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Las alianzas de la Quinta República

El objetivo de crear un mundo multipolar donde Estados Unidos quedara relegado impulsó al presidente Hugo Chávez a establecer alianzas internacionales, que si bien le dieron connotación mundial a su proyecto, configuró en su totalidad la geopolítica venezolana sustentada por el petróleo.

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Ahmadinejad, presidente de Irán, junto a su homólogo, en la última visita (AFP)
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FRANK LÓPEZ BALLESTEROS |  EL UNIVERSAL
martes 5 de marzo de 2013  12:00 AM
El estratégico tablero internacional de la revolución bolivariana le ha costado al país más de 30.000 millones de dólares que se reparten entre donaciones, préstamos solidarios, compra de armamento e inversiones petroleras, alguna de las cuales se conoce el resultado.

Los expertos sugieren que tras llegar al poder en 1999 Chávez mantuvo una agenda diplomática "equilibrada" con la misión de impulsar la integración regional como eje de su proyecto político personal, que aún no se destapaba por completo.

La consolidación de las relaciones con Cuba desde 2000, el retiro en 2005 de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la adhesión al Mercosur, el acercamiento a Rusia, China, Belarús, y los contactos con Irán y Siria como ejes de la retórica antiestadounidense, son la piedra angular de la diplomacia chavista. 

Para alcanzar esta misión, el Palacio de Miraflores planteó la necesidad de conformar redes de apoyo a la Revolución Bolivariana en los cinco continentes privilegiando los negocios con socios ideológicos donde La Habana fue el mayor aliado. 

Con Bolivia, Ecuador, Brasil y Argentina alineados a la izquierda, se buscó fomentar la unión regional, a la par de que al reivindicar la lucha contra las desigualdades de África ganaría simpatía en "el mundo negro y musulmán", a diferencia de lo que ocurría con Washington y las potencias occidentales.

Cuba: "hacia la isla de la felicidad"

La Cuba de Fidel Castro fue el principal motor que impulsó la transformación política de Venezuela hacia un Estado socialista con el que La Habana, al mismo tiempo, garantizó su sostenibilidad.

Esa unión se terminó configurando en dos ejes clave con el que Cuba pagó un precio fijo por las ayudas de Caracas: prestarle a Chávez una asesoría política y de inteligencia que le permitiera enfrentarse a "la lucha antiimperialista" como líder del ahora llamado Socialismo del Siglo XXI.

Un avance de esa camaradería hoy pasa factura: el intercambio comercial entre ambas naciones ascendió a más de 17.000 millones de dólares en los últimos cinco años, con un promedio anual de más de 3.000 millones de dólares.

Venezuela se terminó por convertir en el primer socio comercial de la mayor de las Antillas, y con 26% de sus exportaciones y 31% de importaciones, tiene más de 120 convenios firmados en campos que van de la medicina, educación y deporte, a los planes de unir a los dos países en una federación.

Uno de los mayores réditos de esa alianza ha sido con el petróleo. Caracas oxigena a la economía cubana con el suministro de 92.000 barriles diarios de hidrocarburos en condiciones preferenciales de financiamiento que la isla paga entre otras cosas, con el servicio de miles de médicos enviados al país, que se estiman en 25 mil.

ALBA y Suramérica

La reforzada propuesta de Fidel, que "la revolución bolivariana, como la cubana, solo pueden salvarse y trascender si construyen una alianza común", se vio reflejada con el nacimiento de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), y la figura de Chávez proyectada como líder continental de izquierda como heredero del dictador cubano.

Con la ALBA Venezuela abrió un capítulo valioso en su objetivo de exportar la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI en América Latina, bajo un costo oneroso para las arcas nacionales.

Así la ALBA con Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, principalmente, se ha llevado en cooperación venezolana desde 2005 cerca de 3.400 millones de dólares, donde La Habana fue el mayor benefactor.

Con una partida que supera los 1.7 millardos de dólares, el fondo del Bandes ejecuta más de cincuenta actividades dentro y fuera de Venezuela hasta 2011.

En 2010 la beneficencia de Chávez con Nicaragua ascendió a 511 millones de dólares, pero el total de los fondos de esa coalición suman $1.600 millones desde que el presidente de esa nación, Daniel Ortega, asumió el poder en enero de 2007, según datos del Banco Central nicaragüense.

El eje internacional chavista ha estado dividido en colaboración petrolera, bilateral al sector público y privado, así como inversión extranjera directa.

Los polos de poder de Chávez en América Latina se vieron favorecidos por la llagada de la izquierda a gobiernos que simpatizaron con el proyecto bolivariano de una alianza regional. Desde Miraflores se formó un eje con Buenos Aires y Brasilia, donde estos dos países se beneficiaron con multimillonarios contratos y convenios que terminaron por blindar esa "camaradería regional".

Viendo hacia China

La Casa Amarilla entró en una etapa ambiciosa que apuntó a jugar con variables estratégicas importante en la escena internacional. El resurgimiento de China como una nación con ambiciones mundiales en política exterior hizo que Venezuela tocara las puertas de Pekín abriéndole camino a esta nación para acercarse  a América Latina.

La primera visita de Chávez a China en octubre de 1999 le permitió conocer de cerca las ambiciones comunes con ese país para proyectarse internacionalmente, al grado que el gigante asiático es en 2011 el mayor prestamista del Estado venezolano. Las inversiones que mantienen están por el orden de los 20 mil millones de dólares a diferencia de los 600 millones de hace una década.

Los acuerdos comerciales entre sendos gobiernos alcanzan los 10 mil millones de dólares, sin incluir los once firmados en noviembre de 2011 y el Fondo Bilateral que se incrementó en el 2009 a 12.000 millones de dólares.

La hábil diplomacia China urgida de recursos naturales encontró a un Chávez que durante sus nueve visitas de Estado contribuyó a que Latinoamérica cambiara su opinión de un país remoto hace diez años a uno que hoy es socio activo en la mayoría de las economías de la región.

La fortaleza soviética

Defensor de un nuevo orden mundial, al acercamiento estratégico a China se le sumó el de Rusia, dos socios con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU con el que Chávez se aseguraba una defensa preventiva ante lo que tanto denunció como un plan de agresión de Estados Unidos y sus aliados.

Con nueve visitas oficiales a este gigante, en abril de 2010, el primer ministro ruso, Vladímir Putin, viajó a Venezuela y selló con Chávez el acuerdo por el que un consorcio de empresas rusas participaría en la explotación petrolera del bloque Junín 6 de la reserva de la faja del Orinoco.

No obstante, entre 2005 y 2007, Caracas firmó contratos armamentísticos con Moscú por un valor de 4.400 millones de dólares para adquirir aviones Sukhoi, helicópteros de combate y fusiles entre otros, convirtiéndose este gigante en el nuevo y mayor suplidor de armas de Venezuela. 

El eje del mal

Después de la elección del presidente Mahmoud Ahmadinejad en 2005, la amistad entre Caracas y Teherán se consolidó, convirtiéndose en una más personal, centrada en aplacar o destruir la influencia política de Washington.

Para Chávez Teherán fue la piedra angular en su lucha contra el modelo capitalista, y para los iraníes Venezuela sirvió como puente para romper el aislamiento internacional que vive desde 1979 tras el triunfo de la revolución islámica.

Con seis visitas de Chávez a Irán durante su mandato, Venezuela y la República Islámica fortalecieron sus vínculos con la firma de más de 200 convenios en áreas de agricultura, finanzas, vivienda, petróleo e industria y automovilismo.

A partir de allí los líderes de ambos países afirmarían que eran un "eje del bien" en contra de lo que Estados Unidos llamó "el eje del mal", en referencia a los países que patrocinaban el terrorismo.

Hasta el tercer trimestre de 2011 el comercio binacional se elevó 182%, como reflejaban datos de Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Los nexos entre Caracas y Teherán resultan hoy día circunstanciales, y como explicaba un estudio del experto en Irán Karim Sadjadpour, del Carnegie Endowment, los vínculos con Chávez "nacieron del sentimiento de inseguridad de los iraníes frente a EEUU, por lo que buscan preocuparlo" vinculándose, por ejemplo con Venezuela, como "forma de protegerse a sí mismos".

Esa asociación, no obstante, le costó a Venezuela a lo largo de los últimos cinco años siete sanciones internacionales por parte de EEUU y la Unión Europea, por el rechazo de Venezuela a tomar distancia de Teherán en medio del complejo debate por el programa nuclear que desarrolla ese país y su historial de "patrocinador del terrorismo".

La nueva agenda de buenas relaciones también se robusteció con Siria y Libia, dos países que recibieron a Chávez en diversas oportunidades y donde sus respectivos mandatarios reafirmaron compartir una misma visión del mundo "socialista" y "antiimperialista".

La ruptura total de las relaciones con Israel, el acercamiento a Palestina y su reconocimiento como Estado (un hecho que luego se extendió por toda América Latina), el apoyo tácito a Bashar al Assad en Siria y a Muamar Gadafi en Libia durante las revueltas árabes de 2011, la cual le costó el poder y la vida a éste último, son un reflejo del modelo diplomático que aplicó Caracas en contra sentido incluso, de sus aliados en Suramérica y, sin duda, de buena parte de la comunidad internacional.

La configuración de esta agenda geopolítica, amparada con el discurso antiimperialista, "la guerra asimétrica", la teoría de la conspiración y el mecenazgo petrolero, se "está conformando un espacio de acción que es ajeno a la tradición pacifista del país y ubica a Venezuela en un escenario de vulnerabilidad", según estimaba el internacionalista Edmundo González Urrutia, profesor de la Universidad Metropolitana. 
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