Rusia
Cuando Moscú vive una ola de frío, yates rompehielos viajan por el congelado río Moscova
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Ferdinand, Scarlet, Bon Voyage, Celebrity y Capella son cinco barcos de paseo que se abren paso entre el hielo, permitiendo la navegación por el río Moscova en Moscú durante todo el año y no de abril a octubre como se hacía antes.
Cada buque tiene capacidad para unos doscientos pasajeros. Les ofrece, durante dos horas y media, una cita romántica por Moscú, que se revela totalmente diferente, enigmático, fascinante y elegante, incluso para aquellos que creían conocerlo bien.
La idea de la creación de esta flotilla surgió como parte del proyecto de reconstrucción del histórico hotel Ucrania. Uno de los siete rascacielos estalinistas de la capital rusa, de 29 plantas y 200 metros de altura -en su día uno de los más altos de Europa-, que fue reinagurado en 2010 y en la actualidad pertenece al grupo Rezidor y es operado bajo la marca Radisson Royal.
Itinerario de navegación
Desde 2009, cuando se inauguró la línea de cruceros, navegar por el río Moscú es posible en cualquier época del año y del día o la noche. Desde el muelle del hotel Ucrania -que este año cumplirá 55 años-, por itinerario circulan cinco yates-restaurantes de alta velocidad Radisson Royal, los cuales realizan navegación de entretenimiento por el centro de la capital.
La nueva línea de cruceros representa una alternativa a los vetustos y oxidados barquitos que desde hace años pasean a moscovitas y turistas por el río en verano.
Además, aprovecha las particularidades del legendario invierno ruso para ofrecer a sus clientes una diversión tan tradicional como los paseos en la nieve en trineos tirados por caballos o perros.
En esencia, el objetivo es brindar a moscovitas y turistas una diversión tan habitual y obligatoria como las que ofrece cualquier ciudad europea desde París a Londres. Atravesadas por sus respectivos ríos, hasta Venecia y Ámsterdam, perforadas por los canales.
Desde el muelle del hotel Ucrania en el malecón del Moscova, cerca de la plaza de Europa y de la estación de trenes Kíevskaya, el rompehielos se dirige hacia la Casa Blanca, sede del Gobierno y antiguo Legislativo de Rusia, bombardeado por el ejército en 1993 durante la rebelión parlamentaria contra el presidente ruso Boris Yeltsin.
Siguiendo los meandros del río, el itinerario va del oeste de Moscú hacia el sur; sigue hacia el este de la capital rusa, al estadio olímpico de Luzhnikí, el rascacielos de la Universidad Estatal Lomonosov, las Colinas de los Gorriones (antes, de Lenin) y el legendario Monasterio de las Doncellas, donde se encuentra el cementerio que acoge las tumbas de los personajes más ilustres del país, desde el escritor Nicolás Gógol hasta el dirigente soviético Nikita Jruschov (Kruschev).
Rompiendo el hielo, el barco pasa frente a la Casa del Pintor, que alberga una filial de la galería de arte Tretiakov, y por el parque de recreo y atracciones Gorki. Aquí, junto a la montaña rusa -llamada en este país americano-, se expone uno de los símbolos de la conquista del espacio, la nave soviética Burán, símil de los transbordadores cósmicos norteamericanos que hizo su único vuelo orbital en 1988.
La ruta pasa junto al monumento al zar Pedro el Grande, una de las faraónicas obras del escultor ruso-georgiano Zurab Tsereteli -la tercera estatua más alta del mundo, de 96 metros de altura-, y la emblemática Catedral de Cristo Salvador, la mayor de la Iglesia Ortodoxa Rusa, erigido para honrar la victoria sobre Napoleón en 1812, luego destruido tras la revolución bolchevique de 1917 para ser convertido en una piscina al aire libre y, finalmente, reconstruido tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991.
Panorámica del Kremlin
Siguiendo los contornos del río, se llega al conjunto arquitectónico del Kremlin, con una singular vista de sus catedrales, del Gran Palacio, del Campanario de Iván el Grande y de las cúpulas multicolores del templo de San Basilio.
Después pasan junto al malecón Kotélnicheskaya, para dirigirse hacia el punto de retorno frente al monasterio Novospasski, donde yacen los antepasados de la dinastía de los Románov y que en 1918 fue convertido en un campo de concentración del régimen bolchevique.
Cada yate capaz de romper hielos de hasta diez centímetros de grosor, tiene 50 metros de eslora por 9,5 de ancho, 212 toneladas de desplazamiento, puede alcanzar una velocidad media de 10 nudos (18,5 kilómetros por hora), atraviesa dieciséis puentes.
El embarcadero situado en el malecón que lleva el nombre del escritor ucraniano Tarás Shevchenko, a los pies del hotel, fue remodelado y dotado de modernos ascensores que facilitan el acceso a los barcos. Los yates realizan cuatro viajes diarios (cinco los fines de semana), desde primera hora de la tarde hasta la noche, por un precio adicional los turistas pueden recibir un exquisito almuerzo o cena, con platos a base de carne, pescado o verduras para los vegetarianos y elegir bebidas a su gusto en el bar.
El salón del yate, de 300 metros cuadrados, fue transformado en un elegante restaurante con cabida para doscientos pasajeros, que pueden disfrutar las preciosas vistas desde el interior, a resguardo del frío tras el cristal, o subir bien abrigados a la cubierta del barco para sentir en su piel la gélida respiración del invierno ruso.
Sergio Imbert/Efe Reportajes
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