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Damocles, Federico y Bárbara

El viernes se estrenaron un montaje de la pieza "Federico y Dióscoro" de Rubén Burén y la película venezolana "Bárbara" de John Petrizzelli. También comenzó a discutirse en la ANC el proyecto de "Ley contra del odio y el fascismo para la convivencia pacífica".

  • E. A. Moreno Uribe

09 de noviembre de 2017 00:00 AM

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Damocles, Federico y Bárbara

Fuimos testigos de tres sucesos o eventos de importancia sociocultural para Venezuela, escenificados precisamente en Caracas, durante el pasado viernes 3 de noviembre de 2017. Curiosa trilogía de eventos, que hemos vinculado en esta crónica porque confluyen en un abierto y contundente repudio contra las diferenciaciones por las conductas sexuales y otros derechos humanos.

Se dio inicio, por parte de la Asamblea Nacional Constituyente, al proyecto de una norma que promueve la tolerancia y la convivencia pacífica entre los venezolanos. Presenciamos el estreno del espectáculo Federico y Dióscoro, que  propone una reflexión  sobre las últimas  horas del encarcelado escritor Federico García Lorca, presuntamente, por su condición sexual; una dura crítica a un sistema que corroe, discrimina, anula y excluye al ser humano; todo eso se exhibió en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, antiguo y ahora restaurado “portaviones” que permitió el debut y el florecimiento de autores como Isaac Chocrón, José Ignacio Cabrujas y Román Chalbaud, a partir de 1967. Y fue estrenada y comenzó la temporada de la película venezolana Bárbara del director y guionista John Petrizelli, rocambolesca ficción de un travesti criollo y su ocasional compañero de viaje.  

Sin leyes no hay República

Más allá de la divergencia politiquera, es innegable que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) debate la aprobación de un proyecto de Ley contra del odio y el fascismo para la convivencia pacífica, como otra garantía de paz y seguridad en Venezuela. Es una legislación contra el odio y el fascismo, con la premisa de velar por la paz de toda la ciudadanía. Estatuto que tiene como finalidad cumplir con el compromiso original de concordia y armonía conforme a los principios humanistas. Es una espada de Damocles o castigo severo contra el odio la intolerancia y el fascismo entre los habitantes de este pais, que deberá promover la tolerancia y la convivencia pacífica entre los venezolanos, que además  alude  a los medios de comunicación “que promuevan el odio y el racismo”, lo cual exigirá para su cumplimiento que existan autoridades policiales e investigadoras y tribunales capaces y honestos; todo eso debe ser posible en una república que lleva más de 200 años de duro trajinar. Esa normativa, más otras que serán procesadas por la ANC, reformarán la actual Carta Magna de 1999 y todo aquello deberá ser aprobado finalmente por votación popular.

García Lorca de nuevo

Federico y Dióscoro, del autor español Rubén Burén (Madrid, 1974) es un texto, de estructura nada convencional, donde se combinan la narrativa novelesca y la técnica teatral, lo cual impacta porque obliga a reflexionar sobre los últimos días del escritor Federico García Lorca quien es encarcelado, presuntamente, por su condición sexual, y recrea  lo que pudo ser aquel desasosiego carcelario. Es pues, una dura crítica a un sistema que corroe que anula al ser humano. Sin embargo entre ensoñaciones y poesía se van develando secretos y podemos ponderar la condición excluyente de ciertas sociedades.

No hay nada nuevo bajo el sol, como enseña el rey Salomón en esta pieza, todo es conocido gracias a otros autores que han pretendido recrear las horas finales del autor de La casa de Bernarda Alba. Eso no es malo ni bueno, simplemente no es novedoso, pero se acepta por todo el trabajo ahí presente. Creemos que el autor hispano venezolano Jose Antonio Rial es quien mejor plasma esas horas finales en su texto La muerte de García Lorca, gran espectáculo de Rajatabla cuando vivía Carlos Gimenez.

Ahí, en un acto, no superior a los 75 minutos de representación, se muestra a Federico vinculado a Dióscoro en una celda de condenados a muerte, un maestro transgresor; de igual manera nos presenta a Luis Rosales, un gran amigo del escritor, el único contacto con el exterior. Rubén Burén logra crear un texto que se construye fragmentariamente como una película, una especie del discurso cinematográfico que nos lleva a una propuesta estética y escénica multimedia que se conjuga desde la puesta en escena con videos y microfónicas, como advierte la directora Maigualida Gamero.

Hay que recordar que hace 81 años España se desangraba en fratricida contienda. Una guerra civil por injustificables motivos escindía la historia de una nación que había imperado en Europa y América, pero que por la intolerancia de los bandos enfrentados se convirtió en cadalso de caínes y abeles. Las consecuencias todavía atormentan y desvelan a descendientes de víctimas y vencedores. Nadie quiere otra brecha igual.

En la larga lista de ese millón de muertos que dejó como saldo, hay un nombre en especial que evocamos, porque, precisamente, el 18 de agosto de 1936 fue fusilado el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, a los 38 años. Todo un artista de sólidos principios y no un soldado o un guerrillero de pacotilla, a quien los fascistas eliminaron, creyendo que así lo borrarían de la historia. ¡Jamás! 

García Lorca es uno de esos artistas de quien casi todo el mundo ha oído hablar pero al que, lamentablemente, muy pocas personas han leído a fondo. Su personalidad extravagante, además de la forma tan trágica como murió, desgraciadamente ha opacado sus verdaderos logros y su importancia como escritor de vanguardia. Algunos recuerdan más su sórdido final y no lo otro, lo que rompe el silencio de los tiempos, su obra.

Federico, por muchas declaraciones escandalosas que había hecho para defender al socialismo de la república española, y por haberse convertido en una ‘loca pública’, había despertado el odio de conservadores y reaccionarios españoles. Estaba marcado y que sus enemigos querían deshacerse de él, a cualquier precio. Y así lo hicieron, pero su obra ha derrotado al tiempo, una victoria por encima de la muerte.

El documental Lorca. El mar deja de moverse, de Emilio R. Barrachina, desvela que la muerte del célebre escritor “nació en el seno familiar”. Ahí se afirma que Juan Luis Trescastros Medina, casado con una prima lejana del padre del poeta y dramaturgo de Fuentevaqueros, sería el autor material de su muerte, “Fue quien, después del asesinato, fue contando por ahí que le había metido dos balas en el culo por maricón”, dijo el hispanista Ian Gibson, uno de los historiadores que más profundamente investigo este episodio. En ese documental están las palabras de 25 personas y las de Rafael Amargo, quien declara que a Lorca lo mataron sus primos. “El run, run popular de que los familiares eran los instigadores, ahora se confirma”, dice.

El documental acredita que la homofobia “como componente político” es también “una de las causas de la muerte del poeta. Siempre se ha tratado de tapar su homosexualidad, incluso por parte de la izquierda, porque un mártir de izquierda no podía ser homosexual”, dice Barrachina.

Federico y Dióscoro es un juego de la mente hecho teatro, donde Isaac De Lima encarna al poeta, Carlos del Castillo es Dióscoro y Ademir Alfonzo es Luis. David Blanco es el responsable de la iluminación, mientras que el diseño de la escenografía es de Armando Zullo. Y la creadora de todo eso ritual es Maigualida Gamero, como una directora general de una densa ceremonia con ritmos de lectura dramatizada y de teatro de acción que se alternan. Toda una producción bien lograda y digna de aplauso, además de oportuna para los tiempos que se viven en la patria de El Libertador.

Travesti protagonista

Bárbara es un filme de John Petrizzelli, su segundo largometraje de ficción, un road movie rodado en las llanuras venezolanas, producido por Sudameris Cinema, el CNAC, la Villa del Cine y distribuido por Amazonia Films y Cines Unidos. Plasma en la pantalla la saga de Bárbara, viejo travesti que es destronado por otro más joven y en venganza roba a su ex jefe y ex amante un valioso maletín, y se fuga al Llano.

Inventó  un travesti pobre, mitómano, mentiroso, manipulador, con un ego gigantesco que se asume como Donna Summer pero que vive en un cuarto de pensión, gana un sueldito y es desplazado por la ley del mercado del espectáculo que rige mucho más en el mundo travesti, del show fonomímico, que es la ley del más joven. Los travesti que ya están viejos quedan para hacer las doñas del espectáculo o las presentadoras, pero no pueden tener el protagonismo de la vedette, ha explicado el director, quien coescribió el guión con Luis Ángel Duque y Rafael Pinto.

Bárbara se topa con Sixto, un joven campesino que huye de los carteles de la droga. A pesar de sus profundas diferencias, se ven forzados a escapar juntos. Su relación muta del conflicto inicial da paso a una particular amistad. Al final, Bárbara aprende a ser sincero y Sixto se convence de que sus sueños pueden hacerse realidad.

Petrizzelli afirmo que es pura casualidad que repita en su cinematografía con el tema LGBTI, luego del estreno de Tí@s (2015). Realmente lo único que los une como temática es que todos son personajes excluidos o marginados u odiados, pero un día viendo un periódico amarillista encontré una foto de un asalto que hubo en una discoteca gay caraqueña, el Ice Palace, en la que entraron unos delincuentes disfrazados de travestis con pelucas y demás, y asaltaron a todo el mundo. Para mala suerte de ellos, cuando iban saliendo la policía los agarró y a uno lo mataron, y quedó la foto del supuesto travesti tendido con la peluca a un lado y los zapatos de tacón volteados. “Ahí fue que vino la chispa para la historia”, puntualiza.

Bárbara se une a la lista de películas venezolanas que abordan con dignidad la temática gay, las cuales en años recientes han conseguido importantes reconocimientos en los principales festivales de cinematografía del mundo. “El cine venezolano salió del closet, finalmente, y si observa seriamente la mayoría de las películas venezolanas premiadas en festivales de los últimos años son LGBTI. Los directores finalmente asumimos trabajar esa temática”.

Prometemos a los lectores una reseña de este filme, cuya temática ha sido abordada con saciedad por los dramaturgos venezolanos, desde que en 1971 Isaac Chocrón mostró La revolución, dirigida por Román Chalbaud.

Emorenouribe@gmail.com

@EAMORENOURIBE

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