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Integración: Japón

Japón: industrias y cultura de trabajo

Un país marcado por símbolos de la naturaleza y creencias ancestrales.

Kenji Okada, embajador de Japón

Kenji Okada, embajador de Japón, destaca relación económica, cultural y deportiva con Venezuela

El Universal

  • William Villegas

15 de febrero de 2017 11:54 AM

Actualizado el 15 de febrero de 2017 13:12 PM

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Cerrado al Occidente durante 230 años, la Revolución Meijí, en 1868, devolvió el poder al Emperador de Japón, que solicitó aperturas.

Considerada sagrada durante 5.000 años en Japón, la Flor de Loto representa un verdadero misterio por su capacidad de repeler los microorganismos,

Una joven diosa se extravió hasta llegar a un paraje donde abundaba el lodo -loto para los japoneses-. No cuidó de sus pasos por lo que terminó hundiéndose en terreno fangoso. Desconocía que el lugar había sido creado por otros dioses para quienes que habían fracasado en la vida. Luego de miles de años de lucha para liberarse del lodo, al fin libre, se transformó en bella flor, la Flor de Loto.

La historia simboliza el espíritu del pueblo japonés, país que ha renacido varias veces de sus escombros, gracias, entre otras cosas, a un espíritu de lucha, trabajo y alta valorización de lo que les es propio. Nación donde se han hecho campañas solicitando a los ciudadanos que trabajen menos -para evitar sobreproducción de bienes y servicios- cosa que pudiera parecer poco creíble para algunos de nuestros compatriotas.

Situado en el extremo oriental de Asia, Japón es un archipiélago volcánico constituido por más de 3.400 islas. De ellas, Hokaido, Honshu u Hondo o Nipón, Shikoku y Kyushu representan 97% de su territorio que, siendo casi del tamaño de Alemania, alberga un 50% más de población. Y, con un territorio 25 veces menor que Estados Unidos, y menos población, su Producto Interno Bruto (PIB) casi alcanza al de Estados Unidos. Así, que si alguien no creyó en las instrucciones del gobierno japonés, a fines del siglo XX para que sus ciudadanos trabajen menos, esas cifras pudieran sacarlos de su error.

Cerrado al Occidente durante 230 años -por decreto de 1638- la Revolución Meijí, en 1868, que devolvió el poder al Emperador, solicitó aperturas, las que, visto el celo japonés por sus orígenes, cultura, tradiciones y valores, los cambios culturales que el deseo de Meijí debió acarrear, aún no se manifiestan a plenitud.

Puede decirse que el legendario y ancestral espíritu samurái, uno de los símbolos culturales del archipiélago, pudo impulsar al país a un concepto militarista del Estado, asunto que, además de una puja por acceso a mercados internacionales, lo incluirá en la Segunda Guerra Mundial. De allí saldrá con lo que era una pujante industria constructora de barcos, aviones, vehículos, electrodomésticos, etc, hecha trizas por el bombardeo sobre sus ciudades, y un luto que perdurará en la Humanidad entre los escombros memoriales de Hiroshima y Nagasaki.

Considerada sagrada durante más de 5.000 años, la Flor de Loto representa un verdadero misterio por su capacidad de repeler los microorganismos y las partículas de polvo, tal y como el país negó la entrada de símbolos culturales ajenos a los propios.

Además, simboliza la reencarnación, creencia muy extendida en los países asiáticos, al cerrase en la noche y abrirse en el día. El resurgimiento industrial técnico, científico, etc, del Japón, recién desplazado por China como la segunda economía mundial, también lo equipara con esa particularidad de la Flor de Loto.

El cutis aporcelanado de las japonesas, sus gráciles y livianos modales y andar, nos llevan una vez más a la Flor de Loto, que simboliza la elegancia, belleza, perfección, pureza y la gracia asociados con la feminidad.

Japón y Venezuela

Seijiro Yazawa, nombre que asociamos a electrodomésticos, empleado de la Nippon Oil, vino a Venezuela en 1928, desde Panamá, a explorar pozos petroleros, objetivo que, no logrado, lo devolvió a su país en 1931. Allí, ese mismo año, decidió organizar migraciones de pescadores japoneses a nuestros lares, quienes no tardaron en abrir una bodega de alimentos en la caraqueña San Agustín del Sur. Para 1934, cada uno logró montar su propio negocio en distintos sitios de Caracas.

En la actualidad, los 937 hijos del Sol Naciente -cifras del consulado japonés- acantonados con nosotros, parecieran ser muchos más, vista la fuerte presencia de prestigiosas empresas transnacionales y la casi imprescindibilidad de las mismas para abastecernos de insumos industriales y tecnológicos, dejando atrás su inicial incursión en agricultura, comercio, exploraciones petroleras y pesca.

El empuje y su compenetración con Venezuela se tradujeron en la creación de la Cámara Venezolano-Japonesa de Comercio y Cultura (Caveja), la Agencia de Cooperación Internacional (JICA), el Colegio Japonés, entre otras, que hoy dan vida al continuo intercambio del cual disfrutan nuestras principales ciudades.

Los venezolanos disfrutan mucho de la cultura japonesa, que se palpa en la gran cantidad de restaurantes japoneses, academias de artes marciales, exquisita floricultura y botánica, de donde brotan los bonsái (árboles y plantas reducidos a miniaturas) para gusto de los criollos. La presencia de muchos venezolanos en la tradicional semana cultural del Japón, así como el gran número de amantes de los libros de anime y las películas japonesas, donde Akira Kurasawa es referencia obligatoria cuando hablamos de buen cine, también lo atestiguan.

El Año Nuevo japonés, ajustado desde 1873 al calendario gregoriano, se celebra también el primero de enero, y nos damos el mismo abrazo y compartimos los buenos deseos e intercambiamos alimentos y bebidas con nuestros vecinos de ojos rasgados. Acostumbrados a unir la simbología y claridad de propósitos a casi todos los accionares cotidianos, sus condumios de Año Nuevo no pueden quedarse fuera.

El Osechi Ryouri, compuesto por varios platos elaborados con ingredientes que simbolizan vida, salud, buena cosecha y mejor suerte;la Datemaki, tortilla dulce enrollada hecha de huevos y pasta de pescado, para llamar días de prosperidad y progreso en los estudios;el Kamaboko, pasta de pescado blanco y rosado, cocinada al vapor sobre una tablita de madera, que evoca, por su forma, el sol naciente -también símbolo y nombre de Japón-;el Kobumki, algas enrolladas que significan alegría y felicidad;el Namasu, hecho de nabo japonés y zanahoria cortados en láminas finas y encurtidas que rememoran paz y tranquilidad;el Kuromame, judías negras dulces, para vivir y trabajar con salud;Kurikinton, puré dulce de castañas para convocar fortuna y éxito en los negocios -por su color de oro-;el Onishime, verduras cocidas a fuego lento, para energía y esperanza;el Tazukuri, sardinas secas cocinadas en salsa dulce, también para una buena cosecha, son degustados por venezolanos, mientras los japoneses se entretienen con hallacas, pan de jamón, pernil o pavo, ensalada de gallina, etc, típicas de nuestras fiesta de Año Nuevo.
Los niños tienen sitio especial en su cultura, por evocación y consideración a Buda niño. Su día, el 5 de mayo, es fiesta nacional, casi al mismo nivel que el 11 de febrero, Día Nacional del Japón, que se conmemora junto al natalicio del emperador Akihito, quien cumplirá sus 82 años el 23 de diciembre, símbolo del pueblo japonés, tal y como lo como establece, hace años, su Constitución.

Semblanza del embajador

Kenji Okada fue embajador en Honduras hasta octubre del 2016.

Desempeñó otros cargos diplomáticos en Alemania, Israel y Bangladesh.

"Venezuela y Japón mantienen una buena relación económica y cultural, intercambiando buen capital humano", destacó.

"Aportamos automotores, electrométricos y tecnología, mientras Japón importa petróleo, cacao, aluminio y otros rubros venezolanos", señaló.

"Colaboramos a través de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) en industria, prevención de desastres y preservación ambiental, entre otras áreas. Participamos en el desarrollo de capital humano con la organización Jóvenes Voluntarios Japoneses para la Cooperación de Ultramar (JOCV)", afirmó.

Menciona donaciones a través del Programa de Asistencia Financiera No Reembolsable para Proyectos Comunitarios de Seguridad Social, y la beisbolística y añeja relación entre nuestros países.
 

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