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Ganador del III Festival de Jóvenes Directores

Carlos Fabián Medina y su salida del cascarón

El premio fue otorgado por su trabajo como director en la obra "Tom en la granja", premiada el pasado domingo por un jurado conformado por Diana Volpe, Claudia Urdaneta, Eva Ivanyi, Armando Álvarez y Dairo Piñeres. 

Las angustias en torno al tema de la homofobia movilizan sus procesos creativos, afirmó

Andersón Díaz

  • DIANA MONCADA

13 de marzo de 2017 16:42 PM

Actualizado el 14 de marzo de 2017 10:32 AM

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Carlos Fabián Medina y su salida del cascarón

Carlos Fabián Medina nunca espera ganar nada y nunca ganó cosa alguna antes de sus 25 años. Ser reconocido con el primer lugar del Concurso de Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural, es todavía una sorpresa que lo mantiene conmovido. 

El premio fue otorgado por su trabajo como director en la obra Tom en la granja, premiada el pasado domingo por un jurado conformado por Diana Volpe, Claudia Urdaneta, Eva Ivanyi, Armando Álvarez y Dairo Piñeres. 

Para Medina el premio reconoce un esfuerzo "tremendo" de todo el equipo artístico y técnico involucrado en el proyecto, así como horas de trabajo, quincenas invertidas y un montón de trabajo a destajo para poder llevar su propuesta escénica a puerto seguro, una proeza que no sólo se traduce en talento y dedicación, sino también en la ardua tarea de financiar una obra en tiempos de crisis. 

El elenco de primera con el que contó Medina para la pieza contribuyó determinantemente, afirma el joven director, en la decisión del jurado.
Aun cuando el proyecto teatral era sólo un sueño, y siendo consciente de su poca experiencia, fotografías de Gabriel Agüero, Elvis Chaveinte, Haydee Faverola y Sahara Álvarez, quienes conforman el elenco, yacían en la pared de su habitación como una exigencia afilada e incontenible. Ellos eran los "indicados" para Tom en la granja. Lo supo después de un meticuloso estudio basado en las incontables veces que sus sentidos se entregaron al fuero de sus trabajos actorales.

Salir del cascarón

Durante los primeros ensayos y casi hasta el final, Medina sentía pánico. Se sabía un inexperto y se sentía pequeño ante actores de tan dilatada experiencia. Pero el proceso fluyó y la historia fue tomando cuerpo sin mayores complicaciones.

"Daba una instrucción a los actores y de inmediato me sentía ridículo -cuenta el director-. El proyecto se convirtió en algo personal para mí. Siempre he sido inseguro, fallidamente perfeccionista. Tenía poca confianza en mí y este proyecto me hizo romper el cascarón, me hizo florecer, poco a poco se fue quebrando el miedo que tenía de fallar y me permití ser yo mismo, al final la obra habla de eso, de no mentirnos a nosotros mismos".

Tenía poca confianza en mí y este proyecto me hizo romper el cascarón, me hizo florecer, poco a poco se fue quebrando el miedo que tenía de fallar y me permití ser yo mismo"

Para el director lo más importante en la obra era que todo el equipo se sintiera orgulloso de trabajar con él, a pesar de su inexperiencia, y que su propuesta le aportara algo valioso a sus respectivas carreras.

La angustia como materia 

Medina, quien se define como un "soñador empedernido",  comenzó hacer teatro desde muy pequeño, pero fue en el Centro Artístico TET donde formalizó sus estudios en actuación. Allí se formó dentro de las corrientes grotowskianas durante cinco años y fue tiempo después, en un taller de dirección con Diana Volpe, donde se dio cuenta que su idea del teatro se alejaba de aquellos métodos.

A partir de esa revelación, fundamental en su incipiente carrera, entendió que aprehender el hecho imaginario como algo real, era la ecuación que le funcionaba como creador.

"Mi parte favorita en los ensayos era sentarme con los actores a hablar de los personajes como si éstos fueran reales. Creo que la obra funciona porque se creó algo muy real entre los personajes y eso conmueve a la gente", afirma Medina, quien dio sus primeros pasos asistiendo en la dirección a Jorge Souki, Daniel Dannery, Carlos Sánchez Torrealba, Miguel Issa y Ana Melo.

Para el joven director, quien también se ha desempeñado como actor, el teatro es un espejo, por ello le interesan las propuestas escénicas cuya esencia no se limiten solamente a entretener y "que hablen de nosotros mismos, de nuestras angustias".

Precisamente es sobre la base de una angustia que Medina proyecta sus futuras propuestas teatrales: la homofobia,  abordada en Tom en la granja. "Espero dedicarme mucho tiempo hablar de eso. Es algo que me consume y evidentemente siento que tengo muchas cosas qué decir al respecto", cuenta quien actualmente es tesista de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. 

Tom en la granja estará en cartelera a partir del 25 de marzo en el Espacio Plural del Trasnocho.

@Moncadadiana

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