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La vida se reanuda en un Aleppo devastado por los combates

Los civiles, desesperados, han terminado con toda la madera de los bancos y han comenzando la tala indiscriminada de árboles y arbustos en esta ciudad, que vivió un repunte de la violencia entre julio y octubre.

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Miles de casas en Aleppo están destruidas por los bombardeos de la aviación siria (AFP)
EL UNIVERSAL
viernes 4 de enero de 2013  11:34 AM
Aleppo, Siria.- Los esqueletos de hierro de los bancos del parque de Hawas son testigos mudos de la situación que viven cientos de miles de habitantes de Aleppo que no pueden pagar el precio del litro de diesel con el que funcionan sus estufas, a pesar de lo cual la vida se reanuda poco a poco en esta metrópolis del norte de Siria devastada por meses de combates. 

"De noche hace muchísimo frío y esta leña nos ayuda a calentar la casa y a que no muramos de frío", comenta Alí, de 14 años, mientras junto con tres de sus hermanos tratan de serrar una acacia que hará las veces de combustible ante la imposibilidad de pagar las 300 libras sirias(4,22 dólares) que cuesta un litro de diesel, resaltó AFP.

Los civiles, desesperados, han terminado con toda la madera de los bancos y han comenzando la tala indiscriminada de árboles y arbustos en esta ciudad, que vivió un repunte de la violencia entre julio y octubre cuando los enfrentamientos entre los rebeldes y las fuerzas del régimen de Bashar al Assad devastaron muchos de sus barrios.  

En el parque de Hawas son muchos los civiles que acuden en busca de leña con la que poder pasar la noche. 

"Antes de la guerra veníamos a este parque a pasear, ahora venimos a cortar leña", comenta Abu Mahmut, de 45 años y padre de ocho hijos.  

Mientras en los parques y jardines de la ciudad se mide la miseria y la pobreza por el tamaño de los árboles que transporta la gente en carretillas, en el barrio de Tarek Al Bab, la vida fluye por doquier. 

Cientos de personas recorren esta arteria de la ciudad, una de las zonas más castigadas por la artillería del régimen en los meses de septiembre y octubre.

"Necesitaba dinero para poder alimentar a mi familia así que decidí volver a levantar la persiana de mi tienda y aquí estoy desde hace un mes", comenta Omar, dueño de una tienda de telefonía móvil que en octubre huyó a Turquía por los bombardeos. 

Salvar la vida es la meta
Como a muchos de sus vecinos, las malas condiciones de vida en los campos de refugiados y una relativa calma le empujaron a regresar. 

Frente a la tienda de Omar, Abu Mohammad, de 68 años, reabrió su puesto de verduras y frutas, después de que en octubre un obús lo destrozara. 

"Acudo todos los días al mercado central de Aleppo (situado en la zona del régimen) a reponer género; pero las ventas no son muy buenas", se sincera este anciano que saca un beneficio diario de 500 libras sirias (7 dólares). "En tiempos de paz podría sacar hasta cinco veces más".

"La gente ya no tiene tanto miedo" 

Saluak detiene un carro del Ejército Sirio Libre (ESL) para pedir limosna. Los soldados le ofrecen pan y ella lo acepta con una sonrisa. 

"No tenemos luz, ni agua corriente, ni diesel para las estufas, encontrar trabajo es prácticamente imposible y nos hemos visto obligados a vivir de la caridad de los soldados que nos dan comida", se lamenta.

El ESL reparte comida en la inmensa mayoría de los barrios de la ciudad de Aleppo.

En Saif Al Dawlah (oeste), los rebeldes han conseguido un camión cisterna con agua potable y cientos de niños del vecindario acuden cargados de bidones y garrafas de agua. 

"La situación ahora no tiene nada que ver con el pasado, no es idílica, por supuesto, pero los bombardeos han bajado de intensidad porque el ESL y el ejército combaten a las afueras de la ciudad", afirma Mohammad, profesor de una escuela clandestina en el barrio de Bustan Al Qaser (sur).

Los comerciantes ambulantes se aglomeran en la calle. El humo de los kebabs asándose llena el ambiente de un delicioso aroma a carne a asada. La calle Al Fardus respira vida. 

"La situación aquí es muy buena, hace semanas que no nos bombardean y la gente ha vuelto al barrio. Tenemos muchos clientes.", comenta Abu Mahmut, quién regenta una carnicería.

Pero aunque la guerra haya disminuido su intensidad, a diario llueven morteros y obuses sobre diferentes barrios de la ciudad. El pasado 30 de diciembre, dos morteros cayeron en Al Misar, un barrio en el este que desde hacía un mes permanecía al margen de los bombardeos, matando a cuatro personas e hiriendo de gravedad a otras siete. 

En Zukari, la guerra se ha convertido en rutina y la vida vuelve a inundar la ciudad. "Los bombardeos han disminuido y la gente ya no tiene tanto miedo", comenta Mohammad Kudoimati comerciante de una tienda de ropa para mujer que importa desde Turquía.

La mayoría de fábricas de Alepo, pulmón económico del país antes de que en marzo de 2011 comenzara una revuelta contra el presidente Al Assad que se transformó en guerra civil, cerraron. 

La luz del sol se apaga poco a poco y deja paso a las hogueras y a los generadores. La luz en Alepo es una utopía y un sueño para muchos de sus habitantes.

"La guerra nos lo ha quitado todo", se lamenta Ahmed mientras compra comida en un puesto callejero. La noche cubre con su manto las calles mientras tímidas bombillas parpadean entre las sombras. Hasta que vuelva a salir el sol, Alepo dormirá entre tinieblas.
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Comentarios (1)
Por jose alejandro bermudezguerrero
04.01.2013
1:52 PM
asi como cristo cumplio su mision de predicar la verdad el amor la igualdad a cambio de dolor humillacion asi un ciervo del señor es bendecido con el mismo sufrimiento y humillacion hasta siempre mi comandante
 
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