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Cambio de modelo, problemas económicos agravados

Muchas de las promesas que hizo Hugo Chávez no se cumplieron

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El presidente ordenó la repatriación de las barras de oro que estaban en el exterior(AVN)
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EL UNIVERSAL
"Y la crisis se hizo económica y comenzamos a oír en Venezuela a hablar de devaluación, de inflación, términos que habían quedado durante muchos años al recinto de los estudiosos de la economía. Pero tampoco se reguló esa crisis, ni la moral ni la económica y la acumulación de estas dos crisis originó una tercera espantosa, espantosa, porque es visible, porque las otras, la moral y la económica son así como los volcanes que por debajo van madurando hasta que explotan y revientan y se hacen visibles y arrasan pueblos, vidas y ciudades".

La cita, parte del discurso oficial de Hugo Rafael Chávez Frías ante el Congreso de la República de Venezuela el 2 de febrero de 1999, hace referencia a la raíz de lo que lo llevó a la Presidencia de un país sacudido por los problemas económicos, el desdibujo de las autoridades, el resquebrajamiento de las principales instituciones asomándose bajo la alfombra, y la inseguridad y la corrupción en boca de la población, entre otros reclamos generales.

Pero muchas líneas maestras de su discurso de estreno podrían ser repetidas hoy por cualquier candidato a la jefatura de la nación porque buena parte de esos problemas básicos jamás los resolvió Hugo Chávez en su dilatada gestión, que sí se tradujo en el desmontaje del aparato productivo nacional, el establecimiento de un sistema nacional de subsidios de toda índole, el poco aprovechamiento de los ingresos petroleros y la siembra de una ideología que parecen ser la marca a fuego de su paso por la historia venezolana.

MATERIAS PENDIENTES

"La vivienda, hay un millón y medio casi de déficit de viviendas en toda Venezuela", señaló ante el Parlamento en 1999. Aun con esa declaración no fue sino hasta 2011 cuando le dio carácter de emergencia al tema de la construcción tras hacerse insostenible la crisis habitacional del país, por lo que intervino desarrollos urbanísticos privados, decretó el paso de los inmuebles en alquiler a manos de sus inquilinos y legisló para concentrar todas las decisiones en materia hipotecaria. Entre 1999 y el primer semestre de 2012, la gestión de Chávez se resumía a 362 mil viviendas hechas, un déficit habitacional de 2 millones de inmuebles y la promesa de construir 3 millones de unidades en siete años.

El rentismo, una piedra recurrente en el zapato del país, también mereció palabras de Chávez en 1999: "Es urgente para nosotros (...) diversificar la economía, impulsar el aparato productivo (...) No podemos seguir dependiendo únicamente de esa variable exógena que es el precio del barril de petróleo, que se vino abajo como todos sabemos, y todas las perspectivas indican que va a seguir allí entre 8 y 9, si acaso tocando algún día el 10 durante, a lo mejor, no un año, sino dos o tres años". No obstante, su estrategia política lejos de corregir esta dependencia la acentuó.

Después de 2003, tras una huelga nacional de dos meses y un paro en la industria petrolera por el cual fueron despedidos 20 mil trabajadores de Pdvsa, la producción de hidrocarburos ha mostrado un ritmo errático y descendente. De una extracción de 2,92 millones de barriles diarios en 2002 se pasó a un pico de extracción de 3,27 millones de barriles diarios en 2005, y posteriormente ocurrió una sostenida caída hasta 2,97 millones de barriles en 2010, y un leve repunte a 2,99 millones de barriles en el último año.

En total, durante los últimos 10 años, la producción petrolera venezolana solo creció 2,39%, lo que ha acentuado la dependencia del ingreso petrolero a partir del alza de los precios del crudo.

En 2012 diversos analistas han reiterado que el Gobierno de Chávez ha acentuado su necesidad de un barril de petróleo con un precio superior a los 100 dólares para poder garantizar el nivel que el gasto público ha alcanzado.

El gasto del gobierno central en 1998 representaba 21% del PIB y al cierre de 2012 llegó a 44%, según estimaciones de bancas de inversión. También creó un gasto paralelo, de manejo poco transparente, que entre 2004 y 2012 manejó recursos por más de 228 millardos de dólares.

Un escenario creado por el mismo Presidente que en 1999 afirmaba que "aquella crisis moral de los años setenta fue la gran crisis y esa es la crisis más profunda que todavía tenemos, ese es el cáncer más terrible que todavía tenemos allí presente en todo el cuerpo de la República, esa es la raíz de todas las crisis y de toda esta gran catástrofe, mientras no curemos ese mal seguiremos hundiéndonos en la catástrofe, aunque el petróleo llegue de nuevo ¡Ojalá que no! a 40 dólares el barril, no lo queremos, no queremos que llegue a 40 dólares el barril, pero aunque llegara y aunque lloviesen petrodólares y mucho dinero, igual sería como un alivio momentáneo, pero igual nos seguiríamos hundiendo un poco más allá, en un pantano ético y moral".

La deuda del Gobierno central en 1998 era de 27,8 millardos de dólares y al término de septiembre de 2012 llegó a 100,9 millardos de dólares, por lo que en 14 años tuvo un salto de 262%, con todo y que concentró uno de los más dilatados boom de altos precios petroleros de la historia.

DEUDA SOCIAL

Aunque las políticas sociales se levantaron siempre como bandera de su gestión, todo lo relacionado con los cambios en materia de seguridad social y en lo que respecta a la normativa laboral se quedaron dormidos durante 13 años. La reforma de la Ley del Trabajo y la revisión de la seguridad social sólo lograron cobrar vida en la oferta gubernamental del año 2012.

Tras el período crítico de 2002 y 2003, el Gobierno de Chávez activó un grupo de planes sociales con una alta penetración en la población. Las "Misiones", como fueron denominados estos planes, terminaron por convertirse en redes paralelas de salud, de educación, de producción y venta de alimentos, dándole forma a la pretensión oficial de no volver a ser vulnerable ante alguna acción del sector privado en su contra.

Esta estrategia, sumada al plan de nacionalización en áreas clave, terminó por engordar al Estado venezolano con nuevas y múltiples funciones, así como dándole un peso fundamental como empleador, dificultando la eficiencia gerencial.

Pero más allá de esto, el giro de su política económica terminó por convertir al Gobierno de Chávez en impulsor de uno de los males sociales que más golpea a la población: la inflación.

En 2003 aplicó medidas de control de cambio y de control de precios para frenar la fuga de capitales y garantizar la estabilidad inflacionaria, pero estos mecanismos comenzaron pronto a agotarse, generando resultados muy alejados de sus objetivos.

Venezuela llegó a convertirse en uno de los países con más inflación en el mundo, con el implícito deterioro en la capacidad de compra de la población, a lo que se sumaron las distorsiones propias de los controles, como la escasez constante de productos.

ARAR EN VANO

La tierra siempre fue una prioridad para la administración Chávez, pero tuvo un resultado cuestionable en esta materia.

"La agricultura es un sector estratégico para el país y debe ser ese criterio llevado a rango constitucional, así lo aspiramos de la Asamblea Constituyente que se elegirá en los próximos meses", dijo en 1999. Y de inmediato dio lugar a una polémica Ley de Tierras.

El Ejecutivo, a través del Instituto Nacional de Tierras (INTI), emprendió la toma de predios agrícolas productivos bajo la figura de "rescate de tierras" pasando a manos del Estado 3,6 millones de hectáreas, según cifras oficiales.

Esto afectó principalmente a fincas dedicadas a la producción de carne y leche, rubros cuyo abastecimiento depende ahora de las importaciones. En carne, por ejemplo, Venezuela importa 52% del consumo nacional.

La Federación de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga) dice que el rebaño cayó de 13 millones de cabezas a 11 millones de cabezas durante el mandato del Presidente Chávez. El Ministerio de Agricultura y Tierras, por su parte, asegura que está en el orden de los 14 millones de animales.

Las tierras fueron recuperadas bajo la premisa de que estaban ociosas y había que ponerlas a producir, pero esto no se refleja en las cifras. Datos del Ministerio de Agricultura y Tierras evidencian que desde 2008 la agricultura ha cerrado con números negativos.

La producción agrícola se volvió deficitaria en rubros básicos como maíz blanco, arroz, café y caña de azúcar, cultivos que dejaron de ser autosuficientes para ser importados para suplir la demanda.

El consumo y la demanda de la población avanzan a un ritmo muy distante de la producción, y el resultado de ello se ha traducido en períodos reiterados de escasez.

¿CORDERO O DIABLO?

"Hemos ido por el mundo y hemos conseguido, así lo he dicho, comprensión y esperamos seguirla consiguiendo. Desde su Majestad el Rey Juan Carlos de Borbón hasta el Primer Ministro Canadiense, desde el Presidente del Gobierno Español Don José María Aznar hasta el Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, el Presidente o Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, el señor Camdessus, pasando por el Director del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, del Club de París, con todos ellos hemos estado hablando en estos últimos cuarenta días; nosotros no hemos descansado y ustedes lo saben, buscando, viajando, hablando, tratando de convencer, primero: que yo no soy el diablo, porque por la campaña salvaje que me hicieron mucha gente por allá en esas tierras frías llegaron a pensar que de verdad Hugo Chávez casi que el diablo era. Y segundo, explicando nuestra verdad", afirmó Chávez en su discurso del 2 de febrero de 1999.

El mensaje de entonces era claro: "Les hago un llamado a todos los venezolanos que tienen capitales en el exterior. ¡Piénsenlo! El país necesita capitales".

Chávez ofrecía garantías para invertir en un país urgido por salir de la crisis y avanzar: "Hemos llamado a los inversionistas del mundo entero. Nosotros somos gente seria, el gobierno que yo empiezo a dirigir hoy es un gobierno serio que respetará los acuerdos que se firmen y las inversiones internacionales que vengan aquí de cualquier parte del mundo, especialmente dirigidas al sector productivo, que genere empleo, valor agregado a la producción, tecnología propia para impulsar el desarrollo del país".

Pero al término de la primera década del Siglo XXI Venezuela era considerado uno de los países con peor clima para hacer negocios, donde la inseguridad jurídica marcaba la pauta.

En la administración de Hugo Chávez fue permanente el hostigamiento y las amenazas hacia empresas privadas por distintos motivos. En junio de 2010 Chávez se declaró en "guerra económica" contra gremios como Fedecámaras, el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) o la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea) y Empresas Polar, a propósito de una medida de expropiación contra unos terrenos de la cervecera en el estado Lara.

"Me declaro en guerra económica. A ver quién puede más, ustedes burgueses de pacotilla o los que quieren la patria (...) Guerra es guerra, compadre, después no se estén quejando". Seguidamente el mandatario se dirigió al presidente de Empresas Polar: "Mendoza te acepto el reto. Tú con tus millones y yo con mi moral, porque tú eres un ricachón, para el cielo no vas (...) Este es el reino del pueblo. Vamos a ver quién aguanta más, si tú con tu Polar y tu riqueza, y yo con mi pueblo y mi dignidad".

Pero ese no fue el único mensaje de ese género. El más reciente se produjo en febrero pasado a propósito de las críticas de los empresarios a la instauración de un control de precios generalizado por la Superintendencia Nacional de Costos y Precios (Sundecop).

"Aquí nos tienen amenazados algunos: que si el Presidente baja los precios del Mun Bolita se va la fábrica, bueno traemos otra, pues (...) Ya estamos haciendo contacto, como algunas son transnacionales que traen la materia prima importada, tenemos que darles los dólares además ¿no? Si ellos se quieren ir de aquí, bueno está bien, no importa, ya tenemos bastantes amigos en Brasil, estamos haciendo contactos en Argentina con empresas que quieren venir aquí y de muchos otros países; de China, de Rusia, Europa, muchas empresas que quieren venir aquí y que estamos dispuestos a darles todas las facilidades para levantar la producción".

DE "INVIERTAN" AL "CERCO"

"El proyecto nuestro no es un proyecto estatista. No, tampoco es extremo al neoliberalismo. No, estamos buscando un punto intermedio, tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible. La mano invisible del mercado y la mano visible del Estado", dijo en febrero de 1999.

Pero el Hugo Chávez del discurso inicial no tuvo nada que ver con el que comenzó a dibujarse a los meses de llegar a Miraflores, y con más énfasis tras los hechos políticos y económicos de 2002 y 2003, hasta radicalizarse en 2007.

"Este Gobierno ya no es pendejo", repitió luego del paro petrolero y el golpe de 2002, para referirse a la actitud que asumiría frente a la oposición política y al sector empresarial de capital privado.

De acuerdo a datos de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) entre 2004 y noviembre de 2012 el Gobierno nacional intervino 1.171 empresas privadas de distintos sectores económicos. Construcción, agroindustria, petróleo, comercio y servicios fueron las áreas donde más actuó el Ejecutivo, según las estadísticas del gremio.

Esa política de expropiaciones le permitió al Estado ganar terreno en la actividad económica y debilitar a los privados, pero también se ha traducido en numerosas demandas contra la nación.

MAL VISTO

La acumulación de demandas ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi), sobre todo desde la ola de estatizaciones surgida desde 2007 y siendo las más gruesas y onerosas de parte de empresas petroleras, provocaron que el Gobierno nacional anunciara en enero de 2012 su denuncia y salida del convenio del Ciadi.

Tras la decisión de la Cámara de Comercio Internacional de sancionar a Pdvsa con el pago de 905 millones de dólares a favor de ExxonMobil por la expropiación de los activos de la petrolera en Cerrro Negro en la Faja, Venezuela afirmó que no atendería ningún otro reclamo en el tribunal organizado por el Banco Mundial, alegando su soberanía para no someterse a jueces internacionales.

Sin embargo, en el Ciadi reposan más de 20 casos a los que definitivamente la República debe hacer frente como el mil millonario reclamo de ConocoPhilips para no exponerse a posibles embargos.

Aunque Venezuela formalizó la denuncia del tratado que dio origen a ese centro de arbitraje el pasado 24 de enero, abogados y especialistas en la materia aseguran que esas demandas seguirán su curso y Venezuela estaría obligada a cumplir los laudos que emanen de ese organismo. Adicionalmente, buena parte de las inversiones extranjeras continúan amparadas por los convenios bilaterales de protección de inversiones suscritos entre Venezuela y unas 26 naciones. En estos documentos se incluyen otros tribunales de arbitraje internacional distintos al Ciadi.

Rafael Ramírez, ministro de Minería y Petróleo, dijo en enero de este año que la intención del Gobierno nacional era "renegociar" esos tratados.

Pero además de las expropiaciones, el Gobierno de Hugo Chávez levantó otras formas de control sobre las empresas privadas. A juicio de Conindustria los numerosos controles a los que están sometidas las empresas constituyen un "cerco" a la actividad productiva que ha deteriorado el "clima de inversión". Las fallas en el acceso a materias primas se sumaron los principales problemas de la industria.

Restricciones para acceder a las divisas y a las licencias de importación son apenas dos de los elementos que han citado los industriales los últimos años. Pero además de esas trabas previas denunciaron el incremento de las cargas fiscales y "parafiscales" contra las empresas privadas a través de leyes como la del deporte, la lucha contra las drogas o la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología (Locti).

VISIÓN GLOBAL

El cambio en la geopolítica internacional siempre estuvo en el discurso de Chávez. "El tratamiento prioritario y urgente de nuestra política exterior estará orientada en primera instancia hacia la fachada caribeña, hacia la fachada andina y hacia la fachada amazónica, es el viejo sueño de Bolívar y de Martí y de Sandino y de O'Higgins y de Artigas, es la unión, es la unión de todos, la unión en lo interno de cada país, la consolidación de todos nosotros uno a uno, pero al mismo tiempo la consolidación de un gran bloque de fuerza en esta parte del mundo", dijo en 1999.

"Seré un pregonero y un acelerador, hasta donde pueda, de los procesos de integración (...) Es momento de retomar el sueño de unión entre nosotros, de plantearnos una moneda para la América Latina y el Caribe para la próxima década y busquemos y luchemos por ella; de plantearnos una confederación de naciones de esta parte del mundo, de plantearnos una unidad que vaya mucho más allá del intercambio comercial, porque algunos pareciera que tienden o tendemos a quedarnos a veces en el ese visor nada más del intercambio comercial; no, la unidad es mucho más allá, mucho más completa, mucho más profunda. Es la unidad de lo que estuvo unido una vez".

En los hechos esto se tradujo en la creación de bloques de integración regional soportados en convenios de intercambio de productos energéticos por alimentos, servicios y asistencia técnica, entre otros, pactos con los cuales Venezuela sumó voluntades externas a sus políticas. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) fue punta de lanza en este sentido, seguido por iniciativas como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y Petrocaribe.

Este cambio deterioró relaciones comerciales de tradición que sostenía el país con socios naturales como Colombia, y llevó al país a abandonar la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Actualmente Venezuela es miembro activo del Mercosur.
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