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Axel Valdivieso: "Hago teatro para no sentirme solo"

El puestista de 21 años llegó de segundo lugar en la tercera edición del Festival de Jóvenes Directores Trasnocho.

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

12 de marzo de 2017 18:47 PM

Actualizado el 13 de marzo de 2017 10:42 AM

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Axel Valdivieso: "Hago teatro para no sentirme solo"

Axel Valdivieso (Caracas, 1996) nació prácticamente imaginando otros mundos sobre el escenario. Un escenario que, durante su cercana niñez no era más que la habitación de su casa que cambiaba con frecuencia como si tratase de vivir cada día como un nuevo montaje.

Valdivieso obtuvo el segundo lugar en la tercera edición del Festival de Jóvenes Directores Trasnocho por la pieza El triciclo, escrita en 1953 por el dramaturgo franco-español Fernando Arrabal, en pleno fragor de la dictadura de Francisco Franco y a cuya censura sólo pudieron oponer resistencia aquellos artistas (poetas, dramaturgos, cineastas, pintores) que encontraron formas barrocas, elaboradas, crípticas, metafóricas de burlar las prohibiciones de entonces.

Su colega Carlos Fabián Medina recibió el primer lugar por la puesta en escena de Tom en la granja, del dramaturgo canadiense Michel Marc Bouchard. A partir del 17 de marzo, los dos montajes tendrán nuevas temporadas tanto en el Espacio Plural de Trasnocho Cultural como en la Sala La Viga del Centro Cultural Chacao. El triciclo tendrá funciones el viernes 17, a las 7:30 pm, y el sábado 18 y domingo 19, a las 7:00 pm.

Ya era la segunda vez que Valdivieso buscaba entrar en la muestra competitiva desde la que el Centro Cultural Trasnocho ha logrado proyectar a noveles talentos de las artes escénicas en el país. En la primera no lo logró, dice, porque el proyecto fue presentado de manera deficiente. Pero a la segunda le llegó la vencida: entró entre los ocho seleccionados para erigir sobre el escenario de la sala Espacio Plural historias, personajes y mundos concebidos sobre el papel por autores como José Gabriel Núñez, Luis García-Arauz, John Osborne, Elio Palencia, Michel Marc Bouchard, Gustavo Ott, Karin Valecillos y, por supuesto, ese infatigable niño que es Arrabal.

De sus veinte años, 13 los ha vivido Valdivieso en íntima conexión con el teatro. Y es que estudiando primer grado en un colegio ubicado justo al lado del Teatro Luis Peraza –y, obvio, de la Iglesia San Pedro–, en Los Chaguaramos, para el hoy director de teatro resultaba mucho más atractivo ver a los malabaristas, a los actores del Centro TET (Taller Experimental de Teatro), que asistir a una misa.

Un impulso natural lo llevó a pedirle a sus padres que lo inscribieran en el taller de teatro infantil de la compañía. “El teatro no te permite forjar una personalidad”, fue la respuesta de su padre, quien, paradójicamente, lo llevaba a una que otra función. “Él jugaba a favor y en contra”, admite el joven galardonado, junto con Medina.

-¿Qué le llamaba la atención de aquello?
-Sentir que entraba en otros mundos, que había un espacio dentro de otro espacio. Me parecía fascinante. Como mi cuarto tiene una ventana, me la pasaba cambiando la decoración para que desde afuera se viera diferente.

Y mientras la imaginación lo llevaba de un lugar a otro sin salir de su habitación, Valdivieso fue espectador de los montajes infantiles del TET y de Teatro del Contrajuego, compañía que dirigió Orlando Arocha. La reticencia de sus padres cedió finalmente cuando, después de permitir que su hijo participara en un taller vacacional de teatro, quedaron maravillados con el resultado final del curso.

Durante tres años, Valdivieso fue parte del TET. Bebió las artes escénicas de manos de Ludwig Pineda, Carlos Sánchez Torrealba, Guillermo Díaz Yuma y Alma Blanco, entre otros. Ya no había vuelta atrás: el teatro se le metió por los poros al punto que ingresó a la Universidad Central de Venezuela para estudiar Comunicación Social; bueno, eso creía su papá, pues él se inscribió en la Escuela de Artes.

Su primer contacto con la dramaturgia lo tuvo a través de otro taller dedicado a la escritura de obras infantiles con el también actor Oswaldo Maccio. De esta experiencia surgió la idea de crear la agrupación Teatro Funámbulo, que montó la obra Simón, el luna. En la actualidad, Valdivieso cursa el sexto semestre de Artes, mención Teatro, en la UCV.

“Yo no rechazo nada”, dice Valdivieso. Por ello se integró de manera muy rápida al fragor del quehacer teatral caraqueño. Ha sido productor, asistente de dirección, diseñador y realizador de vestuario y utilero en piezas como El pie de la virgenDecamerón y Esperancita. “Siempre tuve la necesidad de aprender, de hacer cosas, fuera del ámbito académico”, explica. Entre sus mentores siente un especial afecto por Orlando Arocha y Miguel Issa.

-¿Qué desea expresar a través del teatro? ¿Qué temas le interesan?
-Escribo mucho, en mi cuaderno de notas, en mi tablet. Vengo de una familia numerosa. Cuando se vive con veinte personas siempre puede ocurrir cualquier cosa. Me interesan temas como la familia, las realidades irreconciliables, las ausencias…

-La familia es un tema ineludible para casi todos los artistas. ¿Qué representa para usted?
-La familia es como un cajón que pones para que el agua no se desborde. Algo que te sustenta, digo, para la vida. Es lo que te hila a la vida. Hago teatro para no sentirme solo. Con mi familia no comparto mis intereses creativos, para eso está mi familia teatral.

-¿Por qué escogió una obra como El triciclo, de Fernando Arrabal, para debutar en la dirección?
-El triciclo es una obra que no se lee en la Escuela de Artes. Leemos a Ionesco, a Harold Pinter pero, ¿qué pasa después? El teatro del Absurdo, el clown, se adaptan a cualquier época, más a ésta en que los valores se han subvertido. Nuestro teatro no puede seguir siendo el mismo que se hacía en los años noventa, porque nos han pasado muchas cosas. Hasta las obras del Cabrujas no pueden seguir montándose como ya se hizo en el pasado. Lo importante de un texto es que te diga cosas aun cuando la historia mute. El triciclo es un texto que cada vez que lo leía me hacía imaginar montajes diferentes.

-¿Qué es lo que debe hacer todo buen director de teatro?
-Ponerse en los zapatos del actor. Eso lo aprendí de Carolina Torres cuando dirigió a Diana Peñalver en Esperancita.

-En los zapatos de los actores y en la camisa de fuerza de la realidad, aunque se trate de un universo surrealista como el de los indigentes de El triciclo.
-El teatro es máscara. No creo en el teatro hiperrealista. La poesía es la forma, pero sobre ella recae una realidad brutal; en el caso de El triciclo, el de una España que venía del Guernica, del franquismo. Cuando asumí dirigir la obra de Arrabal, decidí hacerlo desde la cotidianidad, mi cotidianidad: la enfermedad de mis padres, la indolencia a la que te enfrentas cuando recurres al sistema público de salud… La muerte se nos ha hecho demasiado cotidiana.

-¿Cuál es a su juicio el “deber ser” del teatro?
-Reflejar los sentimientos de la época. Siempre hay cosas que decir. Si sobre el teatro aún no se ha posado la sombra de algún comité de censura, no veo por qué nos vamos a poner un tapón en la boca. Creo que el gran error de los venezolanos es que no nos atrevemos a afrontar el presente; nos quedamos siempre con la añoranza del pasado. Eso ocurre también con nuestro teatro.

Axel Valdivieso espera estrenar su segundo montaje como autor y director en septiembre de este año. Aunque cuenta con la tutela de Miguel Issa, prefiere, por cábala, no adelantar nada.

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