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Los cuentas de mi tierra

Sorte

En el monumento nacional cerro maría lionza se realiza el baile de la candela cada 12 de octubre. evento que reúne creencias católicas, indígenas y romanas

  • ERIKA PAZ

03/11/2019 06:00 am


Antes de que comiencen este paseo de letras, aclaro que soy católica, apostólica, no tan rezandera, ni cumplidora de los mandamientos, pero si creyente en Dios y varios santos. Así que el relato que leerán a continuación no es de una persona que se dejó convencer por el demonio, sino de alguien que cree en las expresiones culturales de los diferentes pueblos como forma de vida y narración de su historia. No sé si alguno de ustedes se habrá fijado, cuando transita por el Estado Yaracuy (si han tomado esa vía de centro accidente), que una montaña que acompaña parte del camino en la carretera se torna azulada, esa es todo el conjunto de serranía que llaman Sorte, y quienes creen en su hechizo aseguran que ese tono que se aprecia a lo lejos es parte del encanto que envuelve a su guardiana, señal de que algo sobrenatural habita en esos montes y constancia de que esta entidad se mueve entre lo mundano y lo divino. Técnicamente eso que se divisa se llama desde 1960 cuando fue declarado, Monumento Nacional Cerro María Lionza, y queda a unos 260 kilómetros de la ciudad de Caracas, capital de Venezuela. 

Se le escucha nombrar mayormente durante el mes de octubre cuando en varias de sus áreas se celebra lo que la comunidad marialioncera conoce como El baile en Candela, un evento que congrega creencias católicas, indígenas y romanas y se realiza cada 12 de octubre desde hace casi setenta años, con la convicción de los participantes de que ese día la Diosa María Lionza está más presente que nunca en su tierra. Esta es la época en que Chivacoa, pueblo que antecede a la formación de Quibayo (lugar de Sorte donde se realiza el Baile), es el más nombrado en tierras yaracuyanas; de allí parten autobuses, carros particulares, gente caminando, para transitar unos veinte kilómetros de carretera de tierra, al encuentro con sus creencias. Según las cifras de la Corporación de Turismo del estado Yaracuy, un promedio de quince mil visitantes entre creyentes, practicantes y curiosos asisten anualmente a este rito, a eso se le suma la vigilancia de unos trescientos funcionarios que resguardan el que se convierte en uno de los sitios más seguros de Yaracuy por una noche. 

Hay ventas de todo tipo como antesala de lo que espera, los practicantes deben apertrecharse con velas, tabacos y en muchos casos con imágenes de las deidades que van a venerar. Una parada en el portal mayor donde muchos caen de rodillas indica el inicio de la jornada. Allí se agradece, se pide, se encienden luces y se solicita permiso para ingresar a la espesa montaña. Es en este sitio donde el tumulto empieza a dividirse, los que cruzan un pequeño puente y siguen la ruta que indica el sonido del río van hacia los altares, espacios donde cada grupo espiritista escoge para adornar con flores y bultos de yeso en forma de santos. Pareciera una competencia de velas, adornos y botellas de licor, "todo eso se usa para honrar a Yara", como también llaman a María Lionza. Otros se dirigen hacia la Arena Ritual, con la intención de ubicar el mejor puesto, ese donde puedan apreciar el baile que luego de la medianoche allí se presenta. 

Alrededor de una redoma el público se acomoda buscando la mejor visual, adentro de esa especie de coliseo romano, en la cual se disponen varias fogatas que se van encendiendo conforme va transcurriendo la noche; las ofrendas en forma humana se sientan formando un círculo. Este año cincuenta y dos personas estaban dispuestas para la danza, pero me explica uno de los organizadores, que no se trata de gente escogida al azar, son cientos de individuos que aplican, se preparan durante un tiempo mínimo de seis meses, siguen ayunos, dietas especiales, pasan largos días internados en la parte alta de la montaña con la finalidad de cumplir con los requisitos para presentarse ante su reina. Los dividen en grupos de unos diez participantes a los que llaman materia, que cuando se anuncia la presencia de los espíritus acuden con su banco (el acompañante) ante las imágenes de sus dioses, es allí donde da inicio la fiesta. 

Las materias empiezan a rezar, los bancos a resguardarlos fumando tabaco y escupiendo cocuy en sus espaldas. Los ayudantes corren de un lado a otro con la bebida que se acaba en cuestión de segundos, las mujeres encienden velas y las colocan sobre la tierra, fuman y susurran lo que se supone son rezos, el hombre motivo de sacrifico empieza a moverse como si tuviera mal de San Vito. Los espectadores gritan, aplauden, aúpan, este habla en un idioma irreconocible, los entendidos comentan entre ellos nombres de caciques colombianos, ecuatorianos, peruanos, dicen que de acuerdo a la lengua es la procedencia del indio que se mete en el cuerpo del espiritista, aseveran así que su oficio no es cuestión de juego, sino una vocación que se estudia por años para identificar cosas como las que ven nuestros ojos ignorantes en esos momentos.

Así con el cuerpo tomado por el espíritu de un guerrero caminan materia y banco hacia la candela y sin aviso alguno el primero se mete en ella, brinca, se acuesta, baila y sale de allí. Los más osados toman palos encendidos y se golpean la cabeza. Unos diez minutos dura el trance de ese hombre o mujer del que tiene que salir con ayuda de su compañero que lo abraza una vez el espíritu ha abandonado el cuerpo. El público entonces ovaciona a veces entre lágrimas, la escena se repite casi hasta el amanecer que nadie advierte porque todos están eufóricos. Se apagan las últimas brasas y los tributos se despiden hasta el siguiente año, los adoradores se dirigen a seguir con sus ritos en cada altar dispuesto en el bosque, los curiosos nos vamos comprendiendo que la fe se manifiesta de diferentes maneras, y aquí se sostiene sobre los hombros de los espíritus.

@loscuentosdemitierra

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