TURISMO | La ruta de Elizabeth Kline

Delta del Orinoco sur

Cuenta con sitios históricos y la Reserva Forestal de Imataca como parte de sus atractivos

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Pescadores artesanales cerca de Piacoa (Elizabeth Kline)
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EL UNIVERSAL
domingo 8 de diciembre de 2013  12:00 AM
Mientras que la oferta turística más promocionada está en el lado noroeste del delta del río Orinoco (donde se encuentran numerosos campamentos turísticos), el extremo sur del estado Delta Amacuro, identificado como el "delta abajo", también cuenta con muchas sorpresas.

Para conocer
El estado Delta Amacuro (cuyo nombre curiosamente proviene de un río menor que se origina en la montañas en el sur del estado) está dividido en partes muy distintas: el sector noroeste (reseñado el domingo pasado en GT), la costa del Océano Atlántico (con su flora/fauna muy afectada por el agua salada), y ésta al sur del brazo principal del río Orinoco, con su extremo más meridional incluyendo parte de la Reserva Forestal Sierra de Imataca.

El único acceso terrestre (con la vía de penetración que apenas llega hasta Piacoa) hasta esta parte del estado Delta Amacuro es desde su vecino, el estado Bolívar. Aun si viene desde el norte, para no tener que esperar la chalana entre Los Barrancos en Monagas y San Félix en Bolívar, es más rápido/menos complicado cruzar el Orinoco por el puente Orinokia (un poco al oeste de Puerto Ordaz) y seguir en la autopista vía San Félix en la avenida Guayana. Cuando ésta llega a la avenida Manuel Piar, cruce hacia el sur (la vía para Upata-La Gran Sabana). A
poca distancia, frente a Cerro Gallo, una señal de carretera en el segundo semáforo principal indica la salida hacia el este que va a tomar para Los Castillos de Guayana-Piacoa.

La tierra firme del delta del Orinoco ha sido formada tras milenios con sedimento llevado por la fuerza de la corriente hacia su desembocadura en el Atlántico (y la corriente, a la vez, ha ido dividiendo el laberinto de ríos y caños entre las pequeñas islas y llanuras). Muy distinta, la base del terreno al sur del Orinoco es del Escudo Guayanés, piedra precámbrica de 2-3 mil millones de años de edad (entre la más vieja de la planeta). Se observa su presencia en áreas extensas de piedra negra descubiertas a nivel del suelo además de enormes rocas salpicando la tierra en muchas partes.

Destino histórico
Al tomar la salida indicada, después de atravesar la zona comercial de este parte de San Félix, el resto de la ruta es por terreno bastante seco con aspecto llanero ¡que, en absoluto coincide con la imagen de los caños con frondosa vegetación y bordeados por palafitos de los warao del lado noroeste del delta!). A 39 km desde la salida, conservando su izquierda en la "Y" un poco antes de su destino (con la vía para Piacoa hacia la derecha), se encuentra los Castillos de Guayana, un par de imponentes fortificaciones coloniales. Por fortuna, con los problemas de inseguridad actuales, ya hay policía en cada fuerte durante las horas de visitas (martes-dom. 9:00 a.m.-12:00 m., 1:00-5:00 p.m.).

Este fue el sitio original de San Tomé de Guayana (luego mudada al actual lugar de Ciudad Bolívar), fundada en 1595 por Antonio de Berrío, quien la gobernó hasta su muerte en 1597.
Durante los primeros años del siglo XVII, San Tomé de Guayana fue saqueada y destruida más de ocho veces por piratas y aventureros ingleses, franceses, holandeses buscando "El Dorado" e intentando penetrar en la Provincia de Guayana para disputarles a los españoles la conquista y colonización de estas tierras.

Los castillos fueron construidos por los conquistadores españoles entre los siglos XVII y XVIII con el propósito de controlar la navegación por el río Orinoco e impedir la penetración de los piratas y bucaneros hacia el interior de la Guayana.

El Castillo de San Francisco de Asís fue el primero que se instaló, entre los años 1676 y 1682, en el mismo sitio donde se encontraba el convento y hospicio de San Francisco de Asís, muy cerca de la orilla del río, sobre un enorme piedra (¡hasta con partes de ésta que salían de los pisos!).

En su interior, en la planta principal, se observan salones denominados: Cuadra de Armamento, Cuadra del Ayudante y Cuadra de los Equipos. Hoy guardan interesantes exposiciones sobre el rol de estos fuertes militares desde la época colonial hasta los fines del siglo XIX. Pasando estos salones, está la vieja cocina, equipada de acuerdo con el tiempo de su construcción.

Todavía se encuentran cinco viejos cañones que fueron utilizados en la defensa de Guayana. Asimismo, hay garitas y un salón que se supone era utilizado para vigilancia y en épocas más recientes, como celda.

El Castillo de San Diego de Alcalá, también conocido como "El Padrastro" por su ubicación sobre una piedra gigantesca en la cúspide de un cerro del mismo nombre, fue levantado entre 1734 y 1747. Está más retirado del río y más cerca de las lagunas de La Ceiba y El Baratillo. Vino a reforzar la defensa de San Tomé de Guayana y a servir de apoyo al Castillo San Francisco de Asís durante los ataques de piratas que intentaban llegar tanto por vía terrestre como por el río. Para llegar a esta fortaleza, se debe subir a pie un empinado camino empedrado que le lleva hasta la cumbre del cerro. Puede admirar la estructura, pero su interior está completamente vacío.

Durante la primera Presidencia del General Joaquín Crespo (1884-1888), por su propia iniciativa, fueron cambiados los nombres de San Francisco de Asís y San Diego de Alcalá por los de Fuerte Villapol y Fuerte Campo Elías respectivamente, en homenaje póstumo a dos héroes que murieron en la lucha por la Independencia de Venezuela.

Vía Piacoa
En la "Y" mencionada en la ruta para los castillos, opte por la ruta hacia la derecha vía Piacoa para dos opciones que brindan hospedaje y la oportunidad de salir en paseos para conocer este sector del Delta.
Justo antes del aviso de "Bienvenidos a Piacoa", a la derecha se encuentra Posada La Montaña (rsvnes.: 0287-490.9203), con su nombre en la fachada (para información, pregunte en Bodega La Entrada al frente, de la misma dueña, Rita Brooker). Consta de ocho cuartos simples pero cómodos (+baño/agua fría, AA – BsF 170 para 2). Ella también tiene contacto con una persona de confianza que ofrece excursiones en lancha, para pesca y recorrido a las montañas.

Casi detrás de la posada está Campamento Oridelta (rsvnes.: 0414-868.2121). No hay aviso en la carretera que indique su existencia/ubicación (y tampoco cuando llegue al sitio). La manera más fácil de encontrarlo es seguir la ruta para Posada La Montaña (ver arriba). Al llegar allá, de la vuelta en "U" y cruce hacia la izquierda en la primera calle de tierra al otro lado de la posada (siempre conservando su izquierda) y luego a la izquierda en la próxima, donde está a la derecha un poco más adelante.

Es fácil de identificarlo debido a los varios módulos con techos de palma del típico estilo indígena. Aquí, el amable dueño, Roger Ruffenach (habla alemán, inglés y francés), ofrece para dormir un módulo con cinco cuartos (3 para 2 y 2 para 4 en camas, compartiendo 2 baños/agua fría) y un caney (+5 hamacas, 2 baños). Además, hay una churuata grande con comedor y hamacas para relajarse. Nueva es una piscina sobre tierra. Se vende en un plan con estadía, las comidas y excursiones en el caño Piacoa (a 1 km, saliendo del pueblo homónimo al final de la vía asfaltada) y en la selva tropical cercana para observación de fauna/el entorno (Pp: 1N/2D – BsF 3.000, 2N/3D – BsF 4.350).

Paseo fascinante
Roger ha pasado más de 40 años explorando esta zona debido a su pasión por el Delta (con risa, dice que gente local le llama "Delta Dundee"). Pues, ¡está en manos de un experto en los paseos! En un recorrido con él, penetramos caños (bastante tapados con bora y grama flotando donde yo juraba que quedaríamos entrapados; pero, para él fue como nada...) donde observamos unos monos araguatos y capuchinos; pero, mayormente aves como la garza blanca real, martín pescador, gavilán pico ganchudo, gavilán colorado, chechene, águila pescadora y muchas variedades de loros (en particular al final de la tarde regresando a sus "casas" en ruidosas bandadas enormes). Y, en una parte del río Grande, toninas que nos presentaron un show.

Si los clientes quieren se hace una parada en una pequeña comunidad de warao para pescar piraña. En otra parte hay una piedra enorme a la que se puede subir para gozar una vista espectacular. Lamentablemente, otras piedras en el río que él me contó tienen petroglifos grabados hace muchos siglos en ellas por los piaroa (que vivían aquí antes de la llegada de los warao), quedaron fuera de la visita debido a la crecida del río con lluvias recientes.

Aunque el nivel de agua en aquella parte fue demasiado alta, en un desvío por el caño San José que tomamos, su nivel bajo limitó la distancia que pudimos penetrar. Sin embargo, hasta donde llegamos fue fascinante, una diferencia impresionante al entrar a Imataca. Casi fue como una línea virtual: el caño con aspecto "normal" hasta cierto punto, y después de la "línea", ¡de repente con piedras grandotas dentro y bordeando el caño (unas cubiertas con murciélagos) además de un notable cambio de flora a la de bosque!

Después de nuestro recorrido, disfrutamos un delicioso almuerzo de chicharrón de morocoto en el campamento. Mi paseo fue muy corto debido a mi limitación de tiempo; pero, hay muchas otras opciones con más tiempo incluyendo la visita a hermosas cascadas, observación de la muy buscada águila arpía, entre otras. Y, con un plan de más días, es posible arreglar una excursión con Roger hasta la misión y comunidad warao de San Francisco de Guayo, cerca de la costa del Atlántico. Debido a la distancia y estadía allá, hay que consultarle para el costo.
ekline@cantv.net
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