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Seis horas para verlo cinco segundos

Casi treinta mil personas por día visitan la Academia Militar

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Los militares ayudaban en la limpieza GUSTAVO BANDRES
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JAVIER BRASSESCO |  EL UNIVERSAL
domingo 10 de marzo de 2013  12:00 AM
Seis horas, como mínimo, tomaba ayer sortear la cola de tres kilómetros que desde la calle Los Claveles (Los Rosales) se alargaba hasta la Academia Militar, en donde el cuerpo de Chávez se exhibe para que el público lo vea por cinco segundos, en el mejor de los casos.

Pero esa es una cuenta simplista que omite muchas cosas. Para Rosa Miranda las seis horas de cola eran lo de menos, pues antes había pasado doce horas en un autobús desde El Vigía (estado Mérida) y pronto le esperan otras doce de un viaje ida y vuelta sin pausa, pues en Caracas no tiene dónde quedarse ni dinero para un hotel.

No hay énfasis en sus palabras cuando intenta explicar el porqué de su particular odisea: "Para despedirlo, pues", dice como extrañada de que alguien le pregunte por qué ha pasado tanto trabajo.

Tras la obligada pausa por el funeral de Estado, desde el viernes en la tarde volvió a disponerse el féretro del Presidente en la Academia Militar para quienes le quieran ver, y el río de gente volvió a tomar Los Rosales, los alrededores de La Bandera, una parte del Paseo Los Ilustres y todo el Paseo de Los Próceres.

De la Academia salían unas veinte personas por minuto, lo que significa que en 24 horas corridas casi 30 mil personas habrán visto a Chávez yaciendo en su ataúd.

En la cola hay mucha sobriedad y la gente no hace demasiado ruido. De vez en cuando pasa una camioneta que regala agua y después otra con unas naranjas, o una mujer reparte galletas desde una moto. Algunos tomaron la previsión de traer paraguas, pero la mayoría estoica aguanta el sol mientras leen algunos de los panfletos que se entregan. "Los Criminales quieren diálogo", tiene como título uno de estos.

Todo el Paseo de Los Ilustres está tomado por buhoneros que ofrecen en venta, (aparte de bebidas y un puesto de maní) cualquier cosa que tenga que ver con Chávez: gorras, franelas, vasos, cintillos, muñecos, fotos y hasta videos. Ni en Disney.

En un tramo de menos de quinientos metros de este Paseo han sido dispuestas tres pantallas gigantes de televisión que repiten la señal de VTV, mientras desde camiones con cornetas se mezclan diferentes músicas: Alí Primera, Silvio Rodríguez y una mujer que interpreta Hasta Siempre Comandante, la canción que Carlos Puebla le dedicó a Ernesto Guevara.

Aunque hay mucha basura en todos los alrededores, la gente asegura que está más limpio que el jueves. Y también más ordenado: el hecho de que se haya dispuesto un solo acceso a la Academia Militar (desde Los Próceres), y por lo tanto una única cola, contribuyó a mitigar el desorden.

En el Paseo Los Ilustres una discusión rompe la monotonía: alguien dice que quienes hoy gobiernan prepararon al pueblo para la muerte de Chávez, pero otros opinan muy distinto y sienten que todos los indicios apuntaban a su recuperación (está trotando, llegó al hospital por sus propios medios, el brillo de sus ojos, la fuerza del apretón de manos). Nadie convence a nadie.

A partir del monolito que marca el inicio del Paseo Los Próceres, la entrada es restringida, y solo pueden pasar las personas que vienen haciendo la cola o los acreditados. A lo largo del paseo se han dispuesto varios baños portátiles y se regala no solo agua sino también cachitos y hasta paraguas.

A medida que la gente se acerca al féretro, los guardias van recordando con mayor frecuencia que hay que mantener los celulares en vibrador, que está estrictamente prohibido sacarlos dentro de la Academia y que intentar tomar una foto, bien con celular o con alguna cámara, será causal de detención.

Es difícil sacar algo en concreto de las impresiones de la gente tras haber visto el cadáver, más allá de la boina roja y las telas blancas de fondo, pues cada quien tiene su versión, y cada versión se contradice con otras: estaba igual, estaba marrón, lo maquillaron bien, el maquillaje se le notaba mucho, lucía hinchado como en la última foto, estaba flaco y la nariz se le veía grande... Como no hay fotos que zanjen el asunto, cada quien se quedará con su opinión. No hay realidad, solo versiones de la realidad.

Y si los llantos estuvieron ausentes en el largo y lento trayecto, estos se hacen frecuentes cuando llega el momento crucial, cuando cada quien está, por fin y aunque sea un instante, cara a cara con Chávez.

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