa, María Cárdenas oyó tres ruidos provenientes del aposento donde estaba la tablita. Al acudir, notó para su asombro que la reliquia brillaba con gran esplendor y que sus formas y colores recuperaban su nitidez. De nuevo el grito de “milagro” fue unánime: había nacido una nueva devoción, a la que los marabinos pasaron a llamar con cariño “la Chinita”, pues en Zulia se conoce como “chinos” a los guajiros y la virgen de la tablita tenía rasgos indígenas. 


Años después del milagro, la tabla de la Chinita se trasladó a la ermita de san Juan de Dios, una humilde capilla de barro y palma construida a finales del siglo XVII.  Su ubicación en este lugar también habría obedecido a otro hecho prodigioso, pues se cuenta que mientras se la llevaba a su primera sede prevista (la actual catedral de Maracaibo), la tabla se volvió más pesada de lo normal, hecho que la feligresía interpretó como el deseo de la Virgen de alojarse en la capilla de San Juan de Dios, más humilde y cercana al pueblo llano. Una vez allí, la reliquia habría recobrado su peso habitual.

Durante las siguientes décadas, el santuario experimentó varias modificaciones y ampliaciones. En 1920 fue elevado al rango de Basílica Menor de Nuestra Señora de Chiquinquirá y San Juan de Dios, lo que motivó al entonces párroco Antonio María Soto a efectuar una serie de ampliaciones en la iglesia. Los trabajos finalizaron en 1935 y el resultado es el templo que conocemos hoy. Los planos fueron obra del ingeniero Pedro José Rojas y la decoración mural corrió a cargo del artista de origen italiano Pablo Castellani. A diario visitan este lugar unas dos mil personas.


Devoción zuliana

En julio de 1917, el papa Benedicto XV autorizó la coronación canónica de la Virgen de la Chinita, pero la ceremonia propiamente dicha no se efectuó hasta el 18 de noviembre de 1942, más de dos décadas después. Fue un acto solemne que contó con la presencia del entonces presidente venezolano Isaías Medina Angarita.


El oro y las joyas para la corona de la Virgen fueron donados por la feligresía zuliana gracias a una intensa campaña radiofónica encabezada por el padre Olegario Villalobos. El trabajo de orfebrería duró un año, costó 250 mil bolívares de la época y estuvo a cargo del joyero alemán Alberto Bischoff. La corona de la Chinita mide 43 centímetros de alto, 44 de diámetro, pesa 10 kilogramos y está hecha de oro de 18 quilates e incrustaciones de piedras preciosas.  


La imagen cuenta también con su trono, construido en 1893 por el artesano Julio Árraga tras seis meses de labores.  Está tallado en madera de cedro y dorado con oro de 22 kilates. La Chinita también tiene un cetro de oro con esmeraldas donado en 1967 por el cardenal José Humberto Quintero y la Gobernación del Zulia con motivo de los 25 años de la coronación canónica.

La casa de María Cárdenas, donde tuvo lugar la milagrosa renovación de la imagen de la Chinita, ya no existe, pues el Saladillo se demolió casi en su totalidad en la década de 1970 como parte de una radical renovación urbanística de la ciudad. En el lugar donde se alzó la humilde vivienda hoy se levanta una estatua de 16 metros de altura de la virgen zuliana que forma parte del complejo “Plaza y Monumento a la Chinita”, diseñado por el fallecido arquitecto zuliano de origen iraní Alí Namazi e inaugurado el 24 de marzo de 2005.


Las fiestas patronales organizadas en torno a la virgen zuliana cristalizaron en 1965, cuando la Gobernación de dicho estado decretó la creación de la Feria de la Chinita, la más importante fiesta popular del Zulia e inicio oficial de la Navidad en esta parte del país. Las celebraciones empiezan con la “Bajada de la Virgen” el último sábado octubre y finalizan el primer domingo de diciembre con el regreso de la imagen a su ubicación habitual de la basílica. Durante los festejos se efectúan cuatro procesiones religiosas, conciertos de gaita, corridas de toros, el encendido de la avenida Bella Vista de Maracaibo, un juego especial de béisbol (la Copa Virgen de la Chinita), el Festival de la Orquídea y un concurso de belleza para elegir a la Reina de la Feria.


Twitter: @mhnissnick

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