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Fue el primer estudio científico de la caverna

Alejandro de Humboldt y la Cueva del Guácharo: una visita histórica

Este 14 de septiembre se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del sabio alemán Alexander von Humboldt, quien recorrió Venezuela a comienzos del siglo XIX y estudió sitios emblemáticos como la Cueva del Guácharo. 

 Entrada de la cueva del guácharo. (Cortesía: tripadvisor.com.ve)

  • MICHAEL NISSNICK

14 de septiembre de 2017 06:00 AM

Actualizado el 05 de octubre de 2017 10:37 AM

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El #guácharo es la única ave nocturna que se alimenta de frutas.

Los indígenas chaimas usaban la grasa del #guácharo para fabricar aceite. 

Caracas.-Este jueves 14 de septiembre se conmemoran 248 años del nacimiento en Berlín del barón Alexander von Humboldt, considerado a menudo como “el último sabio universal” y una de las grandes figuras de la historia de la ciencia. Sus investigaciones sentaron las bases de la geografía moderna y lo convirtieron en predecesor del ambientalismo y ecologismo actuales. A juicio de Arturo Uslar Pietri, “no ha habido, probablemente, en la historia de las ciencias naturales ningún hombre que, solo, haya aportado un volumen mayor de conocimientos concretos de nuevos espacios y variedades de plantas, animales, rocas y fenómenos físicos”.


Buena parte de la importancia actual de Humboldt reside en el largo viaje que realizó por el Nuevo Mundo a comienzos del siglo XIX en compañía del botánico francés Aimé Bonpland. A lo largo de cinco años (1799-1804), los dos hombres recorrieron más de diez mil kilómetros y siete repúblicas americanas actuales, entre ellas Venezuela, donde estuvieron dieciséis meses. Durante ese tiempo exploraron el oriente venezolano, Caracas, los valles de Aragua, los llanos y descubrieron el Casiquiare, un canal natural que une los sistemas fluviales del Orinoco y el Amazonas.


Poco después de llegar a Venezuela, el sabio alemán (entonces de treinta años) tuvo la oportunidad de conocer una maravilla natural de la que se tenía noticia desde hacía siglos, pero que aún no había sido estudiada científicamente. En las próximas líneas conoceremos con más detalle esta curiosa aventura que llevó a Humboldt a explorar la misteriosa Cueva del Guácharo.


Cueva extraordinaria

Humboldt y Bonpland llegaron a Cumaná el 16 de julio de 1799 y dos meses más tarde se alojaron en una misión de monjes capuchinos aragoneses ubicada en el pueblo de Caripe, hoy perteneciente al estado Monagas, y en cuyos alrededores también vivían los indígenas chaimas, quienes contaban con sus propias autoridades designadas bajo la supervisión de los monjes.


El 18 de septiembre, los viajeros partieron muy temprano rumbo a la cueva. Los acompañan varios líderes chaimas y la mayoría de los monjes del convento. Tras hora y media de recorrido, los caminantes se encontraron frente a la entrada de la gruta, una monumental puerta de más de veinte metros de altura que Humboldt luego compararía con la columnata del parisino palacio del Louvre.


Tras ingresar en la cueva, se desplegó antes los viajeros un increíble espectáculo de estalactitas, estalagmitas y otras estructuras rocosas formadas por la acción del agua a lo largo de centenares de millones de años.


Los expedicionarios pudieron recorrer 150 metros sin necesidad de encender las antorchas. Poco después, se toparon con el habitante más famoso de este antro: el guácharo, que Humboldt pudo estudiar con detalle gracias a dos ejemplares abatidos por Bonpland.


Pájaro extraordinario

El guácharo (nombre que significa “el que llora y se lamenta” en quechua) es un pájaro del tamaño aproximado de una gallina. Mide 55 centímetros de largo y poco más de un metro de envergadura. Sus plumas son castañas con manchas y rayas blancas. Es la única ave nocturna conocida del mundo que se alimenta de frutas. Abandona su hábitat al caer el sol y es capaz de recorrer hasta 120 kilómetros durante una noche en busca de frutos de alto contenido graso.


El animal regurgita la semilla del fruto luego de consumirlo. A lo largo de los siglos, el suelo de la cueva ha quedado tapizado de estos residuos, lo que permite que en ocasiones crezcan algunas plantas de color blanquecino, que apenas alcanzan 30 centímetros de altura antes de morir por  falta de sol. Humboldt precisó que los indígenas chaimas veían estos brotes como “fantasmas extrañados de la superficie de la tierra”.  


El naturalista alemán destacó que los guácharos los recibieron con gritos “espantables”, “agudos” y “penetrantes”. Siglo y medio después de Humboldt, el ornitólogo estadounidense Donald Griffin demostró que este pájaro, al vivir en la casi total oscuridad, se guía mediante un fenómeno llamado “ecolocación” parecido al de los murciélagos, mediante el cual emite una serie de sonidos de baja frecuencia denominados “clics” que rebotan contra los objetos y producen un eco que permite al animal orientarse. El guácharo es, junto con la salangana asiática, la única ave conocida que usa este sistema de ubicación. 

Los guácharos construyen sus nidos en cornisas ubicadas a cuarenta metros de altura y los fabrican con una mezcla de saliva, frutas y excrementos. Los polluelos, al recibir alimentos tan ricos en calorías, llegan a pesar 200 gramos más que sus padres y almacenan una importante reserva de grasa en un cojín ubicado entre sus patas.


Los chaimas llamaban a la cueva “mina de grasa” y practicaban una costumbre anual descrita por Humboldt y hoy en desuso: cada 24 de junio, día de san Juan, los nativos ingresaban en la caverna y mataban miles de pollos valiéndose de largas pértigas. Luego los cocinaban en la entrada de la gruta para fundir su grasa y transformarla en un aceite semilíquido, incoloro e inodoro llamado “manteca de guácharo”. Esta sustancia, que podía mantenerse almacenada hasta por un año sin deteriorarse, era usada en la cocina del convento y para iluminar las lámparas de la iglesia. Debido a esto, Humboldt dio al ave el nombre científico de “Steatornis caripensis”, esto es, “pájaro de grasa del Caripe”, base a su vez del nombre inglés de la especie: “oilbird”. 


Humboldt y Bonpland tuvieron dificultades a la hora de adentrarse en la cueva, ya que los chaimas creían que las zonas más oscuras de la gruta eran las moradas de sus antepasados fallecidos. “El hombre-dicen ellos-debe temer aquellos lugares que no están alumbrados por el sol ni por la luna”, precisó Humboldt. Por ende, y a pesar de las amonestaciones de los monjes, los nativos se negaron a proseguir y la expedición debió volver sobre sus pasos tras recorrer apenas 472 metros. En 1959, para conmemorar el primer centenario de la muerte de Humboldt, se instaló una placa en el punto donde el naturalista se detuvo, conocido como “Galería de Humboldt o de los guácharos”.


Humboldt comparó la Cueva del Guácharo con el “tártaro” (infierno) de los antiguos griegos. Esta sensación lúgubre está plasmada en el poema “la voz del antro”, escrito por el poeta caripense Félix Antonio Calderón y grabado en una placa de mármol exhibida a la entrada de la gruta.

La Cueva del Guácharo fue declarada “Monumento Natural Alejandro de Humboldt” el 15 de julio de 1949, siendo el primer santuario natural venezolano en lograr tal distinción. Sus predios se ampliaron el 27 de mayo de 1975 mediante la creación del Parque Nacional el Guácharo, cuya extensión abarca 62 mil 700 hectáreas.

Con 10,2 kilómetros de extensión, la Cueva del Guácharo es la tercera más larga del país (tras la del Samán en Zulia y la Roraima Sur en Bolívar) y recibe entre 80 y 90 mil visitantes anuales, quienes solo pueden recorrer mil 800 metros, quedando el resto reservado para expediciones científicas. Los espacios de la cueva están distribuidos a lo largo de una serie de “salones” y “galerías” de nombres pintorescos (“del silencio”, “precioso”, “de los pechos”, “de los enamorados”, “del olvido” y “Virgen de Coromoto”, entre otros). Además de una población de diez mil guácharos, el sitio alberga a otras 130 especies animales.

Tras regresar a Europa, Alexander von Humboldt dedicó más de dos décadas a redactar su obra magna sobre la travesía americana: “Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente”, en treinta y cuatro volúmenes. Murió en Berlín el 6 de mayo de 1859, pocos meses antes de cumplir 90 años. A lo largo de su vida gozó de la estima de personalidades de la talla de Charles Darwin y Simón Bolívar, quien lo llamó “descubridor científico de América” y lo mencionó dos veces en su ensayo lírico “Mi delirio sobre el Chimborazo”, escrito en 1822.


Hoy más de mil especies animales y vegetales, formaciones naturales, fenómenos climáticos, instituciones culturales y hasta cráteres lunares llevan el nombre de Humboldt, entre ellos la segunda montaña más alta de Venezuela (4 mil 940 metros), ubicada en la Sierra Nevada de Mérida, región que, por cierto, el famoso viajero nunca visitó.

La vida de Humboldt ha inspirado producciones cinematográficas como “La medición del mundo” (2012), centrada en la relación entre nuestro personaje y otro gigante de la ciencia alemana: Carl Friedrich Gauss, apodado “el príncipe de las matemáticas”.  

Twitter: @mhnissnick

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