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  • Diario El Universal

24/04/2018 05:18 pm

ERIKA PAZ

Lo primero que se siente al cruzar las puertas del aeropuerto de Tocumen y enfrentarse con Panamá es el calor que de inmediato hace que el cuerpo sude, la humedad que por momentos ahoga y, por supuesto, el olor a mar. Ya cuando se emprende el camino hacia la ciudad se nota que la inversión en embellecerla ante los ojos de quien la mire ha superado cualquier monto imaginable. Grandes edificios que buscan rascar las nubes, construcciones a medio terminar que indican que la sed de urbanismo no ha sido saciada, hoteles gigantescos dispuestos a ofrecer lujo y confort. Todo eso es lo que se ve a primera vista desde el vehículo que lo lleva a uno a recorrer las largas avenidas de esta entidad. Si se mira bien, a fondo, se puede observar como el tendido eléctrico entorpece el paisaje en muchas de sus calles, señal de lo que fue alguna vez esta tierra, que las aceras en ocasiones se hacen angostas y que al dejar una urbanización de lujosos edificios puede fácilmente aparecer un barrio. Así es este lugar, así hay que mirarlo, porque se puede descubrir mucho más allá de los descuentos en las tiendas o la oportunidad de invertir. Yo visité tres lugares que me hicieron enamorarme de Panamá de otra forma.


Paseo por la Historia

Treinta y ocho manzanas de historia y cultura se encuentran en el centro de la ciudad dispuestas a que uno las camine. Aquí se ha pensado con cabeza y corazón turístico y por eso gran parte de sus calles han sido restauradas, lo que atrajo a personas que querían vivir aquí o asentar sus negocios en las adoquinadas vías de la zona histórica. Si se recorre de noche, la vista es mucho más hermosa porque se llena de luz cada esquina, los faroles adornan el paso de los caminantes que se desbordan a andar pausadamente por las aceras, y como hay tantos locales, ventas de artesanía, bares bohemios, tiendas y restaurantes, cada uno busca destacar por encima de los otros. Así nace el desfile de decoraciones de fachadas e interiores que hace notar a todo color el Casco Histórico. Las propuestas pueden ir desde un café al aire libre hasta un lujoso comedor de cuatro pisos con diferentes ofertas gastronómicas y una terraza a la que da vida una discoteca, y es que el ambiente de fiesta se mantiene hasta la madrugada, Panamá se siente segura, bonita y cómoda entre tanto visitante que la recorre desde su centro.


Paseo por la Ciencia

En 1913 el gobierno de Estados Unidos construyó un paseo en la zona continental de la ciudad de Panamá con rocas excavadas de su canal, se suponía que este formaría parte de un conjunto militar que con el tiempo se transformó en un malecón para el disfrute de todos. En la actualidad en la llamada Calzada de Amador o Causeway se han dispuesto instalaciones recreativas, bares, restaurantes, discotecas y una larga caminería para quienes quieren ejercitarse. Se trata del segundo paseo marítimo más grande de la ciudad que además alberga uno de los espacios más interesantes de la visita a esta localidad centroamericana, el Museo de la Biodiversidad. Este es un centro de historia natural que permite mostrar al país el puente de la vida, la unión de dos mundos. Desde el 2014 este edificio, diseñado por el arquitecto canadiense Frank Gehry intenta explicar a través de sus ocho galerías como el origen del istmo de Panamá impactó en la biodiversidad del planeta. De sus habitaciones más estelares se encuentran la llamada Panamarama que a través de una presentación audiovisual desplegada por techos, paredes y suelo, se muestran las maravillas audiovisuales que conforman los ecosistemas del país. La otra es Océanos Divididos, que ejemplifica con dos gigantes acuarios semicilíndricos los dos mares que se formaron cambiando la vida en la tierra. 


Paseo por la Cotidianidad 

El barrio del Chorrillo es uno de los asentamientos populares de esta urbe, destacado otrora en páginas rojas por su peligrosidad y niveles de pobreza. Desde hace unos años resalta en cambio por su gastronomía. En conjunto con las autoridades municipales y nacionales fue creado un paseo frente a la comunidad, justo al lado del Estadio Maracaná y con vista a la cinta costera, con once locales que se asignaron a habitantes de esta populosa barriada. Estos cocineros, se encargan de darle gusto a platos típicos de la región centroamericana en un ambiente sencillo, al aire libre y con mucho sabor panameño. Pescados fritos, calmares rebozados, ostras en salsa, las famosas arañitas, ceviches, arroz con coco, patacones fritos, ensalada de camarones y otras delicias del mar se ofrecen en estos puestos de comida. Locales y visitantes llegan los fines de semana para contagiarse con la sencillez de una tierra que quiere ser más que un destino superficial, que en sus costuras deja ver su corazón y sentimientos.            @erikapaz

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