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CAMBIO EN EL VATICANO | Retos de la Iglesia para el sucesor

Próximo papa debe ser abierto y renovador

Para la Iglesia Católica, un Papa es el legítimo sucesor del apóstol Pedro en la cabeza de la Iglesia y sus decisiones, así como sus expresiones escritas o habladas tienen un gran significado para más de un millardo de fieles en el mundo entero. La herencia que deja Benedicto XVI se desplegará con el tiempo.

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El cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio de Cardenales (centro) habla con otros cardenales después de la renuncia de Benedicto XVI (Reuters)
ANTONIO COVA |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
martes 12 de febrero de 2013  12:00 AM
Cuando el Colegio de Cardenales eligió al cardenal Camarlengo de entonces, el para ese momento Prefecto de la congregación de la Doctrina de la Fe (el antiguo dicasterio del "Santo Oficio", nombre demasiado reminiscente de la Inquisición Romana como para ser del gusto moderno), el cardenal alemán Joseph Ratzinger jamás imaginó que lo que lo haría pasar a la historia sería su último acto como Papa: su renuncia irrevocable al cargo que ha detentado por casi ocho años.

En este lunes de carnaval, usualmente pleno de noticias tan fastidiosas como la esperable reseña de cuanta fiesta de disfraces con bonche anexo hay por el mundo entero, Benedicto XVI convirtió a su oficio, y a la institución que lo tiene por cabeza visible, en la gran noticia; y como se estila entre las grandes corporaciones y los países que más figuran, aclaró hasta cuándo estará en el cargo, con hora anunciada.

Eso, que podría lucir excesivo, adquiere importancia cuando uno sabe lo que ese cargo implica y la importancia de las decisiones que de él emanan. Un Papa no es un Chief Executive, ni tampoco un Jefe de Estado para cuya sustitución se convoca a elecciones generales.

Para la Iglesia Católica, un Papa es el legítimo sucesor del apóstol Pedro en la cabeza de la Iglesia y sus decisiones, así como sus expresiones escritas o habladas tienen un gran significado para más de un millardo de fieles en el mundo entero. Por esa razón la sustitución a la que ahora debe proceder la institución debe seguir cuidadosamente todas las provisiones al respecto.

El papa Ratzinger sorprendió a todos con una noticia que, más temprano que tarde, beneficiará a la Iglesia en estos tiempos difíciles. Al hacerlo así, cortó en seco rumores malsanos, y súplicas para que aguantase hasta su muerte, al tiempo que daba un admirable ejemplo a contemporáneos (más de un jefe de Estado refractario), y a quienes como él lleguen a edad provecta en el cargo.

Benedicto XVI ha realizado este último acto del mejor modo posible. En primer lugar, lo mantuvo secreto. Conocedor de ese mundo, sabía la mar de rumores y de reacciones de todo tipo que se suscitarían de haberse colado que algo estaba preparándose. Ni siquiera dejó que cualquier extraña e inédita convocatoria a los electores -los cardenales- disparase ningún alerta. No, estaban reunidos para una canonización más; y allí soltó la bomba.

Lo que hemos conocido de sus lacónicas palabras en el acto son una admirable lección para cualquiera que esté en situación similar: las obligaciones y expectativas de su cargo, además de lo importante que son para la Iglesia sus actos de gobierno, le llevaron a pensar que ya "no estaba en capacidad de realizarlos a plenitud", y luego de encomendarse a Dios y la Virgen, decidió que debía renunciar, y eso les estaba comunicando. Por suerte no hay nadie que le reciba -ni le rechace- esa renuncia, y por lo tanto a la Iglesia sólo le toca proceder a los trámites que conducirán a la elección del Papa.

Hacia dónde irá luego Ratzinger y cuáles serán sus nuevas tareas, es otro asunto. Ya para ese momento, la Iglesia tendrá un nuevo Pontífice que ahora deberá encarar los urgentes asuntos que le esperan en su apretada agenda.

En esa nueva etapa que ahora se abre a la Iglesia no debería entrar -una vez que Ratzinger ha abierto esta puerta- el asunto de una eventual "avanzada edad" del escogido para el cargo. Después de todo, tocó a un anciano sólo un año menor que Ratzinger, el inolvidable Angelo Roncalli, convertido en Juan XXIII, lanzar e instalar el inolvidable Concilio Vaticano II que tanta importancia tuvo para la Iglesia y el mundo a partir de la década de los años '60 del pasado siglo.

Tampoco sería conveniente un Papa muy joven -un bis de Juan Pablo II- que terminaría convirtiéndose en una especie de Padre Eterno, y que a medida que avanzare hacia la ancianidad, se convertiría en un líder progresivamente más conservador, justo cuando la Iglesia clamaría por un aguerrido innovador. En los últimos tiempos pareciera que alguien que se sabe fugaz, por esa misma razón emprende caminos que una prudencia temerosa le desaconsejarían.

En cualquier caso, ya no tendremos que celebrar funerales papales, sino dar gracias a un hombre que se supo mortal y por sobre todo, anciano; que entendió que la carga se tornaba cada vez más pesada para unas espaldas agotadas. Por eso decidió salir con la frente en alto, por la puerta grande y no provocar en nadie la secreta esperanza de que Dios dispusiese de él cuanto antes, mientras los problemas se apiñaban, sin conceder tregua alguna, en su mesa de trabajo.

La herencia que deja Benedicto XVI se desplegará con el tiempo, aunque quizá este acto -el primero en casi seis siglos- termine siendo su mayor legado. Renunciar cuando todavía puedas -y sientas que debas- hacerlo ya no será algo impensable sino obvio. En cualquier caso, le tocó sustituir a una verdadera celebrity en el oficio, y no lo hizo mal. En sus casi ocho años de pontificado disipó los temores con los que fue recibido y deja una Iglesia en el trance de emprender nuevos caminos para encarar sus inmensos desafíos.

A todos nos viene un Marzo pleno de expectación para constatar si los cardenales electores dieron en el clavo, o si perdieron otra oportunidad para poner a la Iglesia en el frente de batalla donde debe estar.

Muchas gracias por esa decisión y ¡Arrivederci!

antave38@yahoo.com

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Comentarios (3)
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1 |
Por JOSE LABASTIDAS HERNANDEZ
12.02.2013
6:13 AM
Y QUE TAMBIEN PUEDA SER DE COLOR O LATINO PARA VARIAR....Y ESPECIALMENTE QUE SE MUCHO MAS JOVEN PARA QUE AGUANTE LA PELA.PARTICULARMENTE CREO QUE EL PAPA LE PEGO MUCHO EL HECHO DE QUE HAYAN SALIDO TANTOS PEDIFILIOS DENTRO DE LA SACRISTIA Y ESO DE VERDAD QUE DESPRESTIGIO AL VATICANO TOTALMENTE Y EL SE SENTIA REPONSABLE ANTE EL MUNDO POR SER CABEZA O MAXIMO JERCARCA QUE DEBIO ONER ORDEN Y ESO TAMBIEN INCLUYE A SU PREDECESOR QUE MUIRO SIN PODER SABEN HASTA QUE PUNTO ESTABA CONTAMINADA L SACRISTICA CON TANTOS SACERDOTES INDECENTES....
 
Por Juan Expósito
12.02.2013
5:19 AM
Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias.
 
Por Gerardo Villasmil
12.02.2013
5:01 AM
El Cardenla Camarlengo de entonces era Eduardo Martínez Somalo. Joseph Ratzinger era el Decano del Colegio Cardenalico. Estos no son cargos idénticos. No hay un Papa que no pase a la historia. Si bien Benedicto XVI será recordado por su renuncia, más lo será por dejar sentados los fundamentos doctrinales que guiarán la Iglesia en este siglo. El Papa ha demostrado que más que un político o un teólogo es un hombre de oración, es una persona que conoce y trata íntimamente a Jesucristo vivo y presente en la Eucaristía. Y no sólo ha demostrado ser amigo de Dios, sino su siervo fiel. Sin duda no quiere sentar un precedente. Ya lo dijo en su discurso de renuncia: "Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando". No es una huida del dolor, sino un dejar la Iglesia en manos del Señor. Como hizo el Bautista, conviene que Él crezca y que yo disminuya.
 
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