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En Sermon de las Siete Palabras

"El pueblo tiene sed de una justicia sin trampas ni privilegios"

El oficio estuvo presidido por el Rector del Seminario Santa Rosa Lima, presbítero Francisco Morales quien recordó que “solo perdonándonos podemos vivir en paz”.

  • DELIA MENESES

25 de marzo de 2016 16:34 PM

Actualizado el 25 de marzo de 2016 18:20 PM

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"El pueblo tiene sed de una justicia sin trampas ni privilegios"


La meditación de las últimas palabras pronunciadas por Jesús en la cruz antes de morir, la tradicional prédica del Viernes Santo, estuvo a cargo del presbítero Francisco Morales, Rector del Seminario Santa Rosa de Lima, la casa de formación de los futuros sacerdotes.

Desde el púlpito de la Catedral de Caracas, el sacerdote llamó a encontrar una resonancia actual en las frases dichas por Jesús, "pues su enseñanza es siempre vigente, nueva". Al meditar la primera palabra: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", invitó a pedir perdón por la propia ignorancia. "A veces creemos que estamos haciendo el bien cuando estamos haciendo el mal, en todos los niveles de esta sociedad, de la Venezuela nuestra. Cuántas cosas negativas hacemos en nombre de Dios, se cometen injusticias, cerramos los ojos para no ver a nuestros hermanos que sufren, despreciamos a los pobres. Debemos perdonar a los que son de nuestro grupo y a los que no lo son, solo perdonándonos podemos vivir en paz".

En la frase que Jesús dirige al buen ladrón (Hoy estarás conmigo en el paraíso), Morales oró por los que causan mal a los demás, "que se compadezcan de tanta violencia, que se conmuevan con el llanto de las viudas y los huérfanos. Que cambiemos las armas de fuego por instrumentos de trabajo, las granadas que producen muerte por semillas de vida. Luchemos contra el narcotráfico que ha llenado de dolor a tantos hogares. Pedimos por quienes abusan de los más débiles desgarrando las entrañas de los demás con sus acciones en esta patria nuestra".

"Mujer, ahí tienes a tu hijo", fue la oportunidad para orar por las madres que sufren por la muerte de sus hijos de diferentes formas: por la falta de trabajo, la corrupción, la enfermedad, la droga, la delincuencia

"Dios no nos abandona, está con el inocente que sufre injustamente, aunque momentáneamente calle. En medio de nuestro grito de angustia por nuestras situaciones personales y sociales, podemos querer abandonar la lucha porque la consideramos estéril, pero a veces es bueno tocar fondo, para implorar ayuda a Dios. Nuestro desamparo es la garantía de que seremos escuchados. Él va intervenir para mostrarnos que no nos ha dejado solos. En Cristo, Dios nos da la esperanza de un futuro mejor".  Esta fue la reflexión de Morales al pronunciar la cuarta palabra: "Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado".

El Reino se construye, no según el plan de los hombres ni de las ideologías, sino según el designio de Dios. La última palabra no la tiene la maldad, sino Jesús.

Al referirse a la quinta palabra "Tengo sed", el sacerdote pidió por los que están sedientos de justicia, de amor, de seguridad, de prosperidad. "Es la sed del pueblo de nuestra Venezuela, sed de ser gobernados con equidad, sed de progreso y de paz, de tener mejores relaciones humanas, sed de un gobierno honesto, limpio transparente, sed de una justicia sin trampas ni privilegios, sed de trabajo y de igualdad de oportunidades".

"Todo está cumplido", fue la sexta frase y en esta parte de la meditación Morales dijo a los creyentes que el plan de Dios no se ha realizado por completo, pues cada uno debe cumplir con la misión que le corresponde: "Las amas de casa, los empleados, los jóvenes, los gobernantes. Dios espera mucho de nosotros y no podemos defraudarlo. Aún no hay paz porque no hay justicia y no hay justicia porque no sabemos amar y no sabemos amar porque nos hemos alejado de Cristo".

El Rector del Seminario Santa Rosa de Lima dijo que la séptima palabra: "En tus manos encomiendo mi espíritu", es el grito de los hombres en medio de su angustia y limitaciones, "es el grito de los venezolanos. Todo puede vacilar en torno nuestro, pero si confiamos en Jesús nada puede confundirnos. Sabemos que estamos en buenas manos, en las manos de Dios. El Reino se construye, no según el plan de los hombres ni de las ideologías, sino según el plan y el designio de Dios. El designio de Dios se cumple, la última palabra no la tiene la maldad, sino Jesús".

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