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Instituciones de educación técnica luchan para superar las desventajas

Centros de capacitación laboral resisten en un entorno marcado por los altos costos y la escasez

  • MARÍA DE LOURDES VÁSQUEZ
  • DELIA MENESES

19 de marzo de 2017 05:00 AM

Actualizado el 21 de marzo de 2017 10:40 AM

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13 mil 845 jóvenes entre 15 y 25 años tiene en la actualidad el programa de los Centros de Formación Laboral de Fe y Alegría, distribuidos en 757 talleres de formación 

8 mil alumnos se educan en las aulas de la Fundación La Salle en diversos oficios. En el Cecal de Los Valles del Tuy hay 35 jóvenes formándose durante un año como asistentes administrativos e informáticos

Hay poco más de un millón de niños, niñas y adolescentes entre 3 y 17 años fuera del sistema escolar, según cifras oficiales. Entre los jóvenes de 18 a 24 solo 1 de cada 5 accede a la educación en el estrato más pobre, concluyó la Encuesta Condiciones de Vida Venezuela 2016.

A esta realidad se suman los datos de la Organización Internacional del Trabajo, según los cuales las personas que laboran en condiciones de informalidad sobrepasan el 50%. 

Frente a este panorama, el reto de las instituciones de educación técnica (que se apoyan  en esquemas de coordinación entre el sector público y privado) luce titánico: hacer frente a la deserción escolar y a la informalidad y crear capacidades para promover procesos de formalización en un entorno marcado por los altos costos y la escasez, la falta de capacitadores y de insumos y las dificultades para reparar equipos o reponer herramientas.  

A pesar de las dificultades, instituciones que durante más de medio siglo se han dedicado a educar con cultura para el trabajo aseguran que, hoy más que nunca, invertir en formación técnica es una de las fórmulas para enfrentar la crisis pues es necesario recuperar la capacidad productiva de las personas. 

En el barrio La Cumbre de la parroquia Antímano, sector Matapalo, funciona la Escuela Técnica Industrial San José Obrero, un centro donde los estudiantes pueden optar por hacer un bachillerato técnico de seis años de duración o formarse como auxiliares en diferentes áreas industriales en el Centro de Capacitación Laboral (Cecal) de Fe y Alegría.

Este es uno de los 79 centros que la institución sexagenaria administra en toda Venezuela, una propuesta de formación para el trabajo que surge en 1998 para dar respuesta a los jóvenes excluidos del sistema educativo formal. 

Mercedes Núñez, coordinadora pedagógica de los Cecal de Fe y Alegría en la zona de Miranda, explica que los muchachos que acuden al centro, regularmente terminaron sexto grado y comenzaron primer año pero no terminaron. Las razones son múltiples: no tienen medios económicos, no se adaptaron al sistema educativo formal, embarazo adolescente, etc.

La deserción en los sistemas de educación de adultos suele ser alta y en los centros de capacitación laboral esta situación se ha agravado en los últimos años. En el Cecal de los Valles del Tuy JJ Bernal, entre septiembre y octubre de 2016 comenzaron 277 estudiantes, pero en febrero pasado completaron  el semestre 187. Esto significa que 32,49% de los  muchachos no terminó el programa.

Entre las causas de la deserción está la necesidad de los jóvenes de incorporarse al mundo laboral para contribuir con el sustento familiar. "Lo que te dicen es: 'Ya no puedo seguir profe, mi familia necesita que trabaje y perciba un dinero'", cuenta Nuñez.  

Lo mismo ocurre con los facilitadores e instructores, la rotación del personal es continua porque el sueldo no les alcanza, aunque tienen los beneficios de ley, gracias al convenio entre el Ministerio de Educación y la AVEC. "Hay que reconocer que hay una voluntad de parte del Estado de estar al día con los pagos, pero la realidad nos dice que a los docentes no les alcanza el sueldo. Sin embargo, los centros no se paran".

Rafael Peña, coordinador del Cecal San José Obrero, destaca  que la educación técnica es costosa pues demanda una variedad de insumos y equipos. Debido a la coyuntura algunos proveedores se han ido del país y buscar nuevas donaciones no es un ejercicio fácil.  En el Cecal Jesús Obrero algunos talleres han sido donados por empresas como LG, Praxair, Lincoln, entre otros.

La colaboración del sector privado es clave para mantener la formación de jóvenes como Winder Nieves, estudiante de cuarto año de electrónica en el San José Obrero de Antímano. Vive en Tanaguarena, estado Vargas y sale todos los días a las 5 a.m. para comenzar su jornada académica a las 7 a.m.  En la actualidad aspira a una beca del Centro Venezolano Americano (CVA) para aprender inglés y así poder estudiar Robótica en Estados Unidos. 

Durante cinco décadas, el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), fundado en 1959, formó en sus aulas y talleres a más de 6 millones de venezolanos en oficios. En mayo de 2008 se reformó su ley, cambiando de nombre a INCES, Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista, modificando su esquema de cursos por el de proyectos integrales.

En 2017 el programa Somos Inces ofrece 560 opciones formativas  (en áreas centradas en los 15 motores de la Agenda Económica, entre ellas: agricultura, turismo, banca, textil, construcción, industrial) y aspira capacitar a 850 mil personas este año, según su presidente Wuikemal Paredes, quien ha denunciado que los centros con frecuencia son víctimas  de robos de equipos e insumos. 

En diez años, Aliadas en Cadena ha beneficiado a más de 21 mil mujeres que se han abierto camino a través de la tecnología. En los núcleos de El Valle, Las Acacias, Catia, Barquisimeto, Zulia y Valencia las jóvenes se forman en computación.Cuando Ileana La Rosa creó este proyecto entendió, gracias al contacto con mujeres de zonas populares, que el problema primario de casi todas era la capacitación. 

La Rosa resalta que todas las mujeres que forman hacen pasantías en comercios o empresas y 57% consigue trabajo.

"Ahora más que nunca, por el momento que vive Venezuela, no se trata solo de aprender cosas sino aprender para la vida y para el trabajo. Promover la educación técnica en las ciudades y la educación agropecuaria en el campo, impulsar las iniciativas de emprendimiento", dice Joseba Lazcano, sacerdote jesuita, quien también es investigador del Centro de Formación e Investigación de Fe y Alegría.

Educar con cultura para el trabajo es uno de los pilares de la Fundación La Salle, institución sin fines de lucro que durante seis décadas ha formado a más de 32 mil jóvenes entre sus escuelas técnicas y sus institutos técnicos universitarios que funcionan a nivel nacional. Para esta organización hay dos buenas razones para impulsar el emprendimiento en tiempos de crisis como el actual: promover el desarrollo integral del ser humano, que la persona pueda suplir sus necesidades básicas y revertir esa tendencia o lógica rentista que se ha instaurado en el país y lograr que cada quien sea parte de su éxito sin depender del Estado o de otros sectores.

Necesidades del mercado 

Al momento de emplear, las empresas e industrias solicitan personas que, además de estar capacitados para el oficio, manejen las llamadas competencias blandas: trabajo en equipo, puntualidad, responsabilidad, manejo de relaciones interpersonales, capacidad para redactar un informe, comprender textos instruccionales, orientaciones. Que sea crítico, proactivo y sepa tomar decisiones. Trabajadores con un juego ético de valores inmerso.

En los centros de capacitación laboral que están a cargo de congregaciones religiosas (los de Fe y Alegría, AVEC, fundación La Salle, Escuela Técnica Popular Don Bosco)destaca la formación en principios humano-cristianos con criterios éticos de solidaridad, respeto, tolerancia. Se educa a partir de la realidad de cada joven para formar emprendedores económicos y sociales capaces de ver oportunidades en la crisis.

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