ROBERT ANDRÉS GÓMEZ
EL UNIVERSAL
Durante la década de los 90, Gary Oldman se convirtió en uno de los grandes villanos de la pantalla. El actor británico abrazó roles tan sangrientos como el de Drácula de Francis Ford Coppola o el de Stansfield, el policía corrupto de El profesional de Luc Besson. Se metió en las pieles del excéntrico Zorc en El quinto elemento y del Doctor Smith en Perdidos en el espacio. Fue el terrorista Iván Kourshunov en Avión presidencial y Poncio Pilatos para el telfilm Jesús.
Para Christian Bale, Oldman es tan asombroso que diez años atrás habría podido encarnar a El Guasón con maestría. Hoy, con una carrera extraordinaria a sus espaldas, Oldman está más cerca de los "buenos hombres". Irreconocible, según le comenta una periodista quien no puede descubrir en él al padrino de Harry Potter, Sirius Black. A lo que el actor con una modestia que raya en lo jocoso responde: "Es que en esa película actué bastante mal".
Cierto o no, ahora retoma el personaje del teniente (y comisionado) Gordon en la saga sobre el Hombre Murciélago. Un cambio de registro que lo hace parte de una mitología y donde vuelve a cambiar de aspecto. Como el honesto oficial de policía, Oldman luce mucho mayor y menos divertido de lo que es en realidad. No obstante, en El caballero negro de Christopher Nolan, su participación es más dinámica y determinante.
"Gordon siempre actúa dentro de la ley siguiendo las reglas. Adora luchar contra el crimen y atrapar a los chicos malos. Es un personaje incorruptible y virtuoso. Su norte es proteger a la gente y quiere hacerlo de la mejor manera posible".
El orgullo se le sale a Oldman por los poros. Está satisfecho y lo celebra con entusiasmo, observando todo desde unos ojos azul profundo y una actitud de niño terrible que rompe el hielo rápidamente.
"He tenido buenos personajes en mi vida. Y cada proceso es completamente diferente. La energía que les imprimes es distinta cada vez. Actuar es una ilusión. Es un truco que hace el actor. Por supuesto, hay muchas maneras de trabajar y esa es al menos la manera en que yo lo hago".
Oldman no parece creer en encierros, ni en sumergirse en situaciones extremas para conseguir a su personaje. Tampoco cree que lo delirante del personaje de El Guasón haya conducido a Heath Ledger a su final.
"Hay muchas maneras de mirar a la oscuridad. Creo que el Método se ha corrompido mucho en los últimos años, desde que Estelle Adler o Lee Strasberg hablaron sobre ello. A veces me pregunto si la gente sabe de lo que realmente está hablando. Actuar tiene que ver con el uso de tu imaginación, y existen muchas maneras de acercarse a esa oscuridad. Puedo hablar del trabajo de Christian Bale, un tipo muy serio, o de Daniel Day Lewis, y la verdad sólo puedo decir que ambos siguen vivos".
Oldman está fascinado por el trabajo de Ledger. Se atreve a más, consciente de que el joven actor encontró el gran momento de su carrera.
"Ver a Heath trabajar fue asombroso. Quedé impresionado. Llegaba muy temprano y simplemente hacía lo que tenía que hacer. Eso no es muy común en este trabajo. Me recordó mucho a Jack Nicholson en Atrapado sin salida o a Al Pacino en Tarde de perros o Angeles en América. Creo que encontró su gran momento. Pero ojo, tras hacer sus escenas, venía a ti, contaba algún chiste, se fumaba un cigarrillo o te hablaba de su hija Matilda. Así que no creo que su alma hubiese sido atormentada por El Guasón, la verdad no lo creo... Si no hubiese muerto de esa manera, tan joven, estaría aquí compartiendo su experiencia con nosotros. Imagino que ahora nos está viendo, y claro, esperando ganar un Oscar".