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CARACAS, domingo 21 de octubre, 2012 | Actualizado hace
 
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Suiza

La Fundación Beyerler o el Museo Tinguely, constituyen dos ejemplos de la oferta museística y turística de Basilea, compuesta por 40 museos, decenas de edificios ícono y cientos de esculturas. La armónica convivencia entre su casco histórico del siglo XV a orillas del Rin con edificios del los arquitectos más modernos, la convierten en una ciudad para disfrutar con tranquilidad

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Basilea es la segunda ciudad más grande de Suiza y uno de los centros europeos de la cultura contemporánea (Igor Galo)
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IGOR GALO ANZA |  EL UNIVERSAL
domingo 21 de octubre de 2012  12:00 AM
La tercera urbe suiza por población, es también considerada la "ciudad suiza de la cultura". Basilea, situada en la triple frontera entre Francia, Alemania y Suiza, se ha consolidado como unos de los centros europeos de la cultura contemporánea gracias a su red de 40 museos, decenas de esculturas al aire libre y cientos de edificios diseñados por los arquitectos más famosos. Eso sí, las calles históricas de su casco histórico siguen conservando el sabor del siglo XV. El viajero que llega a la ciudad, especialmente si lo hace desde una gran ciudad, puede sentir en los primeros minutos que Basilea no ofrece mucho. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que el carácter tranquilo y sobrio de la ciudad,  y su tamaño humano, hacen que Basilea tenga su propio ritmo.

La mejor forma de comenzar a descubrir a esta capital Suiza es sentarte en la orilla del Rin cerca del Mittlere Brücke, o puente central, o en sus paseos aledaños, contemplar el caudaloso Rin con la catedral de fondo. Otra opción interesante es comenzar por el mirador situado debajo de la catedral o desde la torre de este mismo monumento, al que se puede subir para obtener una vista completa de Basilea.

Cualquiera de estos dos enclaves son interesantes para empezar a conocer la ciudad. Por ejemplo, escuchando en el teléfono móvil la historia y eventos que han marcado su historia, mediante la aplicación gratuita que existe para Apple o Android (http://www.myswitzerland.com/es/city-guide-basilea-app.html). Los que prefieran que les muestren la ciudad, la oficina de turismo ofrece visitas guiadas todos los sábados hasta abril en inglés de 2:30 a 4:30 p.m. Los domingos se ofrece una visita guiada en un tranvía de época (www.basel.com).

Cualquier guía, y sobre todo cualquier basiliense, le confirmará lo orgullosos que están de sus museos y del arte público. Durante el siglo XX, Basilea se convirtió en un museo al aire libre. No por casualidad Art-Basel, que se celebra en junio, es la feria más importante del sector en Europa. Y esto explica, al mismo tiempo, una oferta cultural que alcanza los 40 museos, casi uno por cada 5.000 habitantes. Se pueden apreciar cientos de esculturas y obras de todos los arquitectos modernos. Una oferta diversa, desde los más grandes como el Kunstmuseum Basel, dedicado al a pintura, y ubicado ya en la zona nueva de la ciudad pasando por el "Antikenmuseum" con piezas de Grecia y Egipto.

O los especializados como el Museo Tinguely, dedicado al escultor que creó las famosas fuentes situadas delante del Centro Pompidou en París. Pero junto a estos hay otros más mundanos u originales como el "Museo del Papel" o el museo con la mayor cantidad de osos de peluches del mundo (http://www.museenbasel.ch/en/index.php). El recientemente ampliado Museo de la Cultura, situado en la misma plaza de la catedral, ha sido muy comentando últimamente no solo por su contenido sino por la nueva construcción -polémica- de los arquitectos famosos Herzog y de Meuron que, por cierto, nacieron en esta ciudad.

Existe un folleto gratuito con recorridos y explicación de la arquitectura contemporánea en Basilea, también disponibles en castellano  http://www.basel.com/es.

Fundación Beyeler, Museo Boutique
Mención especial merece la fundación Beyeler, que se ha convertido desde la inauguración en el año 2000 de su nueva sede en una de las joyas museísticas de Europa y, por supuesto, de Basilea. Comenzando por su edificio, diseñado por el arquitecto Renzo Piano y que permite disfrutar de los cuadros con luz natural gracias a un sistema inteligente en su tejado. Pocos museos ofrecen desde las salas expositivas vistas aun cuidado jardín gracias a sus paredes de cristal. Especialmente llamativa es la combinación de la sala del cuadro de Monet The Water Lily Pond estratégicamente colocada en una sala desde la que se contempla el jardín, en una combinación mágica.

El museo cuenta con una colección permanente de 230 obras, coleccionadas durante más de 50 años por los galeristas basilienses Ernst Beyeler y su esposa Hildy. Entre sus fondos se encuentran obras firmadas por Monet, Picasso, Kandisnky, Lichtenstein, Rothko, Paul Klee, Mondrian, Miró, Magritte y otros muchos.

Cada cierto tiempo se cambian las obras expuestas de la colección permanente, de forma que cada visita el museo sea diferente. Una original idea para crear un museo siempre vivo, pero también para exponer todas las obras de la colección que de otra forman o cabrían en el Museo. Y es que el edificio diseñado por el famoso arquitecto Renzo Piano es pequeño, en comparación con las grandes pinacotecas. Se puede visitar en menos de dos horas los nombres más significativos del arte contemporáneo sin los agobios, ni la sensación de claustrofobia que los grandes museos provocan.

Vivir Basilea
Existe mucha vida fuera de los museos. Especialmente en el caso  histórico, donde se encuentra el Ayuntamiento y la plaza del mercado, donde todos los días se colocan puestos de flores, verduras, salchichas y quesos donde compran los lugareños y donde muchos turistas aprovechan para degustar quesos suizos. A su alrededor se encaraman, cuesta arriba, callejuelas con edificios típicos que hoy albergan boutiques de todo tipo. Desde las exclusivas -y esperadas por los turistas- tiendas de joyas y navajas suizas, hasta boutiques de moda como Kleinbasel, Erfolg, con diseños exclusivos,  o Set & Sekt.

Se encuentran todas por las calles Schneidergasse o Spalenberg, aunque lo divertido aquí es perderse por esta zona de organización medieval. Por supuesto, en esta zona se pueden encontrar los comercio más famosos, como el taller de Johann Wanner que provee a la Casa Blanca o el vaticano, o la confitería  Schiesser, sin olvidarse de la Casa del Lackerli, que inventó el dulce típico de la ciudad. Entre las tiendas, muchos restaurantes de todo tipo. Desde las terrazas de la coqueta plaza AndreasPlatz, hasta el restaurante Gifthuttli, con paredes de madera y estilo totalmente suizo, que ofrece comida local con especialidad en carnes y Cordon Bleu.

El Rin, siempre presente
Junto con el caso histórico, el Rin es el origen y  espíritu de Basilea. Por ello se establecieron allí los celtas hace más de dos milenios y por eso llegaron también los romanos en el año 30 a.c. Caudaloso y grande, durante los meses de verano sus orillas son punto de reunión y muchas personas utilizan la corriente para nadar de un punto a otro de la ciudad llevando la ropa dentro de unas bolsas impermeables. Después del baño, algún kilómetro corriente abajo, se acercan a la orilla y se vuelven a vestir. Hay casas de baños y playas preparadas para ello, y es una experiencia muy agradable.

El visitante que llegue en invierno puede sentir el río a bordo de un ferry (www.bpg.ch) que recorre la ciudad ofreciendo las mejores vistas. Otra opción es cruzar el río utilizando las barcazas, a las que se llama tocando una campana en la orilla. Estas barcas, cuyo origen se pierde en la historia, son ecológicas, ya que se mueven utilizando la fuerza de la corriente.

Los días más fríos, en diciembre, para compensar la posibilidad de nadar en el Rin se abren dos pistas de patinaje al aire libre en la ciudad que combinan perfecto con los mercadillos navideños.

Alrededores
La Fundación Vitra, a pocos minutos de Basilea pero en suelo alemán, ofrece la mejor arquitectura contemporánea y colecciones de arte de primer nivel. Los amantes de la montaña pueden visitar Wasserfallen, la montaña más cercana, donde se puede hacer caminata, subir en teleférico o bajar en bicicleta. Por la parte alemana se encuentra la zona de la Selva Negra a menos de 90 minutos, y los Vosgos por la parte francesa.
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