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CHINA | Bo Xilai y Gu Kailai en entredicho

China observa con asombro la caída de la perfecta "pareja roja"

El Partido Comunista Chino intenta estos días tranquilizar tanto a simpatizantes como detractores de Bo Xilai entre sus 80 millones de militantes tras la destitución del político como presidente del partido en Chongqing. El proceso celebrado hoy debe ayudar a que el cambio generacional en la cúpula del partido tenga lugar sin contratiempos.

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La abogada Gu Kailai durante su juicio por asesinato de un empresario británico (Reuters)
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EL UNIVERSAL
jueves 9 de agosto de 2012  11:16 AM

Pekín.- Gu Kailai y su esposo, el político de primera fila chino Bo Xilai, fueron considerados durante mucho tiempo como la perfecta "pareja roja" del gigante asiático. Ambos son hijos de héroes de la revolución comunista y el nombre de Bo Xilai se barajaba como candidato a los más altos puestos en el partido.

Su origen en las élites políticas del país les permitió también gozar de grandes ventajas. Ahora, los buenos vínculos familiares de Gu podrían alcanzar ante todo para salvarle la vida, explicó DPA.

La esposa de Bo Xilai compareció hoy ante un tribunal de la ciudad de Hefei por acusaciones de asesinato en el caso del empresario británico Neil Heywood. Y en caso de ser declarada culpable, Gu, de 53 años, podría ser condenada a muerte.

Sólo el hecho de que es la última hija de Gu Jingsheng, un célebre general del Ejército de Liberación del Pueblo, podría evitarle la pena máxima en el escándalo que ha centrado la atención pública internacional estos días.

"Creo que será difícil darle la pena de muerte", dijo el abogado experto en derechos humanos Teng Biao. En China es tradición que los miembros de importantes familias no sean ejecutados, incluso si han cometido delitos graves, explicó.

"Es una persona deleznable, pero nació en el seno de una familia influyente", resumió.

El Partido Comunista Chino (PCC) intenta estos días tranquilizar tanto a simpatizantes como a detractores de Bo Xilai entre sus 80 millones de militantes tras la destitución del político como presidente del partido en la región de Chongqing. El proceso celebrado hoy debe ayudar a que el cambio generacional previsto para los próximos meses en la cúpula del partido tenga lugar sin mayores contratiempos.

El caso estaba decidido antes de que empiece el juicio, cree el politólogo Zhang Ming. "Es un proceso político", señaló. Y como todo los procesos jurídicos "injustos", también éste está controlado por el partido, agregó.

Para Zhang, la insistencia en que se trata de un proceso enmarcado en el Estado de derecho tiene como intención silenciar a los críticos dentro del partido. "El foco no está en las pruebas, los procedimientos jurídicos o el caso criminal", lo secundó Teng Biao. "Creo que es una lucha por el poder en la cúpula del partido".

El partido ya ha dado primeros pasos para justificar una sentencia benévola contra la acusada, estiman observadores. Los medios estatales chinos presentan a Gu como una madre preocupada que planeó el asesinato para proteger a su hijo de supuestas amenazas de Heywood, según el texto de la acusación.

Gu Kailai y Bo Xilai estuvieron en la prestigiosa Universidad de Pekín. La pareja se conoció en 1984 en la ciudad de Dalian, en el este de China. Bo era ya entonces un político ambicioso que hizo pronto carrera.

Entre 2004 y 2007 fue ministro de Comercio, después pasó a ser jefe del partido en Chongqing. La pareja conoció a Heywood en los años 90. El británico los ayudó a conseguir para su hijo escuelas caras en Inglaterra.

La vida de la controvertida Gu ha estado rodeada de todo tipo de rumores. Según medios británicos, la esposa de Bo Xilai vivía con Heywood en la ciudad inglesa de Bournemouth mientras su hijo Bo Guagua estaba en el colegio en Reino Unido.

Y medios de Hong Kong especulan con que Heywood ayudó además a la pareja a trasladar dinero al extranjero. Bo y Gu son acusados de todo tipo de delito, desde el tráfico ilegal de órganos hasta de tejer un complot en el seno del partido.

Bo, un político de tintes populistas, fue responsable en la provincia de Liaoning de duras campañas contra el crimen organizado, elogiadas en el partido como ejemplares. En Chongqing repitió los éxitos con la misma receta.

También impulsó la recuperación de la tradición maoísta, algo que le deparó el apoyo de corrientes izquierdistas en el partido y en la opinión pública. Pero su error fue otro.

Su apoyo a la tradición política "roja" y las duras medidas policiales causaron alarma en la cúpula del partido. Lo que siguió fue su caída en el aparato político.

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