Titulares 08 jul, 2008
 
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 Opinión
La auténtica sabiduría

Cuánto me ha enseñado una señora a la cual he ido a administrar la unción de enfermos! Pensaba acompañarla, consolarla, fortalecerla en su dolor y resultó todo al revés. La encontré en paz y tranquila, me atrevo afirmar que se le veía hasta satisfecha. Cuando le pregunté cómo se sentía, me dijo: -Siempre he agradecido a Dios todas las cosas, las amables como las dolorosas, pues es infinitamente bondadoso. Como buen Padre, me eligió un tiempo y un lugar para nacer, me dio un hogar y unos hermanos que me supieron dar mucho amor, me dio unas cualidades y también unas limitaciones. Y ahora, ha permitido esta enfermedad que me está consumiendo-.

Ella era consciente que el final de su vida podría llegar de repente, de un paro cardiaco, un ACV (accidente cerebro vascular) o en el mejor de los casos dormida en su cama. Pero no, Dios le pedía consumirse lentamente como un cirio en espera del último suspiro. Por eso estaba tranquila, porque aceptaba con amor y resignación la voluntad de Dios. ¡Qué duda cabe que el sentirse amado por Dios es un gran tesoro!

Tesoros del cielo

Este hecho me hizo recordar el evangelio de este domingo donde Jesús alaba al Padre porque ha revelado los tesoros del cielo a la gente sencilla y se los ha escondido a los sabios y entendidos del mundo. "Sí, Padre, porque así te ha parecido bien" (Mt. 11,26).

Qué distinta es la actitud de los que se rebelan contra Dios. Sufren más porque olvidan que su vida no está en sus manos y no aprovechan el valor redentor del dolor. No ven estos momentos como un regalo, tal vez el último que habrán de recibir, pues no porque sea costoso a la naturaleza deja de ser beneficioso, fecundo y redentor.

Sabiduría

La verdadera sabiduría cristiana no está en relación al acervo de conocimientos, sino con la experiencia que se tenga de una persona, Cristo, que es mi Dios y mi Señor.

El domingo pasado el Papa inauguró el año Paulino y en la homilía nos mostraba cómo para entender la vida de Saulo de Tarso, habría que fijar la mirada en lo que constituye el resorte fundamental de su entrega:

"Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí" (Gal. 2,20). Aquí está expresado lo que han vivido todos los que han creído en la fuerza del amor y se han lanzado a predicar que Dios existe y que vale la pena conocerlo y amarlo.

Esto fue lo que experimentó un Juan Pablo II, una Madre Teresa de Calcuta, San Maximiliano Kolbe y lo está predicando con su vida el Papa Benedicto XVI.

jmotaolaurruchi@legionaries.org

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