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Revenden cableado público en mercados clandestinos

Denuncian mafias que se dedican a desmantelar el mobiliario de la urbe

  • JULIO MATERANO

22 de agosto de 2017 17:44 PM

Actualizado el 25 de agosto de 2017 10:51 AM

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Revenden cableado público en mercados clandestinos

Caracas.- Algunos de los vendedores de metales llegan andrajosos, con la vestimenta sucia y descosida, otros cargan arrendajos de sacos, pero buena parte de las personas que viven de la reventa de cobre, aluminio y bronce se  trasladan en vehículos particulares hasta Mariche, con la mercancía encubierta en la maleta, forrada en cajas y bolsas. 

Es el negocio de la canibalización y el rebusque, una práctica que ha ganado espacio entre las familias pobres de la ciudad para resistir a la crisis puertas adentro de los hogares, donde escasea la comida, las medicinas y fallan los servicios básicos.

El negocio gana adeptos y no solo congrega a vagabundos que desmantelan el tendido de energía eléctrica, el cableado de Cantv y roban los bienes públicos, también congrega a personas con ingresos que buscan sobrevivir a sus propios dramas personales. Así lo relata José Perdomo, residente de Filas de Mariche, una comunidad donde decenas de familias viven de la compra y venta de metales, y es considerada la principal zona de distribución en el este.

Una fuente de Corpoelec, la compañía estatal de energía, advierte que no se trata de un negocio aislado, es, junto a la falta de políticas y de inversión gubernamental, el mayor problema contra el que lidian para tratar de garantizar alumbrado en las calles  y avenidas de la ciudad.

"Cuando se trata de maniobras complejas, que requieren días de labor, muchas veces los delincuentes no nos dejan terminar los trabajos, se roban los cables por las noches, las baterías de los transformadores y cualquier material que sea de cobre. Pero también hay gente que tiene conocimientos y sabe cómo robarse los cables. Es una mafia", denuncia el técnico.

 En la parroquia San Juan, en Libertador, funcionan casas de aspecto ruinoso y negocios clandestinos, donde acuden masivamente para transar los metales por dinero.

Alberto Domínguez, residente de la parroquia Santa Teresa, asegura que se trata de un negocio a cielo abierto que opera en horas nocturnas y que además compromete el escaso mobiliario de la urbe. "La gente está desmantelando la ciudad para medio comer", dice.
De los 5,2 kilómetros de vía que suman las avenidas Fuerzas Armadas y Nueva Granada, solo algunos tramos están iluminados, la situación se repite en la Urdaneta, Universidad, México, Lecuna, y la carretera de El Junquito, donde opera una banda que roba los paneles fotovoltaicos, que generan electricidad mediante la energía solar.

En Distrito Capital, las plazas Madariaga y José Antonio Páez, en El Paraíso, exhiben la huella de la inseguridad. En la primera, fundada en el gobierno de Gómez, el Monumento al Grito de la Independencia fue vandalizado. La  obra en alto relieve, elaborada en bronce, que reproduce imágenes de la Independencia, ha sido desmembrada. Se trata de una práctica que se repite en las plazas Páez y San Martín, cuyos próceres han sido despojados de su lanza y espada, respectivamente.
 

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