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El hambre y la crisis dan rostro a los Judas

En La Vega, El Valle, La Pastora y Santa Rosalía mantienen la tradición popular

  • JULIO MATERANO

16 de abril de 2017 05:30 AM

Actualizado el 16 de abril de 2017 08:09 AM

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El hambre y la crisis dan rostro a los Judas

Caracas.- Sea cual sea el pretexto de la quema, desaprobar a un funcionario, rechazar un hecho de corrupción o amargura, cada vez que arde un Judas en Caracas crepitan el enojo y la decepción de quienes cargan con la tradición de calcinar monigotes para aliviar sus propios dramas, desdichas comunes que hoy son ensalzadas con el sarcasmo y la parodia propia de una tradición que en el caso del Cementerio suma 76 años y lleva nombre y apellido: Juan Loaiza.

Se trata de un vecino de la calle Los Cármenes que heredó la tradición de su padre, Blas Loaiza, y profesa el resabio de quemar muñecos con la misma religiosidad popular de quien vela la Cruz de Mayo.

Hoy cuando las familias más pobres se confiesan agobiadas por la escasez de alimentos, medicinas y la opacidad gubernamental frente a la inflación, no es el beso de la traición ni las 30 monedas de plata lo que las alienta a reproducir la tradicional quema, una práctica que evoca la entrega de Jesús al Sanedrín. Es más bien un talento urbano incentivado por el clima de frustración que arropa a las comunidades.

En San Agustín, El Valle, La Vega, Antímano y La Pastora se orquesta la costumbre con arrojo. Curtido  en el arte de organizar las quemas cada Domingo de Resurrección, Loaiza ha depositado todo su entusiasmo para alimentar con devoción una tradición que congrega desde los años 40 a familias de Santa Rosalía.

Con 38 "traidores" manufacturados desde que asumió la práctica,  guarda la clave que le ha permitido fijar la tradición. Dice que se vale de las situaciones adversas que ensombrecen la escena pública para transformarlas en una jornada de encuentro comunitario, donde caben actividades deportivas, recreativas, y que desde la algarabía local se resume en una frase: la fiesta del Judas.

La constancia y el compromiso con quienes aúpan la costumbre han sido fundamentales en una labor que asegura haber tecnificado y que le han aportado jocosidad a su vida. Las anécdotas se entretejen en una comunidad que hoy se resiste a desechar la tradición.
"Es necesario promover un Judas en cada sector, que las personas se involucren y disfruten de un momento de encuentro", dice. Al menos ese es el objetivo de la Asociación Civil Judas del Cementerio, organización que creó hace más de una década y que se ha propuesto diseminar la quema. Sus miembros brindan orientación a quienes se atreven a elaborar su propio ejemplar.

A diferencia de otros sectores, en El Cementerio la regla es no personificar a los monigotes. Solo queman contrariedades. Este año han decidido arrojar el hambre al fuego, un problema que gana terreno y que se presenta con la desdicha de quienes hurgan las bolsas para aplacar sus estómagos. "Los políticos se queman solos. Por eso no damos rasgos a los muñecos", explica Loaiza.

Relata que en una ocasión en la que intentó quemar el avión del entonces presidente Chávez, que era el rostro del muñeco, tuvo que ajustar el concepto a última hora para convertirlo en la aeronave que impactó contra las Torres Gemelas en Nueva York. Pues sus seguidores enfurecieron.

Silvia Palacio, de San José de Cotiza, lo describe como una industria folclórica. Hace 12 años incursionó en ella y afirma que lo hace para animar a los más jóvenes. "El ambiente es festivo, nuestra gente sabe que puede hallar dentro de tanta angustia un momento para reírse".

En las Islas Canarias, en España, la quema está precedida por un acto de apedreamiento al monigote. En Venezuela es tan vieja, dice José Almeida, profesor de Historia de la UCV, que se remonta a la época de Américo Vespucio, un comerciante de Florencia que participó en al menos dos viajes de exploración al Nuevo Mundo (América) y que entregaba espejos a los aborígenes de Cumaná a cambio de perlas. Tras el intento de engaño los aborígenes lo representaron a través de un espantapájaros y le prendieron fuego. El hecho tuvo lugar en  1499. Se cree que el primer Judas de Caracas se quemó en el año 1801. Almeida relata que durante la colonización era común judaizar a quienes  cometían crímenes.

En La Vega, donde se cultiva la tradición desde hace 25 años,  quemarán a una representación del Ejecutivo. " Muchas familias deben esperar hasta dos meses por una bolsa del CLAP.  Maduro es el responsable de la desidia, de que las personas se peleen por la basura y  de que  niños  asesinen a funcionarios de la Fuerza Armada", dijo la vecina Marilin Materano.

La práctica también tiene disidentes. En La Vega el año pasado oficialistas arrojaron agua al muñeco que representaba a Héctor Rodríguez para impedir la quema y luego lo hurtaron. Con el muñeco encima los raptores se pasearon por  la plaza Bolívar. Aquel alboroto tomó por sorpresa a los fieles de la parroquia Santo Cristo de La Grita que salían de la liturgia de Pascua.

La dirigencia opositora también es objeto de ironía. Jorge Castrillo, de El Valle, hace sus propia analogía de Judas. Hoy los vecinos quemarán a Lilian Tintori, Luis Almagro, Julio Borges y Freddy Guevara. "Son traidores, venden la patria para tener poder y gobernar".

Bajo el fuego

  • A propósito de la quema de Judas, en El Cementerio los vecinos organizan una jornada de juegos tradicionales, que incluye torneo de chapitas y palo ensebado. Este año los residentes de Santa Rosalía organizaron su tradicional maratón, esta vez de 10K.
  • En otros tiempos la identidad de Judas era más bien parroquial y se asociaba a la vecina chismosa o al delincuente del barrio. Con los años, la actividad ha tomado un matiz más político y desde entonces arden problemas como la corrupción.
  •  En El Valle los lugareños se han tomado la tradición con mayor empeño desde 1999. Allí el artista popular Julio Gutiérrez es el encargado de caracterizar a los monigotes.
  • Cuando se trata de confeccionar un muñeco, sus creadores destacan por su ingenio. Julio Gutiérrez usa técnica de piñatería, mientras en otras comunidades los vecinos usan retazos de telas y prendas desechadas para construir sus ejemplares.
  • En un ambiente dominado por la jocosidad y la denuncia, a partir de las 5:00 de la tarde de hoy, las comunidades verán arder sus mayores problemas.

Este Domingo de Resurrección las comunidades ponen de manifiesto su creatividad al realizar la quema de monigotes, una tradición que cobra vigencia en zonas populares y que guarda relación con la entrega de Jesús por Judas Iscariote. Se trata de una práctica que en la comunidad de El Cementerio, en Santa Rosalía, suma 76 años y congrega a familias en una jornada que incluye juegos tradicionales. Hoy la frustración por la escasez de alimentos y medicinas alientan a vecinos de San Agustín, El Valle, La Vega, Antímano y La Pastora a preserva la costumbre bajo un clima donde impera la denuncia.

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