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España da plazo hasta octubre a descendientes de sefardíes para reclamar ciudadanía

Hasta el 21 de diciembre de 2017 sólo se habían recibido en la página web del Consejo General del Notariado español 7.593 solicitudes de ciudadanía, de las que solo se habían aprobado 5.429.

  • MARIÁNGELA LANDO BIORD

12/04/2019 05:30 am

Hasta el 1 octubre de 2019 se pueden presentar ante el Gobierno español solicitudes para la recuperación de la ciudadanía por medio de la Ley 12/2015, que concede la nacionalidad española a los judíos sefardíes originarios de la Península ibérica y a sus descendientes.

Originalmente este texto estipulaba que las solicitudes se recibirían por espacio de tres años, pero el 9 de marzo de 2018 el Consejo Ministros español acordó prorrogar un año, hasta el 1 de octubre de 2019, la formalización de peticiones de restitución de ciudadanía.

Los judíos sefardíes fueron expulsados de España u obligados a convertirse al catolicismo a partir de 1492 por los reyes católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Se calculaba que entre 90.000 y 200.000 descendientes de judíos sefardíes se beneficiarían de esta Ley de Memoria Histórica que compensaba por la expulsión y las conversiones forzadas. Sin embargo, para el 21 de diciembre de 2017 sólo se habían recibido en la página web del Consejo General del Notariado español 7.593 solicitudes, de las que solo se habían aprobado 5.429, según el abogado Luis Portero.

Esta restitución no depende de apellidos o de religión, sino de documentos que demuestren la línea ascendente hasta un judío sefardí, con partidas de nacimiento, matrimonio, bautismo o conversión hasta llegar un antepasado directo que haya profesado la religión hebrea, por la rama sefardí.

La historiadora Blanca de Lima explica que “la ley viene de un gesto español de saldar cuentas con unos eventos que fueron muy dolorosos, que se registraron a partir de 1492 con la expulsión de los judíos de España, las conversiones forzosas (de judíos al catolicismo). Esa es una Ley de Memoria Histórica dirigida específicamente a descendientes de sefardíes. No tienen que ser judíos practicantes, ¿Por qué? Porque precisamente la expulsión generó la conversión forzosa, y entonces hoy hay cualquier cantidad de personas en el mundo que son católicos, que son protestantes, que son ateos, de otras religiones o no tienen religión pero descienden de sefardíes y sus historias familiares los dispersaron y cambió la cosa. Esas son las personas que tienen derecho a ser amparadas por la Ley 12/2015”.

Agrega que “cada persona que está interesada en acogerse a la Ley 12/2015 tiene que demostrarle a España que desciende de sefardíes”.

Un rastro de documentos

“Esencialmente (el origen sefardí) se demuestra presentando los documentos y el estudio respectivo, la Ley lo llama Informe Motivado, de que alguna de tus ramas familiares pertenece al mundo sefardí”, explica De Lima.

La historiadora señala que esta cadena genealógica "significa que cada solicitante debe presentar un documento por generación, de él hacia atrás, hasta que llegue al ancestro judío más cercano para demostrar con documentos que él viene de una persona que tiene un lugar en el tiempo y en el espacio, un nombre, apellido y fecha de nacimiento, fecha de muerte, matrimonio, que nació, vivió y murió como judío, y ese registro está en alguna parte”.

Dos oleadas migratorias

Explica De Lima que en el caso de Venezuela hubo grandes oleadas de inmigración judía. “La primera es la comunidad judía que entró a Coro desde Curazao, judíos holandeses. Curazao en ese momento era una colonia, en el primer cuarto del siglo XIX, cuando empiezan a llegar comerciantes judíos holandeses a la ciudad de Coro. Ellos casi siempre entran por el puerto de La Vela. Llegan al calor de la colaboración que hicieron en la gesta de Independencia, porque los judíos de Curazao apoyaron decisivamente la causa de la Independencia. Algunos tuvieron estrechas relaciones con Simón Bolívar, como Mordechai Ricardo, y todos tenían una larga tradición de comercio con la costa venezolana, desde Maracaibo hasta por lo menos Puerto Cabello, toda esta costa occidental. Claro, eras un comercio de contrabando, pero cuando la cosa se empieza a normalizar nacen la Gran Colombia y después nace Venezuela, ellos se asientan, y se asientan principalmente en Coro, que les quedaba muy cerca, para efectos de comunicación marítima, que era la comunicación de la época”, señala.

“Ellos están registrados inclusive en un empadronamiento que se hizo recién creada la República y hay más de 30 comerciantes cuyos apellidos sefardíes de comerciantes judíos holandeses que asentaron en Coro y ahí se encuentran los primeros apellidos que ingresan a Venezuela: Henríquez, Valencia, Senior, Curiel, De Lima, Abenatar, Salas y López-Fonseca, entre otros”, acota.

“Son exitosos, y rápidamente exitosos. Abren casas de comercio, importan, exportan, conectan a Coro y a distintos puertos de la costa coreana con Curazao y, a través de Curazao, conectan a Venezuela con Alemania, con Estados Unidos, con España, con Francia, porque las relaciones comerciales de este primer núcleo de emprendedores eran verdaderamente importantes, tenían muchos y muy estrechos contactos con Holanda, con Estados Unidos, con Alemania, con España, con Francia, con Inglaterra, entre otros países”, añade.

La segunda oleada es totalmente diferente. Viene en el último cuarto del siglo XIX y “son los judíos que vienen del norte de África, sobre todo de Marruecos, pero también hay judíos de Argelia, que llegan a Venezuela”, dice.

“Estos judíos que llegan del norte de África y que también son sefardíes, vienen atraídos por el apogeo que representa el Guzmancismo y por una serie de circunstancias que se presentan en esa época, en ese último cuarto del siglo XIX, en el norte de África que estimulan procesos migratorios, factores políticos y factores económicos que van a estimular (la migración) y que llegan a Venezuela y a otros países. Llegan a Canadá, llegan a Argentina, a Brasil, a diferentes puntos de América Latina. Y Venezuela se hace muy atractiva”, destaca.

“Los judíos de las segunda oleada, los judíos norafricanos, los sefardíes de Marruecos, de Argelia, vienen y se dispersan mucho más que los judíos de Curazao. Mucho más. Te los encuentras en Ciudad Bolívar, en Barquisimeto, en los Llanos de Apure, en el oriente del país, en Guárico, con una actividad comercial ya de distinto corte a la que tuvieron los judíos de Coro, que eran grandes exportadores e importadores y tuvieron unas casas comerciales de mucho prestigio y manejaron fuertes capitales. Estos eran vendedores de puerta en puerta, de los que llamaban turcos. Manejaban el crédito, el crédito pequeño a clientes directos. Muchos de ellos comenzaron así, y luego llegaron a tener cualquier cantidad de capital acumulado y emergieron empresas de mucha importancia económica para Venezuela”, destaca.

“Tu oyes Senior, Curiel, De Lima, Fonseca, Levi-Maduro, Vas, Capriles y automáticamente eso es Coro, pero tu escuchas Chocrón, Benatuil, Carciente, Benamun, Beracasa, esto es norte de África”, indica la historiadora.

“Los que descienden de judíos de Curazao suelen tener documentos en Curazao o tienen familia enterrada en el cementerio judío de Coro o hay documentos en Venezuela que acreditan. Por ejemplo un matrimonio por mixta religión. Ahí el documento eclesiástico deja claro que el novio, por ejemplo, era hebreo y se estaba casando con una señorita que era católica. Ese documento es un marcador de judaicidad y ese documento puede estar en Venezuela porque esa persona casó en Venezuela. De esos casos hay muchos. Bautismos con conversión: Llegó a Venezuela como judío pero se hizo bautizar en Venezuela. Esto es común que se hiciera para casarse con venezolanas, con católicas. Evidentemente la familia de la novia le pedía al novio que se hiciera bautizar. Ya después venían los matices y las historias individuales, si eran practicantes o no. Se hacían bautizar y queda un documento que dice que esta persona viene de ser hebreo a convertirse a catolicismo, y ese es un marcador de judaicidad. Esa persona nació, vivió parte de su vida como judío y después se convirtió al catolicismo. Esos son documentos muy importantes para muchísimas personas y pueden estar algunos en Venezuela, otros en Curazao. Los registros de nacimiento judíos sueles estar en Curazao, añade.

“Ha circulado por Internet cualquier cantidad de listas de apellidos y te ponen “si tu apellido está aquí, te ampara la ley”. Entonces yo explico una y otra vez: No, no se trata de tener un apellido. Y lo ejemplifico con cuatro apellidos que aparecen con frecuencia en los expedientes por ejemplo de la Inquisición, que son los apellidos García, Gómez, Pérez y Rodríguez. Y abundan en expedientes de la Inquisición. ¿Y eso qué significa? ¿Que todas las personas que porten alguno de esos apellidos es sefardí o tiene ancestros sefardíes? No. Son apellidos que coinciden en estar en un mundo y en el otro mundo, y hay que recordar que a los sefardíes les impusieron apellidos que no eran los de ellos. Tuvieron que asumir apellidos de los católicos, entonces vienen coincidencias, entonces uno tiene que ser muy cuidadoso al manejar el tema porque no pueden generarle falsas expectativas a una persona. Uno tiene que ser respetuoso de la persona y respetuoso del pasado de esa persona, concluye.

Huida desde la Península Ibérica

Sobre el por qué llegaron a Holanda los judíos sefardíes, la historiadora aclara que “los expulsan de España desde 1492 y ellos salen de España por distintas rutas migratorias. Unos se van a Portugal y después los vuelven a expulsar de Portugal, otros se van al norte de España y salen por el suroeste francés, dan la vuelta, llegan a Italia… Los Reyes Católicos pusieron como condición para casar a una de sus hijas con el rey de Portugal que expulsara a los judíos refugiados allá. Otros agarran al norte de África, otros cruzan de Valencia a Italia, otros pasan de Italia al Imperio Otomano que en aquel momento es receptivo, tolerante, y los acepta y les va muy bien en el Imperio Otomano a estos sefardíes. Toda la cuenca del Mediterráneo está recibiendo gente que viene huyendo, que está escapando y se va ocultando”.

“Amsterdam para este momento no tiene un papel relevante, pero la historia particular de los Países Bajos, con su política de tolerancia religiosa, los empieza a hacer atractivos. Se comienzan a dar problemas en el Imperio Otomano porque cambia el sultán y cambia la política hacia los judíos y va a venir una oleada en la que se van a mover desde el Imperio Otomano y desde distintos puntos de Europa, desde Amberes, desde Alemania, hacia Amsterdam. Aquí se genera una comunidad que llega a ser importantísima, desde el siglo XVII. Países Bajos se convierte en una potencia económica y empiezan a atraer capitales. Quienes tienen capitales van a donde se les facilita su vida, a donde se les respeta su fe religiosa y pueden reemerger al judaísmo los que se mantenían como aparentes cristianos. Pero ¿qué pasa en Amsterdam después? Que Países Bajos coloniza y se apodera de las islas ABC (Aruba, Bonaire y Curazao) en 1617. Entonces, al convertirse en colonias de Holanda, va a venir un flujo de capitales que se instala en las islas, y estos capitales son en su mayoría capitales sefardíes”, explica.

“Ellos llegan de Amsterdam hablando holandés, pero en las islas ABC nace el papiamento, y también hablan portugués, sin contar el ladino. El papiamento tiene elementos de portugués, de español, de holandés, de alemán, de judeoespañol, y es un melange muy interesante el papiamento, y ellos terminan hablando ese idioma también, los judíos de Curazao. Pero el grueso de los documentos de ellos, si vas al archivo de la congregación sefardí de Curazao, más de 90% del material está en español, y el resto en holandés y algo de inglés”, destaca De Lima.

“En los casos de los judíos practicantes hoy con apellidos asquenazíes, aunque sean judíos practicantes y descendientes de judíos practicantes, se debe demostrar que descienden de judíos sefardíes expulsados de España. Hay muchos de estos archivos que están perdidos desde la Segunda Guerra. Pero un judío sefardí practicante hoy, con ascendencia sefardí judía practicante, no tiene más que demostrar. El de por sí es un marcador de judaicidad, pero estos son casos minoritarios”, finaliza De Lima.       


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