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Lecciones de Múnich o razonamientos sobre la seguridad igual e indivisible para Europa

Durante muchos años tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania, Rusia buscó construir en la región euroatlántica una arquitectura de seguridad igual e indivisible. Con tal fin redujo significativamente su potencial militar en las fronteras occidentales

  • Diario El Universal

11/03/2018 11:52 am

VLADIMIR ZAEMSKIY

Hoy en día, cuando las relaciones internacionales atraviesan una época de cambios radicales debemos recordar lo que sucedió en un pasado no tan remoto. Como dijo el gran historiador ruso Vasili Kliuchevski - la historia "castiga la ignorancia de sus lecciones".

Hace 80 años, en 1938, fue en Múnich donde se pactó el desmembramiento de Checoslovaquia que resultó ser un preludio de la Segunda Guerra Mundial. Es interesante que, posteriormente, durante el proceso de Núremberg los líderes del Tercer Reich intentando justificar el pacto de Múnich declararon que su objetivo fue "sacar a Rusia de Europa".

La tragedia de Múnich fue reflejo de los prejuicios de aquella época -una confianza desmesurada en la supremacía de algunos, la desunión y recelo mutuo, la apuesta por crear "cordones sanitarios" y la injerencia descarada en los asuntos internos de otros Estados-. Estos recuerdos se vuelven especialmente alarmantes si son proyectados sobre las realidades de hoy, los intentos deshonestos de tergiversar la verdad histórica de la Segunda Guerra Mundial, de rehabilitar a los nazis y sus secuaces.

Podría parecer que las enseñanzas de la Segunda Guerra Mundial y la posterior escisión del continente durante la época de la confrontación bipolar debieran haber convencido para siempre a las naciones europeas de que una Europa unida sin líneas divisorias entre sus habitantes, entre los "propios" y los "ajenos", no tiene alternativas. El proyecto de integración europea tiene sus raíces en el deseo de los próceres de la UE de evitar la recaída en una confrontación que muchas veces ha desencadenado catástrofes en el continente.

Durante muchos años tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania, Rusia buscó construir en la región euroatlántica una arquitectura de seguridad igual e indivisible. Con tal fin redujo significativamente su potencial militar en las fronteras occidentales, coadyuvando a fortalecer las instituciones paneuropeas, en primer lugar la OSCE, y la coordinación de los convenios y procedimientos jurídicos en materia de seguridad europea. En aquel entonces Rusia sugería convertir la OSCE en el foco de los esfuerzos para construir un espacio unificado de seguridad desde Lisboa hasta Vladivostok. 

Desafortunadamente, nuestros exhortos a favor de un diálogo igualitario y la puesta en práctica del principio de indivisibilidad de la seguridad, quedaron desatendidos.

A pesar de las promesas que nos hicieron a finales de los 90 del siglo pasado, la OTAN está avanzando hacia el este. En las fronteras rusas aumenta la presencia de los grupos de combate y se despliega la infraestructura militar de la Alianza. En Europa se pone en servicio el plan de crear el escudo antimisiles estadounidense que socava la estabilidad estratégica. Se lleva a cabo una campaña deliberada de propaganda que aviva en la opinión pública occidental una actitud hostil hacia Rusia. 

Cuando en Occidente se habla de la creciente influencia de Rusia, esto se interpreta, en la mayoría de los casos, de una manera negativa. Pues, cabe recordar que cuando Rusia, tras la caída de la URSS, estaba debilitada, atravesando el período de duras pruebas históricas, las autoridades de países occidentales aseguraban que su interés era contar con una "Rusia fuerte" y que las acciones emprendidas por países extrarregionales en el vecindario ruso no estaban dirigidas en contra de sus intereses. Se hicieron promesas correspondientes respecto al proyecto de "Asociación Oriental" de la UE. Ojalá que éstas se cumplan y que Bruselas bloquee los intentos de conducir este proyecto a un cauce rusófobo.

Uno de los resultados que estamos enfrentando es el conflicto interno en Ucrania. Un país que en cierto momento fue obligado, con vistas a la firma del acuerdo de asociación con la UE, a enfrentar el falso dilema (en forma de ultimátum) de elegir entre Occidente y Rusia. Es lamentable que la UE haya optado por respaldar el golpe de Estado anticonstitucional. Hoy en día, ese país con un enorme potencial, se ve degradado hasta la incapacidad de gobernar de forma autónoma. Rusia como nadie más está interesada en que se solucione la crisis interna ucraniana. El marco legal está listo. Es el Conjunto de Medidas de Minsk, aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que hay que cumplir a rajatabla. Sin embargo, por ahora las Medidas son saboteadas abiertamente por Kiev donde ya hablan a nivel oficial de una solución militar del conflicto.

Desafortunadamente, prosiguen los intentos de obligar a los países vecinos tanto de Rusia, como de la UE, ya sea en el espacio de la Comunidad de Estados Independientes o en los Balcanes, a elegir entre Occidente y Oriente. El diario alemán Die Welt publicó un artículo titulado "La UE o Putin: quién se quedará con los Balcanes Occidentales?". Y éste no es, ni mucho menos, el único caso de manipulación de la opinión pública a través de la filosofía de "amigo-enemigo".

Renunciar a los mecanismos colectivos de cooperación Rusia-UE, tales como las cumbres, el consejo permanente de asociación, los diálogos sectoriales y apostar por las herramientas de presión no ha hecho que el continente europeo sea más seguro. Al contrario, Europa aumenta de forma visible el potencial de conflictos, y se multiplican los problemas y las crisis en su interior y a lo largo de su perímetro.

Los acontecimientos en Oriente Próximo y el Norte de África han mostrado que la política de derrocar regímenes indeseables impuesta desde el otro lado del Atlántico y la inserción desde afuera de ciertos modelos de desarrollo no sólo siembra el caos en vastas regiones, sino que revierte a Europa, a modo de bumerán, amenazas reales, entre ellas, el terrorismo internacional e inmigración irregular.

Todo lo dicho anteriormente se ha de tomar en consideración para comprender la génesis del estado actual de las relaciones entre Rusia y la UE. El Gobierno ruso ha dedicado importantes esfuerzos al desarrollo de esas relaciones sobre una base de beneficio mutuo. Sin embargo, la tarea de construir una asociación verdaderamente estratégica y un sistema de relaciones seguro y estable que garantice la mejora de la competitividad conjunta de Rusia y la UE, aún sigue pendiente de realizarse. Que así sea no es culpa nuestra.

En décadas anteriores, la UE no supo encontrar un término medio para sus relaciones con Rusia. En los años 90 del siglo pasado, predominó la visión de Rusia como un "aprendiz" al que se debe adiestrar metódicamente conforme a los estándares occidentales, pese a sus objeciones. En la actualidad es muy recurrente el mito irracional de la "omnipotente amenaza rusa" cuya huella tratan de buscar en todas partes - desde el Brexit hasta el referéndum catalán. Los dos tópicos son profundamente equivocados y sólo denotan la falta de sentido común y de comprensión de Rusia. Al mismo tiempo, algunos expertos de prestigio reconocen abiertamente que una "parálisis diplomática" es el precio que tiene que pagar la UE por fingir la unanimidad en el tema ruso.

A contraste, Rusia no ha cambiado sus enfoques sobre la cooperación con la UE. Le interesa tener este bloque cohesionado, fuerte, predecible; sustentado en los intereses fundamentales de sus países miembros, que tenga autonomía para decidir cómo desarrollar su propia política, economía y relaciones exteriores. Partimos de que la UE es capaz de desempeñar un papel proactivo, responsable e independiente en los asuntos internos y externos. 

Es hora de cesar los intentos de ir a contracorriente de la historia y ponerse a trabajar todos juntos para renovar el sistema de relaciones internacionales con base en los principios justos y el respeto al papel central y coordinador de la ONU consagrado en su Carta. Rusia está abierta a desarrollar con la UE una asociación igualitaria, mutuamente respetuosa y basada en el equilibrio de los intereses a fin de buscar respuestas eficaces a los desafíos de hoy.

Es importante para la seguridad global y el bien de las generaciones venideras gestionar de forma correcta el potencial de cooperación de Rusia y la UE en aras de crear desde el Atlántico y hasta el Pacífico un espacio común de paz y seguridad igual e indivisible y con un desarrollo económico pujante para el beneficio de todos. 

* Vladimir Zaemskiy, embajador de Rusia en Venezuela

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