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La escritora reeditó "Te pienso en el puerto"

Elisa Arráiz Lucca: "No toco los hechos históricos"

La editorial Ediciones B compró varios títulos de esta escritora venezolana, actualmente radicada en Estados Unidos.

 Elisa Arráiz Lucca

CORTESÍA

  • ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.

20 de febrero de 2017 01:01 AM

Actualizado el 20 de febrero de 2017 10:13 AM

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Elisa Arráiz Lucca: "No toco los hechos históricos"

Elisa Arráiz Lucca reeditó Te pienso en el puerto (Ediciones B), una novela publicada en 2004 y que gracias a la demanda de los lectores vuelve a las estanterías. En sus páginas, la escritora refleja la historia de los corsos que emigraron a Venezuela y se establecieron en Carúpano, entre mediados del siglo XIX y principios del XX.-La novela se publicó en 2004:

-¿Ha habido revisiones entre ambas ediciones?

-No ha habido ninguna revisión. Es la original desde el 2004, a veces, cuando la vuelvo a leer por cualquier circunstancia, me provoca narrar algunas cosas de otra manera, pero resisto la tentación porque pienso que representa un momento de mi vida en que me expresaba así, como se lee en mi novela. Una de las características de esa novela es que es bastante fresca, yo diría que hasta ingenua, sería imposible volver a escribir así.

-¿Por qué se decide la reedición de esta novela?

-Porque estaba agotada y la gente la pide, se vende bastante. Ediciones B me compró los derechos de otras dos de mis novelas, las piensa publicar. Solo no compró Las siluetas del fuego porque aún tengo comprometidos los derechos con Alrevés Editorial de Barcelona, España. Viernes a la sombra la publicó Alfa Editorial en 2007 y Aromas del diluvio está inédita, estas son las otras dos novelas que compró Ediciones B. Esta edición de Te pienso en el puerto es la cuarta. Hay dos ediciones de Memorias de Altagracia y la primera de Ala de Cuervo. Todas agotadas.

-Es la historia de una familia, ¿está reflejada su familia en la historia?

-Es la historia de los inmigrantes corsos que llegaron a Carúpano en el siglo XIX, entre ellos llegó mi bisabuelo Agustín Lucca Franceschi, pero en realidad no es su historia, vine a conocer los detalles del viaje y la vida de mi bisabuelo después de que escribí Te pienso en el puerto. A partir de la novela me interesó ir al Cabo Corso, a conocer la historia y la casa familiar que aún está en manos de parientes corsos. He pasado temporadas largas en Córcega y he aprendido mucho sobre los corsos, pero no he tenido que corregir errores en mi novela, al día de hoy no entiendo cómo logré no equivocarme mucho, más bien nada, tal vez fue que leí incansable sobre el tema.

"Uno puede convivir a pesar de posiciones y visiones diferentes, pero no se puede hacer la vida diaria con desalmados"

-En el año 1999 me fui a vivir a la Península de Paria, compré una hacienda al sur, entre Tunapuy y Yaguaraparo, donde había unos pozos de aguas termales porque pasaba un río subterráneo que salía de la falla de El Pilar. Desarrollé un proyecto ecoturístico llamado Hacienda Aguasana, viví cinco años allá y paralelamente escribí Te pienso en el puerto. Tenía tiempo para buscar información en Carúpano, que la había mucha, desperdigada entre instituciones y casas de los antiguos corsos. También conversé bastante con los descendientes de corsos que se quedaron en la zona, no así mi familia. La verdad es que la trama es producto de mi imaginación, pero pienso que la vida de ellos fue así, por lo que me contaron.

-Pero recordando… todo comenzó cuando le llevé de regalo Laboratorio de la naturaleza de Lutecia Adams a Yarao, al brujo del caserío más cercano a Aguasana, y él me prestó en agradecimiento la Historia de Carúpano de Tavera Acosta. Allí leí mi primer capítulo sobre los corsos. Yo entendí pronto, por allá en Carúpano, que los corsos habían desarrollado una ciudad más adelantada que la Caracas de la época, a finales del siglo XIX: hicieron un acueducto, había tranvía, atracaban las grandes líneas de vapores, comunicación directa con Francia a través del Cable Francés y existía el Circle Francaise que era como un Ateneo que traía hasta buena ópera. Mi abuelo viajaba todos los años a París y traía los últimos adelantos: gramófono, máquinas de fotografía, etc., era hijo de un inmigrante exitoso. Realmente el personaje Jean-Baptiste de mi novela es una versión libre de mi abuelo Domingo Lucca, a quien solo conocí por lo que me contaba mi mamá.

-La historia familiar se entreteje con la Historia con H mayúscula ¿qué tan difícil fue hacer ese "tejido"?

-Difícil fue, pero hubo un personaje en la novela que me lo exigió, Teresa, la esposa de Santos Morandi, el corso que tiene la visión de la tierra. Teresa es una mantuana empobrecida que se atreve a casarse con Santos, pero pasa gran trabajo porque la vida de su familia había cambiado mucho después de la independencia. Teresa es un personaje que se me da solo porque la define todo lo que había escuchado hablar a mi abuela, por eso mismo ella me obliga, al igual que me habría obligado mi abuela a contar la Historia. Por otro lado, existe un libro de Antonio Arráiz que se llama Los Días de la Ira donde él cuenta el horror que fue Venezuela durante el siglo XIX. Ese libro me lo leí para adelante y para atrás, no hubo paz en Venezuela ni tampoco en mi mente, tenía que contarlo. Me sentí obligada por esos dos parientes venezolanísimos, apasionadísimos por nuestro país y nuestra historia. Fui muy cuidadosa con los datos, con los eventos y locaciones, los hechos históricos no los toco, solo los rodeo con mi propia versión de la pequeña historia.

-De esa etapa de investigación y lectura saqué cosas interesantes, una la admiración por Santiago Mariño, Bolívar escribió que no pudo con esos caudillos de oriente, ese era Mariño, mucho más cerebral que Bolívar. Otra fue entender que la democracia de mediados del siglo XX en Venezuela había sido un momento raro, que los pronósticos no debían ir por ese lado, que seguían existiendo las pasiones encontradas del siglo XIX, tal vez más irreconciliables todavía. Lo más triste fue que no entendí cuando escribí el libro que la mala sangre se había quedado en Venezuela para siempre, porque uno puede convivir a pesar de posiciones y visiones diferentes, pero no se puede hacer la vida diaria con desalmados. Todavía en esa época, viviendo entre el maravilloso verde de la Península de Paria, yo pensaba que íbamos a salir adelante muy pronto.

"Yo no escribo sino novelas, es lo único que me interesa. Ir tejiendo varias historias a la vez me crea un estado creativo apasionante, no pienso en otra cosa, me desaparezco" 

-¿Podría tener segundas, terceras partes esta historia, hasta llegar a los tiempos actuales?

-Sí claro, en la novela hay unas cuantas historias de amor que producen descendencia. A los corsos les encantaban las mujeres y no se limitaban, dejaron mucha descendencia en la zona. Pero no sé si tengo ganas de volver al tema de los corsos, a pesar de que me lo han pedido bastante, que continúe la historia. Tengo más ganas de escribir sobre los inmigrantes que llegaron a Venezuela a mediados del siglo XX, necesito escribir una historia italiana ahora.

-De todos modos, en mi novela Viernes a la sombra vuelvo a combinar una historia familiar con una etapa del acontecer político en Venezuela, esa es la novela que yo siempre quise escribir, con los corsos solo estaba calentando los motores. Viernes a la sombra pasa durante el Viernes Negro, pero la historia familiar abarca desde la caída de Pérez Jiménez hasta el 18 de febrero de 1983, presidencia de Luis Herrera. En esa novela me doy unos gustazos como un personaje inspirado en el Dr. Calvani, quien dijo claramente que el camino era la fraternidad, pero lo olvidamos pronto. ¡A veces pienso que todo lo que nos ha pasado en Venezuela nos ha hecho olvidar lo verdaderamente importante!

-Hay hechos dentro de la novela que aluden a circunstancias actuales ¿es inevitable que la Historia -con H- se repita? 

-Cuando yo escribí Te pienso en el puerto sentí que la Historia se estaba repitiendo, yo notaba a diario las similitudes, las quejas de los corsos sobre corrupción eran reales e iguales, el abandono del campo la misma cosa, la lucha de clases, así el término parezca pasado de moda, era igual. Luego he reflexionado sobre lo que pasa, lo que está pasando, y me parece que se soltaron los demonios, que hay una situación mucho más irreparable que en el siglo XIX, tal vez porque hace más de un siglo para mí era más comprensible la barbarie, ahora no.

-En el año 2005 iba en un Metrobus de Chacaito a Las Mercedes, estábamos todos apretados y se montó un moreno con todos los símbolos del actual gobierno encima, de mal humor por lo justo del espacio. Yo iba sentada y me vio directamente a los ojos, en tono muy fuerte me dijo: "A extranjeras como usted las vamos a sacar a patadas de este país". Yo reaccioné rápido y le contesté que yo era más criolla que él, que mi familia había llegado de Europa antes de la suya desde África. Luego me puse lívida por lo que había dicho, pero era la verdad verdadera, mi familia fundó El Tocuyo, pero ya el país estaba tomado por la post-verdad. Aunque parezca loco, pienso que en el siglo XIX había cierto decoro dentro del general desastre, que no lo hay ahora.

-¿Qué prepara actualmente?

-Yo no escribo sino novelas, es lo único que me interesa. Ir tejiendo varias historias a la vez me crea un estado creativo apasionante, no pienso en otra cosa, me desaparezco. Hasta hace poco pensaba que deseaba escribir una historia en tiempos actuales, la tenía bastante adelantada en mi libretica, pero no tengo más ganas porque todavía no puedo aceptar lo que pasó con ecuanimidad, todavía lloro porque el régimen desbarató la vida de mi familia y la mía.

-Usted vive fuera del país, ¿cómo percibe a Venezuela? ¿cómo percibe, particularmente, la actividad literaria, cultural?

-Yo me voy de Venezuela porque pasaron cosas que me hicieron pensar que el país me estaba botando y yo no quería captar bien las señales de alarma. Hay momentos determinantes: el secuestro de mi hijo, el enfrentamiento con la corrupción judicial por un accidente automovilístico donde ni siquiera hubo un herido medianamente grave, el robo de gran parte de mis recuerdos familiares y sobre todo la inseguridad. Yo no le regalo mi vida a unos malandros, por más patriota que yo sea, o mejor dicho, no soy tan patriota. Desarrollé una relación amor odio con Caracas que se convirtió en una agonía.

-Desgraciadamente, la lejanía hace que cada vez entienda menos lo que pasa en Venezuela, y tampoco entiendo las reacciones de los que están allá, me siento perdida desde la distancia y lo que es peor, no me atrevo a decir muchas de las cosas que pienso sobre la situación, tengo tiempo autocensurándome porque no quiero ofender a nadie. En realidad no quiero ofender a personas que amo y viven allá.

-Nunca he tenido una percepción directa de la actividad cultural en mi país porque no pertenezco a lo que llaman "la cultura". Soy como una especie de agente independiente que hace sus cosas a su manera, por eso no tengo información de primera mano sino lo que leo por ahí. Aun así, puedo decir que amo a las poetas, Cantos de Fortaleza es un libro que debería estar inscrito en los grandes logros de las mujeres venezolanas. Mi percepción de la novela es mucho más débil, no he leído casi nada, igual que ellos no me leen a mí. He leído a María Octavio y Sonia Chocrón, me encantan. Lo que sí noto claramente es el trabajo heroico de las editoriales, así sean las más pequeñas. Se está publicando constantemente a pesar de la falta de papel y altos costos, no sé cómo lo hacen. Yo, que estoy afuera, entro en contacto con frecuencia con la obra de autores de otros países, y puedo constatar que la calidad del creador venezolano es excepcional, no hay otra manera de decirlo ni explicarlo, y pasa lo mismo en casi todas las otras áreas, los venezolanos aprendieron a hacer las cosas bien, entonces no se explica de donde salieron estos desalmados.

@amhg_periodista

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