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MIRADA EXPUESTA // ERLEN ZERPA

¿Y si algún día nos quitan el caos?

El fotógrafo y diseñador gráfico, nacido en Seboruco, estado Táchira, pero afincado en Caracas, recorrió tres barrios de una ciudad que se ha convertido en una gran barriada, y de ellos extrajo imágenes que cuentan historias de la precariedad a la que nos hemos acostumbrado.

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

26 de febrero de 2017 04:00 AM

Actualizado el 26 de febrero de 2017 08:44 AM

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¿Y si algún día nos quitan el caos?

Las fotografías de Erlen Zerpa (Seboruco, Táchira, 1980) hablan por sí solas. Narran historias que no necesitan para explicarse de sesudos análisis sociológicos, pues, al parecer, a estas alturas del ¿desarrollo? urbanístico de Caracas -ciudad en la que vive el también diseñador gráfico- es poco o nada lo que los expertos pueden hacer, o recomendar a unas autoridades groseramente sordas, para revertir el sostenido y acelerado deterioro de un hábitat en el que ya hace tiempo se dejó de vivir; en el que apenas se puede sobrevivir.

Señales de tránsito que han perdido su funcionalidad, pero persisten entre el óxido y la falta de mantenimiento. Improvisadas viviendas cruzadas por un desordenado entramado de cables de electricidad y alambres de púas. Ranchos que, por la obligatoriedad de resguardar a sus habitantes y los bienes que hay dentro de ellos, se han transformado en especies de cárceles desde las que cualquier anónimo ciudadano mira, hasta con desconfianza, hacia un horizonte que atemoriza o no ofrece muchas posibilidades de un mejor porvenir. Negocios informales que venden desde chocolates y hasta ofrecen servicio de fotocopiado… en fin, todas estas escenas, descritas en las fotografías de Zerpa, retratan los vestigios de una Caracas pueblerina que aún se resiste al paso del tiempo, ese tiempo de olvido perpetuo que ha desconchado la pintura de las paredes para dejar al descubierto capas y capas de pretéritos deseos de mantenerlas conservadas.

Una ciudad en ruinas. Arruinada por la desidia. Quizás, el espejo de un estado del alma producto también de una secular indiferencia, de ese “como vaya viniendo vamos viendo…” que Ibsen Martínez puso en boca de Eudomar Santos en Por estas calles. Porque a fin de cuentas, todos somos, hoy más que nunca, réplicas de aquel personaje de la ficción melodramática para el que no había futuro, ni siquiera imaginable.

En esta paradoja de país, cabe recordar que el 23 de Enero fue proyectado por Carlos Raúl Villanueva como una solución, al estilo Le Corbusier, para cumplir con la responsabilidad del Estado de ofrecer una vivienda digna (perdóneseme la trillada palabra) a los miles de venezolanos que, por abandonados, decidieron abandonar el campo para venirse a la ciudad. Desdichadamente, los desvelos creativos del arquitecto resultaron insuficientes, o no macharon coordinadamente con muchos otros factores que también requerían de una acción oficial, hoy circunscrita a un hacer político populista, enfermizo y hasta peligroso.

Así es Caracas. Así, el país. A medio hacer. Provisional. En construcción. Ahora, más bien, en plena destrucción. Y mientras tanto, el caos, la violencia visual, el desequilibrio paisajístico siguen allí, ante la belleza inalterable del Ávila, pero también ante una ciudadanía paralizada, conformista, impasible o quién sabe si desinteresada ya en procurarse un ambiente, un hogar, más placentero y más humano... Esto es lo que muestran las fotografías de Erlen Zerpa, tomadas en Petare, El Valle y el 23 de Enero, con una perspectiva que aunque no obvia lo grotesco de las circunstancias, anhela lo estético, sin que ello signifique que el artista cerró sus ojos frente a la realidad. Al contrario, miró con mucha más atención que la mayoría.

Zerpa, que ha titulado su ensayo Los callejones de Caracas, comenta: “La poesía y la crudeza del paisaje urbano convergen en esta serie que se propone una revisión crítica por medio de la imagen de tres zonas densamente vulneradas por la violencia y el olvido. Petare, El Valle y el sector 23 de Enero son los protagonistas del viaje que realiza el lente cuando se mimetiza con la realidad de la ciudad”.

Reconoce el fotógrafo, con una especialización en Desarrollo Artístico y Restauración en el Istituto Statale d’Arte de Florencia, Italia, que este trabajo le permitió vivir la experiencia de verse expuesto, “inmerso en un entorno en el que predomina la decadencia, colocando al espectador y al fotógrafo mismo en la postura de observador crítico”.

Las historias que las imágenes de Los callejones de Caracas puedan inspirar están en la cabeza de cada quien. Para algunos, formarán parte de un problema socio-económico que se ha agudizado en los últimos años y que no hay que dejar de denunciar; otros, las asumirán desde la fría indiferencia que les permita su zona de confort, y hasta habrá quienes, muy a lo Eudomar Santos, dirán: “Esto es lo que hay”, seguros de que jamás saldrán del caos de su cotidianidad, porque eso y no otra forma de (sobre)vivir es lo que han conocido: desasosiego, desesperanza, cansancio, precariedad, acostumbramiento, violencia, miedo, miseria y, por qué no, algún atisbo de belleza entre tanto desorden.

Más del trabajo de Erlen Zerpa se puede apreciar a través de las cuentas Erlen Zerpa Artista Visual (en Facebook) y @erlenzerpa, tanto en Twitter como en Instragram.

mirada.expuesta@gmail.com

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