Ponte en su lugar
Una iniciativa particular volverá a forrar a Caracas con rostros de madres que perdieron a sus hijos. Tras ellas hay un fenómeno cada vez más común: familias taladas por la violencia venezolana. Por Joseph Poliszuk
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En casa de los Gerdell ya no comen juntos. "Es para que no se note que mataron a Diego", cuenta la mamá. Rara vez la familia ha vuelto a sentarse alrededor de la mesa, y se trata de una nota al pie de página en la lista de cambios que sufrieron desde que asesinaron al mayor de sus cuatro hijos.
Ya no hay fiestas por ejemplo. La mamá, Nakuwaipa Gerdell, busca programas informáticos para hacer el ejercicio de imaginar cómo se vería el muchacho que murió a los 18 años. Y más allá de los suspiros y las mañanas sentada en la Fiscalía pidiendo que empiece el juicio contra el asesino, ha restringido las salidas de sus otros hijos. Incluso ha decidido que el segundo de ellos no entre en la universidad hasta que encuentre opciones alejadas de Caracas y otras ciudades que en su casa de Turmero están vetadas a causa de la inseguridad.
El de los Gerdell es uno de los 54 casos que la próxima semana volverán a verse en Caracas a través del Proyecto Esperanza, una campaña que busca llamar la atención de un fenómeno cada vez más común: familias desmembradas por la violencia venezolana.
Una serie de gigantografías forraron el año pasado varias paredes de la ciudad. Eran fotos en blanco y negro con la cara de madres que enterraron a sus hijos a manos del hampa y la violencia. A partir de la próxima semana volverán esos mismos rostros pero al lado de artistas, deportistas y figuras públicas como Oscar de León, Gabriel Cichero y Maite Delgado. Todos unidos con una misma frase: "Ponte en su lugar".
Solo el año pasado, el Observatorio Venezolano de Violencia contó 19.336 asesinatos en todo el país, casi la capacidad del Poliedro de Caracas a casa llena. Es difícil hacerle seguimiento a cada una de esas historias. Eso pensaron Carolina González y María Fernanda Pérez Rincones cuando decidieron crear el Proyecto Esperanza, con el que quieren advertir que detrás de la cuenta de muertos de cada fin de semana hay secuelas como las que algunos llaman "víctimas secundarias" y "daños colaterales".
"Hemos estado principalmente enfocados, por un tema de volumen, en ver la cantidad de personas que mueren a diario, pero ¿qué pasa cuando alguien pierde a un ser querido?", preguntan. "Son familias, madres y personas que sufren consecuencias psicológicas, sociales, legales y que realmente son los que quedan".
Nakuwaipa Gerdell tardó 18 días sin comer cuando mataron a su hijo mayor en el año 2010. "En una oportunidad mi esposo me dijo: 'No solo me quitaron a mi hijo sino que me cambiaron a mi esposa", cuenta. "En ese momento entendí que me había puesto tan distante de todo el mundo que debía hacer algo para cambiar y acercarme a él y a mis otros hijos".
Es normal que la pérdida de un ser querido deje un vacío. La psicóloga Claudia Carrillo, coordinadora del Área de Atención Psicosocial a Víctimas de Cofavic, señala que lo que hace traumáticos estos casos es la manera inesperada y violenta de cada una de estas muertes y, más aún, cuando no son atendidos por el sistema judicial.
"La impunidad aparece como un efecto revictimizante", explica. El problema no solo es que una madre haya tenido que enterrar a su hijo sino que además sienta que fue olvidado por la sociedad. Ese dolor -de acuerdo con Carrillo- se ve en trastornos emocionales y hasta con pequeños detalles como el deseo que tienen muchas madres de preservar el cuarto y los objetos de sus hijos como un tributo a ellos.
Las fotos de Diego Gerdell, por ejemplo, siempre van con su mamá. Las monedas que coleccionó y hasta el último desodorante que usó son parte de un museo que ella lleva en su cartera, para que todo el que se le acerque se entere de que el 18 de septiembre de 2010 su hijo no tenía que morir en el asalto de un autobús que lo trasladaba desde San Juan de Los Morros -donde estudiaba- hasta su casa en Turmero.
La cara de esa madre es una de las que el Proyecto Esperanza mostrará desde la próxima semana junto a figuras públicas que van desde Omar Vizquel hasta Horacio Blanco de Desorden Público. Quieren advertir sobre las historias mínimas que están enlutando a Caracas y el país, y para eso ponen la lupa en las madres de jóvenes asesinados de 1989 para acá.
"El duelo, el miedo y el temor a ser atacado, está afectando nuestra capacidad productiva, lo vemos a nivel laboral con ausentismos, poco rendimiento e irritabilidad y también en las escuelas y en nuestros niñas, niños y adolescentes", concluye la psicóloga Claudia Carrillo.
jpoliszuk@eluniversal.com
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