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Cásate con Venezuela

Falcón

Tierra de contrastes, donde el visitante encuentra aventura y diversión al disfrutar de los medanos de coro, playas paradisíacas y lugares de interés

  • KARLA GRATEROL

04/08/2019 06:00 am


Falcón es una tierra de contrastes, con zonas donde predomina un clima muy árido como Paraguaná, desértico como los Médanos de Coro, con una costa de hermosas playas de aguas cristalinas como el Parque Nacional Morrocoy, una región montañosa rica en gran diversidad de flora y fauna, como la sierra y una ciudad llena de historia, donde se dieron los primeros pasos para lograr la independencia de Venezuela, Coro. Falcón es un destino turístico donde el visitante, va a encontrar aventura y muchos lugares para conocer y disfrutar, de la mano de su gente amable. Llegamos a la Península de Paraguaná, cuyo nombre significa conuco entre el mar. Surgió como una isla que se une con el continente por un istmo, básicamente rocoso, al que el aporte de arenas marinas convirtió en un estrecho corredor de relación. Este es el punto más cercano a Aruba y si no está nublado se puede divisar la isla.

 Actualmente es una zona de desarrollo industrial por su zona franca. Nuestro recorrido comenzó en los Médanos de Coro, que pertenece a los parques nacionales, un lugar, sin duda alguna, alucinante donde solo falta que aparezca un camello para sentirse en pleno desierto. Sus dunas deslumbran al visitante por su color y por su movimiento constante gracias a los fuertes vientos. Siempre hay máquinas limpiando la zona porque la arena cubre la carretera que es la vía principal que conduce a la Península de Paraguaná. Seguimos avanzando con mucha expectativa y con el corazón acelerado por conocer más de este destino, a pesar de que ya lo había visitado brevemente. Para visitar esta zona no hay transporte público, recomiendo usar carro particular, preferiblemente camionetas 4x4, a pesar de que hay carretera hasta un poco más del Cabo San Román. Decidimos escoger Adicora, como la segunda parada del viaje. Esta es una playa con excelentes condiciones para practicar kiteboard y windsurf debido a sus fuertes vientos.

 En la orilla cuenta con una zona de posadas y restaurantes muy concurrida, con buenos precios. En el camino nos impresionó ver una enorme manada de flamencos rosa en una laguna salobre y fue imposible no parar a fotografiarlos. Buscamos en el mapa para orientarnos y estabamos exactamente en la laguna Boca de Caño, un área protegida ya que es una reserva ecológica de gran variedad de aves acuáticas. Seguimos hasta las famosas Salinas de Cumaragua, donde disfrutamos de todo un espectáculo visual por sus tonos rosados que según les pegue el sol se ven más intensos. El visitante puede caminar del lado blanco donde está la sal que parece nieve. Algunos de los niños que residen en el lugar venden pedazos, pero hay que tener en cuenta que esto no está procesado para el consumo.

 A lo lejos se ven las montañas de sal donde se procesa y donde los trabajadores las empacan en bolsas. Al pasar las salinas llegamos al Cabo San Román, el punto más septentrional de Venezuela continental y desde donde se logra ver Aruba de día si está despejado y de noche se ven las luces de la isla porque se encuentra a unos 25 km en línea recta. En temporadas festivas hay un señor que cuida el faro y que permite el acceso para subir siempre y cuando se le dé una colaboración para poder darle mantenimiento. También hay una cruz enorme, un lugar perfecto para tomar las mejores fotos. Luego de pasar el cabo, a unos escasos metros se acaba la carretera de asfalto y si se desea continuar bordeando la península se necesita un vehículo 4x4.

Es una zona solitaria con escasos pescadores que viven a las orillas del mar. Yo quería quedarme descansando en una ranchería donde había una hamaca para disfrutar de la brisa del mar. Conocimos el faro de Punta Macolla, vimos unos médanos más pequeños y visitamos unas playas casi vírgenes, solitarias y perfectas. Nos impresionó una playa con arena movediza, que hacía que nos hundiéramos. Este lugar donde paramos está lleno de misterio y una energía que me erizaba la piel, sentía que nos podíamos perder sin explicación, como un portal a lo desconocido, como el Triángulo de las Bermudas. Intentamos entrarle a esa playa caminando por varios sitios y fue imposible nos hundíamos, así que mejor decidimos respetarla y seguir. La carretera de asfalto se vuelve a empalmar por el balneario El Pico, visitamos otras salinas y Punta de Playa el Pico. Me encantó ver muchas lindas conchas de mar en la orilla, así que me entretuve jugando un buen rato como niña.

 Hay personas que acostumbran a llevarlas a sus casas cómo adornos, de hecho hay artesanos que hacen piezas muy lindas con ellas, pero para mí están perfectas en la orilla del mar que es donde pertenecen. Por esta vía llamaron mi atención, en Villa Marina, estatuas de imágenes representativas del mar que hay por todo el malecón. De todas las playas de esta zona me pareció que está era la más tranquila y de un color claro, estupenda para poder darme un rico baño. Otro lugar interesante es el parque eólico, cerca de Santa Cruz de los Taques, diseñado para generar electricidad y lo hicieron en este lugar por las fuertes corrientes de vientos que ahí se generan, pero en la actualidad están solo para la foto. Pasamos muy cerca del cerro Santa Ana con 830 msnm, el cual puedes subirlo caminando; en la actualidad se hacen hasta maratones en esta zona.

También de allí se dice que puedes ver Aruba, Curazao, la sierra de Falcón y los médanos de coro por ser el punto más alto. Dormimos en Pueblo Nuevo en casa de Jesús un genio fotógrafo, a quien conocí por internet, nos abrió las puertas de su hogar y se convirtió en nuestro guía. Tengo que volver una y otra vez para poder conocer cada rincón de esta tierra xerófila tan llena de magia y encanto. 

@karla_gpvzla

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