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Destinos paradisíacos

Aruba, la eterna isla feliz

El Parque Nacional de Arikok, el Natural Bridge y la playa Tranquilo son sólo algunos de los más impresionantes atractivos de la isla caribeña

  • YOLIMER OBELMEJÍAS

28/10/2018 12:01 am

Aruba.- ¿Cuál es el verdadero sentido de viajar? Ciertamente descansar, desconectarse del acontecer diario y el estrés, pero hay sitios que en su infinita belleza no logran sólo eso sino también que las personas se cuestionen acerca de su propia existencia y de lo innecesario que es desgastarse por pequeñas cosas cuando la vida es bella y, sobre todo, efímera. 

Así, a 25 kilómetros de las costas venezolanas está Aruba, suerte de cuadro integrado por paisajes que hacen pensar -aunque sea su primera vez en la isla- que ha estado antes ahí. Su sopor inicial hace sentir al visitante que llegó a Oriente, pero rápidamente el papiamento y el neerlandés de sus habitantes y los pagos en dólares o florines lo aterrizarán al hecho de que, a pesar de la cercanía, hay distancia. 


“La isla feliz” recibe sencilla a sus visitantes. En apariencia, sin mayores aspavientos, pero su exuberancia está en los detalles. Sus calles son limpias, su gente sonriente y sus casas llenas de contrastes (si son humildes, serán grandes, coloridas, de una sola planta y con un aire a una época más ingenua), pero la contundencia de su encanto golpeará al foráneo cuando lo deje sin aliento el degradé de los azules de su mar. 

Ni hablar de la infinita paz que se experimenta en el momento en el que el viento y el silencio presentes en ese lienzo tropical lo hagan sentir como si el tiempo se detuviera y quisiera quedarse ahí, no importa la excusa, sobre todo, si es musical como era el caso. El 21 y 22 de septiembre se celebró en Aruba el Caribbean Sea Jazz Festival, que este año congregó a las 14 veces nominadas al Grammy, las estadounidenses Sister Sledge y Kathy Sledge (responsables del éxito We are family), el colombiano Jorge Celedón y los cubanos Anacaona y Habana Vieja Alls Stars, entre otros representantes de la música del continente. 




La cita, con 12 años de existencia, es el orgullo de su fundador y director, Erik Eman, quien aseguró que la familia del festival que preside nunca ha dejado de crecer y “está más conectada que nunca con la música”. 


Pero el Caribbean Sea Jazz Festival no se limitó a un encuentro que plenó los oídos de sus asistentes sino también deleitó otros sentidos. “Una gran familia necesita una gran cocina”, agregó Eman y no pudo estar más en lo cierto, ya que los que atendieron su llamado encontraron sabores para todos los gustos en el patio de comidas aledaño a los diferentes escenarios donde se llevó a cabo el evento. 

En los principales restaurantes de Aruba como la Trattoria El Faro Blanco, Driftwood, Qué pasa y Hostaria Da Vittorio, por tan sólo mencionar algunos, predominan platos cuyos protagonistas principales son los frutos del mar. 


El banquete no estará completo si no se acompaña con la bebida Aruba Ariba, preparada con jugo de naranja y piña, vodka, ron blanco y crema de plátano. 


Paralelo a los shows del encuentro musical, el CSJF incluyó una galería de arte llena de creatividad y color, gracias a las muestras de pintores, escultores y orfebres provenientes de varios países de América Latina. 

¿Una de las cosas mágicas del Caribbean Sea Jazz Festival? Que sus organizadores escogieran la orilla del mar para realizarlo y que el cartel de artistas empezara a presentarse cuando la noche era joven y la brisa y el clima hacían de las suyas. 

Este evento sería imposible si año tras año no se contara con el apoyo del Ministerio de Turismo, presidido actualmente por Dangui Oduber, el equipo detrás del espectáculo y sus leales patrocinantes. 

Si usted es un viajero que disfruta de la adrenalina y experiencias que lo lleven al límite, su periplo en la isla no estará completo sino va al Parque Nacional de Arikok, el que es posible recorrer a través de un paseo en jeep. Eso sí, además de llevar su traje de baño y demás implementos, lleve zapatos deportivos adecuados para descender como debe ser los 85 escalones que lo llevarán a Conchi, una piscina natural protegida por rocas volcánicas. Desde lo alto de Jamanota y Arikok se divisa toda la isla. Una vista sencillamente alucinante. 


De la bitácora no puede quedar excluida una visita al Natural Bridge, que se formó de manera natural de piedra caliza coralina, y que por mucho tiempo fue el puente natural más largo del Caribe, derrumbado en 2015. No obstante, otras extensiones naturales más pequeños están situadas al lado de la original. 





Tampoco puede faltar un recorrido a Tranquilo, una playa privada cuya paleta de colores impresionará la retina del más incrédulo, entre ellos, los amantes del snorkel, quienes podrán disfrutar de su belleza en todo su esplendor. 

Tantos atractivos naturales y humanos hacen entender por qué Aruba es conocida como “La isla feliz”. @yolimer

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