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El Vaticano se prepara para el cónclave

En su carta apostólica "Universis Dominici Gregis" (1996), el fallecido Juan Pablo II actualizó las disposiciones vaticanas que regulan el interregno y el procedimiento de elección papal, fijando hasta los menores detalles.

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118 cardenales podrán elegir al sucesor de Benedicto XVI (AP)
EL UNIVERSAL
lunes 11 de febrero de 2013  12:18 PM
Roma.- Cuando el papa muere o renuncia, la Iglesia católica queda acéfala. En el llamado "régimen de sede vacante" toma el timón el colegio cardenalicio, pero sus poderes se limitan a tramitar los asuntos pendientes y organizar el cónclave encargado de elegir al sucesor. Otras funciones le están vedadas expresamente.

En su carta apostólica "Universis Dominici Gregis" (1996), el fallecido Juan Pablo II actualizó las disposiciones vaticanas que regulan el interregno y el procedimiento de elección papal, fijando hasta los menores detalles.

Inmediatamente después de la muerte o la renuncia, se precinta el despacho del papa y se sellan sus aposentos privados. Los cardenales prefectos y el cardenal secretario de Estado renuncian a sus cargos.

Para elegir al nuevo sucesor de San Pedro deberán congregarse en Roma los cardenales del mundo entero menores de 80 años, 118. El cónclave, asamblea de cardenales herméticamente cerrada (con clave = con llave), tiene lugar en la Capilla Sixtina.

Los pactos electorales están prohibidos y los purpurados, que se alojan en la Casa Santa Martha, una nueva mansión de huéspedes vaticana modernamente acondicionada en el interior del Vaticano, tienen que jurar secreto absoluto sobre las deliberaciones.

En principio, cualquier sacerdote puede ser elegido papa, pero desde hace siglos los cardenales eligen siempre a uno de los suyos. Además, la elección no podrá tener lugar por aclamación, por disposición expresa de Juan Pablo II en la carta apostólica.

El cónclave deberá convocarse no antes de 15 días y no después de veinte días desde el fallecimiento del Papa. Para preservar al máximo el sigilo de las deliberaciones, antes del cónclave la Capilla Sixtina será rastreada centímetro a centímetro por los especialistas para detectar posibles micrófonos o "espías electrónicos" ocultos.

Mientras dure la reunión, los cardenales asistentes tienen prohibido leer periódicos y ver la televisión. Tampoco podrán escribir ni recibir cartas ni hablar por teléfono.

Para la elección no hay candidatos previos. Nada más comenzar el cónclave cada cardenal escribe en una papeleta, a ser posible desfigurando la letra, el nombre de su favorito. Mediante este procedimiento, en el curso de las sucesivas votaciones van configurándose las mayorías.

Después de cada dos votaciones, las papeletas de voto se queman. El papel se mezcla con pez, una sustancia que al arder despide un intenso humo negro. Cuando los habitantes de Roma ven salir humo negro por una chimenea conectada al tubo de una estufa de la Capilla Sixtina saben que aún siguen sin papa.

Si pasados tres días aún no hay resultados, las votaciones se interrumpen por un día, como máximo, para que los cardenales puedan orar y mantener "diálogos sin compromiso" con otros purpurados. Después de 28 votaciones, ya no se exige la mayoría de dos tercios de votos, sino que bastará con la mayoría absoluta.

Inmediatamente después de ser elegido, el nuevo pontífice escoge el nombre oficial que va a usar durante su reinado y de la chimenea sale humo blanco, signo para la población de que ya hay otro Obispo de Roma. A continuación, el nuevo papa es presentado a la población desde el balcón del Vaticano con la consagrada fórmula latina "Habemus Papam" ("tenemos papa").
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