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"La foto" de la mujer desnuda

La obra de Gustavo Ott es llevada a escena por el Grupo Actoral 80 bajo la dirección de Héctor Manrique, quien también hace el papel principal.

02 de noviembre de 2017 04:00 AM

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"La foto" de la mujer desnuda

En los tiempos convulsos que vivimos en este planeta, el teatro todavía es una íntima y grata lección de esperanza y coraje, de trabajo en equipo, de empeño colectivo, parafraseando al crítico español Marco Ordóñez. El teatro es un inobjetable modelo de conducta que debería ser copiado por nuestros políticos y comerciantes, porque es una disciplina donde hombres y mujeres hablando a hombres y mujeres, respirando y latiendo juntos en la oscuridad, y anhelando salir de las salas de representación para continuar ese viaje con final que es la vida misma, tras emerger con satisfacción de ese oasis en que se convierte la escena; porque nadie puede negar que “el teatro une, ilumina, calienta y salva”.

Y como prueba de ello  está  la grata sorpresa que hemos recibido del montaje La foto, autentica creación artística del Grupo Actoral 80, el cual bajo, la dirección  y con la actuación protagónica de Héctor Manrique se atrevió a mostrar el delicado tema del uso de las redes sociales, a raíz del manejo indelicado de una fotografía de un mujer semidesnuda, gracias  a un inteligente y atrevido mecanismo dramatúrgico de Gustavo Ott (Caracas, 1963) para proponer una reflexión profunda -bordeando las teorías de Carl Gustav Jung- sobre los precipicios afectivos de la mediana edad de hombres y mujeres y además logra enfrentar a dos generaciones dentro de los nada fácil de controlar que son los fenómenos virales y el efecto devastador de aquellos escándalos prefabricados y exaltados gracias a las redes sociales, cuando estas son usadas con impericia y envenenadas con esa “salsa maldita” de una nefasta incultura machista o sexista.

Toda una temática compleja y una inteligente y bien cuidada representación por parte del GA-80 que permite el valioso y estético espectáculo, además de didáctico, y relativamente corto (75 minutos), que no es más que un viaje íntimo sobre los precipicios afectivos de la mediana edad colocando en juicio la dinámica de dos generaciones enfrentadas dentro del fenómeno viral, y el efecto devastador de los escándalos prefabricados. Toda una temática de mucha actualidad y una peculiar representación poco frecuente en los escenarios venezolanos, que termina siendo un orgullo para la institución Trasnocho Cultural y para las sufridas y comprometidas artes escénicas criollas.

La foto

Para los malos tiempos siempre hay muy buenas caras de actores comprometidos con sus proyectos profesionales y lo decimos porque Juan Carlos Gardié, Martha Estrada, Patty Oliveros, Angélica Arteaga, Pedro Borgo y Claudia Rojas son los comediantes que ensayaron La foto, para que, bajo la producción de Carolina Rincón, se presentara hasta el 13 de diciembre, allá en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, donde espera, en los sótanos, el Teatro Trasnocho Cultural. Pero el hombre dispone y el diablo siempre cambia las cosas: un accidente de salud pospuso el estreno durante una semana, porque se le desprendió o desgarró una retina a Gardié y tuvo que ser sustituido por el director Manrique, precisamente en un rol que además no era nada fácil.  

La foto, de Gustavo Ott (Caracas, 1963), cuyo texto hemos leído gratamente, es una pieza melodramática que ganó el concurso del Centro Cultural Trasnocho Cultural para la promoción de los autores venezolanos. Hasta ahora se puede adelantar para los lectores, eventuales espectadores del montaje, una sinopsis, bien comprimida, de esta nueva pieza de Ott, quien reside actualmente en Estados Unidos donde trabaja como docente en una universidad de Washington, y es el autor criollo más representado en los escenarios venezolanos e internacionales durante los últimos años, además de ser uno de los mejores escritores teatrales.

En La foto, Laura (Estrada), madre de la adolescente, Kelly, (Rojas), quien está a punto de cumplir los 50 años y no tiene esposo,  se ha reencontrado a través de las redes sociales con un viejo amor de cuando estudiaban el bachillerato. Se trata de Denis (Manrique).Y aunque todo ocurre a través de sms privados y contactos vía Facebook, sin encuentro físico, la emoción de esta nueva posibilidad es experimentada por ambos con una intensidad incontenible. Es la comezón de la edad mediana. Pero Denis está casado y también tiene un hijo adolescente, Fran (Borgo), además le ha hecho saber a Laura que su matrimonio no marcha nada bien. Leña para esa hoguera de pasiones de los espíritus que nunca se apaga. Por su parte Laura, esperando que Denis tome una decisión y para animarlo o estimularlo se toma una foto desnuda y, de manera privada (Facebook), se la envía a su teléfono celular. Este hecho desencadena una serie de acontecimientos típicos, con los dimes y diretes de las parejas en conflicto que sacudirá no solo la vida de los directamente implicados sino también la de sus familiares más cercanos y hasta en las instituciones educativas en las que sus hijos se desenvuelven, además de divorcios inesperados, nuevas viviendas para los separados y reiniciar caminos. Todo por una broma fotográfica.

Es, pues, la depurada saga teatral de una foto que nunca debió ser llevada a las redes sociales porque fue vista o malentendida por los demás, generándose así una grave crisis en un círculo íntimo y muchas otras cosas que alteran las cotidianas vidas de un grupo de clase media de cualquier pais americano. La realidad es superior a lo que ha planteado Ott.

Espectáculo

Este montaje, como el que hizo Manrique, hace varios años, con Art, de Jazmina Reza, es una clase magistral de la simplificación escénica: todo reducido al  único espacio escénico vacío, donde varias sillas y mesitas de  metal son utilizadas por los actores-personajes para crear las habitaciones o zonas  que sus situaciones requieren,  mientras atrás, el foro, un gigantesco panel traslucido funge como  ventanal público  o como la fachada cual tótem sagrado de un celular inteligente, uno de esos que Laura usa para sus juegos nada inocentes con Denis. Una iluminación correcta y un ritmo que se hará más preciso a medida que los actores concreten la vida íntima de sus convulsos personajes. Un montaje económico, creemos, adecuado para los tiempos de crisis económica, pero de contundentes contenidos

Es una lección de cómo llevar a la escena un texto que podría pecar de demasiado literario, pero que Ott debe haberlo creado mirando a los habitantes de su bucólico Washington, la capital del imperio, urbe donde ha pergeñado otras obras.

Las actuaciones son óptimas, especialmente Martha que saca provecho y Manrique, así como Patty Oliveros quien encarna a “la esposa de armas tomar” de Denis. Los jóvenes Borges y Rojas son “el infeliz complemento” de ese ritual tan doloroso, pero que en la ficción escénica se quedan con sus hogares desechos, porque sus padres rompen la cama matrimonial, dejando a Fran y Kelly como los perdedores, por así decirlo. Son las verdaderas víctimas de los excesos de sus padres, que ahora achacan a las redes sociales, que es como acusar al automóvil de ser el causante de los accidentes de tránsito.

La foto no es más que  un viaje íntimo sobre los precipicios afectivos de la mediana edad colocando en juicio la dinámica de dos generaciones enfrentadas dentro del fenómeno viral, y el efecto devastador de los escándalos prefabricados. Toda una temática y una peculiar representación poco frecuentes en los escenarios venezolanos, donde la crisis del matrimonio como institución es el telón de fondo.

Matrimonio en crisis

Esta obra de Ott, obliga al espectador que quiera explicarse el más allá de los personajes que ha creado el autor y conocer así algunos aspectos del proceso de transformación psíquica dentro la relación matrimonial –que está profundamente cuestionada en La foto- bajo los parámetros de Jung. Este enseña que para el hombre común el amor en su verdadero sentido coincide con la institución del matrimonio, mientras que para la mujer el matrimonio no es una institución sino una relación humana de amor. En tanto la mujer es mucho más “psicológica” y en esa medida más abierta al inconsciente, en el hombre predomina la lógica que, más que un apoyo, constituye un obstáculo para la integración de los contenidos del inconsciente. “Esta ventaja de la mujer moderna sobre el hombre en el proceso de individuación ayuda a explicar la crisis moderna del matrimonio. La integración por parte de la mujer de elementos considerados culturalmente como masculinos, tales como la autonomía y el juicio crítico, problematizan el matrimonio tradicional para la mujer, mientras que para aquellos enamorados con la masculinidad y la feminidad per se, el matrimonio tradicional es suficiente”, según el jungiano doctor Javier Sáenz Obregón. Ojo, pues, con el matrimonio. ¿Un mal necesario?

Emorenouribe@gmail.com

@EAMORENOURIBE

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