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La comida de los presidentes es un asunto de Estado

Las altas esferas están convencidas de que las artes culinarias son importantes para la diplomacia.

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El presidente Obama aborda el Marine One cuando parte a sus vacaciones (AP)
EL UNIVERSAL
domingo 4 de agosto de 2013  12:00 PM
Washington.- El paladar debe cuidarse, y más cuando se trata de una cuestión de Estado. Los chefs que cocinan para líderes de la política mundial deben ser capaces de sacar adelante un banquete de Estado bajo presión, de atender los gustos de los jefes de gobierno sin descuidar la alimentación saludable y de no divulgar lo que sucede a puerta cerrada en su cocina.

Estas son las conclusiones del encuentro del "G20 de la gastronomía", un club de prestigiosos cocineros que estos días se reúnen en Washington aprovechando que los mandatarios para los que trabajan están de vacaciones, destaca DPA.

La cita fue inaugurada en 1977 en París y se celebra anualmente para intercambiar experiencias. Desde entonces, la tendencia es centrarse en comidas saludables, livianas y vegetarianas, comenta su fundador, Gilles Bragard. "Quien come demasiado o quien bebe demasiado no toma decisiones sabias", asegura el especialista.

Ulrich Kerz, por ejemplo, tiene que cumplir con una labor muy concreta: atender los gustos culinarios de la canciller alemana Angela Merkel. Según cuenta, el pescado, la verdura de temporada y un buen queso de postre siempre son bienvenidos. El chef pone atención en que los productos sean orgánicos y que hayan sido cosechados en la región, además de seguir la preparación típica del país.

Cristeta Comerford, cocinera del presidente de Estados Unidos, está considerada una de las líderes de la alimentación saludable. Dicen que su brócoli es tan bueno que hace poco, para asombro de muchos, Barack Obama dijo que era su comida favorita. ¿Su secreto? Cosecha el brócoli en el jardín de la Casa Blanca. "Queremos estar seguros de que el presidente se mantenga sano", dice la única mujer que participa en el encuentro.

Obama se muestra en ese detalle como la antítesis del expresidente George H. W. Bush. "No me gusta el brócoli. Y no me gusta desde que mi madre me lo hacía comer cuando era niño. Ahora soy presidente de Estados Unidos y no voy a comer más brócoli", aseguró Bush en 1990.

Los cocineros se muestran más bien discretos cuando se trata de revelar cuáles son los platos favoritos de sus jefes. Todos recuerdan qué sucedió cuando se supo que la comida predilecta del expresidente francés Jacques Chirac era cabeza de ternera. Ante la noticia, al Palacio Elíseo llegaron cabezas de ternera procedentes de todos los rincones de Francia. Y desde entonces, los cocineros guardan la información como si fuese un secreto de Estado.

Estos chefs también suelen ser cautos a la hora de hablar de los accidentes en sus cocinas. "Sí, de algún modo hay que ser perfecto", comenta Kerz. Su colega de Canadá, Timothy Wasyklko, cuenta que una vez una tormenta de nieve casi arruina un banquete oficial. "Sólo tuve 40 minutos para preparar la comida, pese a que había planeado tener tres horas", lamenta. "Al final, todo salió bien".

Las altas esferas están convencidas de que las artes culinarias son importantes para la diplomacia. "Cuando las personas no están de acuerdo en materia política, una buena comida los vuelve a reunir", asegura Bragard.

Los miembros de la asociación seguramente más exclusiva del mundo gastronómico se ven como representantes de las tradiciones de sus respectivos países. Así, la anfitriona del encuentro de este año, Comerford, hace alarde de los "highliths" de la cocina estadounidense: bife de bisón, hamburguesas y otros platos tradicionales que antaño se comían en las granjas.

Kerz también hizo lo propio cuando Obama estuvo en Alemania: le sirvió espárragos con milanesa, y de postre, bayas.
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