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Los cuentos de mi tierra

Nueva Esparta

A pesar de los pesares, sigue teniendo luz, sigue guardando playas de ensueño y sabores que son un delirio de pasión caribeña para los turistas

  • ERIKA PAZ

22/11/2018 05:06 pm

Tomo la avenida Santiago Mariño para llegar a donde mi viejito querido. Así, atrevidamente le digo al cocinero Rubén Santiago desde que lo conozco. Lo llamo de esta forma por cariño, pero lo que siento por él es un profundo respeto y admiración, estoy segura que una visita a la isla no estará completa si no se pasa por su restaurante, si no se prueban los sabores de su mano, si no se comienza aquí el recorrido.

Veo por el camino como al mediodía de un día de semana las santamarías de varios locales permanecen abajo. Me cuenta Santiago cuando me encuentro con él, que están así desde hace un buen tiempo, que muchos perdieron la batalla contra la crisis, se rindieron y decidieron ceder espacio a la desolación. Queda él y otros más en pie de lucha, insistiendo, educando, sirviendo. 

En este espacio, llamado la Casa de Rubén no hay lujos, se nota que el sencillo mobiliario no ha sido renovado desde hace mucho tiempo. En esta vivienda ubicada al final de la melancólica avenida hay pasión, que se traduce en cada plato que se pone sobre la mesa. El festín abre con Casabe al horno con tomate y hierbas, el propio chef que se sienta a mi lado para traducir las preparaciones me dice que este es de nuestros primeros alimentos, por eso hay que honrarlo siempre. Comienza la fiesta con un ceviche de vieras, dulces, suaves, con sabor a Caribe. La ensalada de catalana es un clásico que siempre convida quien tiene más de 40 años conviviendo con este suelo, porque comienza a revelar la despensa de un mar tan bonito y extenso como el margariteño. "No solo hay que ir a la playa a broncearse", me dice Rubén, "es bueno que conozcamos lo que nos regala el fondo de sus aguas para alimentarnos". No me puede faltar el pastel de chucho, ese que le dio la fama a mi anfitrión, que lo hizo merecedor de un reciente doctorado en gastronomía, y allí le digo, estoy a reventar; con los sabores en el paladar puedo ir a recorrer esta tierra con un mayor conocimiento de ella.

No sé por dónde comenzar porque quiero hacerlo todo en cada visita, entonces hago un esquema en mi mente y voy hacia dónde puedo entrar en contacto con la naturaleza en su máxima expresión. La Restinga es ese sitio, esta es la laguna costera más importante de la isla, de allí que fuera decretada parque nacional en 1975. Es un área de manglares que alberga vida marina, algunas especies de aves y paisajes hermosos para disfrutar. Muchos hacen el paseo en botes que se encuentran en su entrada, pero hay una modalidad que invita a recorrerla en kayak, es mucho más calmado, manso e inofensivo el paseo. A mí me gusta hacerlo en familia porque este deporte supone el trabajo en equipo y además revela un poco el lado del rol de cada miembro del grupo. Con Alfredo Lemoine y Jeannine Dahdah de Kayak Margarita se hacen visitas de lujo, pues ellos van explicando cada verde que se ve al paso, saben cómo y dónde se pueden ver caballos y estrellas de mar y al final el regalo para quien ha remado durante dos horas es una suculenta bandeja de ostras para comer solas, sin más aderezo que zumo de limón. 

Esto abre el camino a algo un poco más mundano y por eso dirijo mis ganas de seguir sintiendo la brisa hacia Playa Parguito, ubicada en el extremo noreste de la isla, con una bahía extensa y solitaria durante los días de semana; con varios restaurantes que instalaron su comedor en medio de la arena. De los 20 que habitan en esta zona quizás el más famoso en los últimos tiempos es Waikiki, un lugar que su dueño, Fred Tovar, denomina como un pequeño club. Levantado totalmente en madera blanca, muy a tono con las aguas oceánicas de este destino que permiten la práctica del surf. Fred me cuenta como se ha puesto a tono con la limpieza que ahora exhibe este sector para enarbolar una bandera de preservación de permita conservarlo. Allí se ubican cada año más de 100 nidos para la anidación y desove de tortugas marinas, eso- me indica Fred - invita a generar un servicio en armonía con la naturaleza.

Pero no todo es color de rosa, porque los vendedores ambulantes, que muchos rechazan por su insistencia al ofrecer sus productos, continúan deambulando por la arena. Como todos, buscan la subsistencia, y ellos la encuentran a través de este medio. Encontré varios que heredó esta franja luego de la caída y mesa limpia que se hizo en Playa El Agua, me dice María Pérez, mientras intenta venderme un masaje en el cuello, que desde que llegó de República Dominicana a la Isla de Margarita, este es el trabajo que ha conocido, con el que crio a su familia y del que espera seguir viviendo. Ella solo quiere ejercer su oficio tranquila, sin que la persiga la policía para sacarla de los puntos turísticos, sin que el turista se moleste o piense que los va a robar. Ella me aseguró que también forma parte de este paisaje, tanto como las palmeras que han hecho vida por años en el lugar. Veo nuevamente el claro oscuro que domina este destino. 

Voy como las olas, subo y bajo para sentir por espacios la tranquilidad de mi viaje y por eso me refugio en El Yaque, me aseguraron que el Hotel Oasis Paradise, que allí se encuentra, es uno de los pocos alojamientos que garantiza la luz aun cuando Margarita presenta en los últimos meses constantes fallas. Además de eso, este es un pequeño paraíso de 32 habitaciones, cuyo patio trasero es el mar, y el cuadro constante, las velas de los windsurfistas y kitesurfistas que durante el día aprovechan el viento de esta parte del Estado para hacer sus piruetas. La construcción es de vieja data, pero la administración es reciente, esta nueva gerencia apunta a un público adulto, parejas, familias con hijos grandes, porque busca que quien camine sus espacios sienta serenidad, la misma que inspira este pueblo que se camina lento, que se siente seguro; que permite ir buscar aún más soledad si en su muelle se toma la lancha para la Isla de Coche, final de mi marcha por Nueva Esparta. 

Coche sigue siendo ese punto donde todos se alcanza el nivel máximo de descanso en una visita a esta tierra. Muchos de sus visitantes ni siquiera pasan de los dos hoteles que hacen vida en la entrada del poblado, por eso no saben que varios casería conforman este islote, o que existe una empresa camaronera que forma parte de la economía del sitio. Ellos prefieren repartir sus días entre el mar y la piscina. 

La arena blanca que se deja caminar y armoniza con las aguas transparentes que están frente a ella es suficiente. Si acaso se escucha un pequeño escándalo de las motos de agua que se alquilan como entretenimiento para el visitante, a lo lejos se oye música, no muy alta, tolerable. Me siento así, bajo una sombrilla, en una silla de extensión, me reservo este momento para contemplar un destino tan bonito, siento que lo que falta se sustituido con las cosas nuevas que han surgido, que aquí se sigue mereciendo la visita y hago una lista, de todo aquello que visitaré en una próxima oportunidad.

Para Gozarse Nueva Esparta 
- Hotel Oasis / Playa El Yaque: 0424-8690955. Instagram: @hotelparadiseoasis 
- Hotel Coche Paradise / Isla de Coche: http://www.hotelcocheparadise.com/ Instagram: @hotelcocheparadise 
- Kayak Margarita: http://www.kayakmargarita.com.ve/ Instagram: @kayakmargarita 
- La Casa de Rubén / Porlamar: 0295-2645969. Instagram: @rest.lacasaderuben 
- Waikiki Club / Playa Parguito: 0412-5309666. Instagram: @waikikimgta 

 @loscuentosdemitierra

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